El filete porteño ya es ley: Patrimonio Cultural de Buenos Aires
La Ley 1941 de 2006 declaró al filete porteño Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires; el acto de celebración se hizo el 7 de junio en el Café Tortoni.
Redacción Soles Digital

El filete porteño, el arte decorativo de líneas, volutas, flores y letras de colores que nació en los carros de Buenos Aires, fue declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad por la Ley 1941, sancionada por la Legislatura porteña en abril de 2006. El 7 de junio de ese año, el reconocimiento se celebró con un acto en el Café Tortoni.
La ley y el acto en el Tortoni
La norma fue impulsada por el diputado Norberto La Porta, que durante el acto se refirió a una deuda pendiente: la prohibición, vigente desde 1975, de decorar con filete los colectivos de la ciudad. Participaron también representantes de la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad, maestros fileteadores, historiadores y gente del tango.
La presencia del tango no fue casual. Tango y filete comparten origen y época: ambos crecieron en los barrios populares de Buenos Aires a comienzos del siglo XX, entre inmigrantes y trabajadores, y ambos tienen algo del lunfardo, ese lenguaje propio que mezcla humor, orgullo y picardía.
Un arte que nació en la calle
El filete surgió como decoración de los carros de tracción a sangre que repartían leche, pan, frutas o verduras. Con el tiempo pasó a los camiones y a los colectivos, que durante décadas lo llevaron por toda la ciudad. Sus elementos se repiten y se reconocen: hojas de acanto, cintas con los colores patrios, flores, pájaros, dragones, firuletes y frases ingeniosas pintadas en letras ornamentadas.
Una particularidad de su historia es el papel de los dueños de los vehículos. Muchas veces eran ellos quienes elegían el motivo y la frase que llevaría su carro o su camión, y el fileteador les daba forma con su oficio. En ese sentido, el filete fue una obra compartida, en la que el trabajador expresaba su orgullo por el oficio y sus deseos de prosperidad. Y como los vehículos circulaban, era un arte en movimiento, visto por miles de personas al pasar.
Las formas del filete hoy
Con la prohibición en los colectivos y la desaparición de los carros, el filete perdió buena parte de su soporte original, pero no desapareció. Hoy conviven distintas vertientes. Hay fileteadores que mantienen el estilo clásico y siguen decorando carros, ahora para exhibición. Hay artistas plásticos que lo trabajan sobre tela o madera, como obra de caballete. Está el uso publicitario, que recurre al filete para asociar productos y marcas con lo porteño. Y existe un fileteado comunitario, hecho en grupo sobre muros, con fines sociales.
De patrimonio porteño a patrimonio de la humanidad
La ley de 2006 fue un primer paso. Años después, la ciudad presentó la candidatura del filete ante la UNESCO, y el 1 de diciembre de 2015 el comité intergubernamental reunido en Windhoek, Namibia, lo inscribió en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Así, el arte que empezó en los carros de reparto de los barrios porteños quedó reconocido en todo el mundo como una de las expresiones más propias de Buenos Aires.