Historia de las villas de Buenos Aires (2): los años cuarenta, la Villa 31 y Los Perales
Los años cuarenta en las villas porteñas: el origen de la Villa 31 en Retiro, la política de vivienda peronista y la vecindad entre Los Perales y Ciudad Oculta.
Redacción Soles Digital

La historia moderna de las villas porteñas arranca en la década del cuarenta, cuando la migración interna se volvió masiva y el Estado puso la vivienda obrera en el centro de su agenda. Esta segunda entrega recorre ese período: el nacimiento de la Villa 31 de Retiro, la política habitacional del primer peronismo y un caso poco conocido de convivencia entre un barrio obrero y una villa en el oeste de la ciudad, en la frontera entre Mataderos y Villa Lugano.
Retiro: el origen de la Villa 31
La villa más conocida del país nació al ritmo del puerto y del ferrocarril. Hacia 1940, el Estado ubicó en viviendas precarias de la zona de Retiro a un grupo de inmigrantes, en buena parte italianos, y ese primer núcleo se conoció durante décadas como Barrio Inmigrantes. Con el tiempo se sumaron otros sectores, como Güemes, Comunicaciones e YPF, y más tarde la 31 bis, que hoy forman en conjunto lo que se llama Villa 31, oficialmente Barrio Padre Carlos Mugica.
Más al norte, junto a las vías del ferrocarril Belgrano, se asentaron familias de trabajadores ferroviarios, y ese extremo fue conocido como Villa Saldías. A partir de entonces la población creció con la llegada de migrantes del noroeste argentino y de países limítrofes, especialmente Bolivia. En la misma época, en el antiguo Bañado de Flores, empezaron a levantarse las viviendas que darían origen al barrio Lacarra.
La vivienda en la agenda peronista
Cuando Juan Domingo Perón llegó al gobierno en 1946, la ciudad rondaba los tres millones de habitantes según el censo de 1947, y una parte importante vivía en condiciones muy malas. La respuesta oficial apuntó sobre todo contra el conventillo, que seguía siendo la forma más común de vivienda obrera. Las villas no fueron un objetivo de erradicación: el plan era construir.
La política tuvo dos patas. Por un lado, la obra directa del Estado, que levantó barrios y complejos en distintos puntos de la ciudad. Por otro, los créditos del Banco Hipotecario Nacional, que financiaron cientos de miles de viviendas y fueron, en números, la herramienta más importante del período. El golpe de 1955 dejó inconclusos varios de esos planes.
La vivienda también fue parte del relato político. La propaganda oficial contrastaba un pasado de miseria con un presente de dignidad, y el derecho a la vivienda quedó asociado al más general derecho al bienestar. Ese contraste entre el ayer y el hoy aparecía en la radio, en la prensa oficialista y en el cine de la época, con películas como Las aguas bajan turbias, de Hugo del Carril (1952).
Los Perales y Ciudad Oculta, a un lado y otro de la avenida
Las nuevas viviendas no alcanzaron para absorber a todos los que llegaban, y las villas siguieron creciendo sin que el gobierno las combatiera. En el oeste de la ciudad, ese crecimiento produjo una vecindad singular. A fines de los años cuarenta se construyó en Mataderos el barrio Los Perales, uno de los grandes conjuntos de vivienda social del peronismo, que hoy lleva el nombre oficial de Barrio Manuel Dorrego. Enfrente, cruzando la entonces Avenida del Trabajo (hoy Avenida Eva Perón), crecía la Villa 15, que más tarde sería conocida como Ciudad Oculta.
Según la investigación de la historiadora Rosa Aboy sobre Los Perales, recogida en su libro Viviendas para el pueblo, el predio ya estaba rodeado de asentamientos antes de la construcción de los pabellones, y los nuevos propietarios llegaron de orígenes muy diversos: migrantes del interior, familias que salían de conventillos e inquilinatos, y vecinos de la propia zona. Los testimonios que reunió coinciden en describir, en los primeros años, una relación cercana entre los habitantes del barrio y los de la villa, unidos por el trabajo manual y la identidad política. El fútbol, con partidos entre equipos de uno y otro lado de la avenida, fue uno de los lazos más recordados.
Los conflictos más fuertes no fueron con la villa vecina sino con la clase media tradicional. Alrededor de Los Perales circularon leyendas despectivas sobre los nuevos propietarios que el trabajo de Aboy desarma y que tenían más de prejuicio que de realidad.
El quiebre de 1955
Los testimonios marcan una línea divisoria clara: el derrocamiento de Perón. Tras el golpe, el barrio fue señalado como un reducto peronista y los vecinos recuerdan allanamientos en los departamentos. Lo que hasta entonces había funcionado como aglutinante pasó a ser un estigma.
Con los años, Los Perales se fue acercando a la clase media y alejándose de su vecina, y la distancia entre los dos lados de la avenida creció. El caso deja una enseñanza para leer la historia de las villas: mientras ocuparon tierras sin valor estratégico, como el oeste semirrural de los años cuarenta, casi nadie las consideró un problema. Las villas ubicadas en terrenos codiciados, como la de Retiro, fueron en cambio el blanco de los planes de erradicación que comenzaron después de 1955 y alcanzaron su punto más duro a partir de 1976, tema de la próxima entrega.