"Tu rostro mañana. Fiebre y lanza": Javier Marías y la traición del amigo
"Fiebre y lanza" (Alfaguara, 2002, 475 páginas) abre la trilogía de Javier Marías sobre un hombre que interpreta rostros y la traición sufrida por su padre en la guerra civil.
Redacción Soles Digital
Autor: Javier Marías · Editorial: Alfaguara · Tu rostro mañana. Tomo I. Fiebre y lanza · 475 páginas · 2002

Fiebre y lanza es el primer tomo de Tu rostro mañana, la trilogía de Javier Marías (Madrid, 1951-2022) que se completó con Baile y sueño (2004) y Veneno y sombra y adiós (2007). Es una de las empresas más ambiciosas de la narrativa española de este siglo, al menos por extensión, y cruza dos líneas que se iluminan entre sí: el trabajo secreto de un hombre que sabe leer a los demás y la memoria de una traición ocurrida durante la guerra civil.
Un intérprete de caras
El narrador es Jacques Deza, un español separado que vive en Inglaterra. En una cena en Oxford, en casa de su viejo amigo y mentor, el profesor Sir Peter Wheeler, conoce a Bertram Tupra, un hombre enigmático que lo recluta para un grupo vinculado a los servicios secretos británicos. El grupo nació durante la Segunda Guerra Mundial y sigue funcionando de manera discreta, casi fantasmal, sin que quede claro para quién trabaja ni con qué fines.
La tarea de Deza es peculiar. Lo llevan a reuniones, cenas y entrevistas, le muestran grabaciones de personas desconocidas, y después le preguntan qué vio: qué esconden, de qué serían capaces, cómo actuarían en una situación límite. Su don consiste en adivinar el rostro de mañana de alguien a partir del que muestra hoy. De ahí sale el título de la trilogía, y también su pregunta central: ¿se puede conocer realmente a otra persona?
La guerra del padre
En paralelo aparece la historia del padre de Deza, que durante la posguerra española fue denunciado por un amigo íntimo, perdió su carrera universitaria y pasó un tiempo preso. El episodio tiene una base real: Marías lo tomó de la biografía de su propio padre, el filósofo Julián Marías. En la novela funciona como el reverso del oficio de Deza: si es tan difícil saber qué hará alguien en el futuro, ¿cómo prever que el amigo más cercano será capaz de entregarnos?
La traición entre amigos ya había aparecido en novelas anteriores de Marías, como Todas las almas, pero aquí adquiere una dimensión histórica y moral más amplia. Los personajes discuten largamente sobre la responsabilidad de hablar y de callar, sobre la complicidad y el miedo, y esas conversaciones, aunque nacen del contexto español, tienen una resonancia muy fuerte para un lector argentino o latinoamericano marcado por su propia historia de dictaduras.
La digresión como forma de narrar
Más allá de su argumento, lo que distingue a Fiebre y lanza es la prosa. Marías, que tradujo al castellano el Tristram Shandy de Laurence Sterne, hereda de ese libro el gusto por la digresión: el relato se detiene, se desvía hacia temas laterales, vuelve sobre una frase, la corrige, la amplía. La acción es escasa; lo que avanza es el pensamiento del narrador, que serpentea de una idea a otra con un ritmo casi musical.
Ese método puede impacientar a quien busca una novela de espionaje convencional. Pero para el lector que entra en su cadencia, la recompensa es grande: Marías consigue que la manera de contar se vuelva tan importante como lo contado, y que la atención se desplace de los hechos al sonido mismo de las palabras.
Para quién es
Fiebre y lanza es para los amantes de las novelas largas, reflexivas, de esas que se leen despacio y piden atención. También para quienes se interesan por la memoria de la guerra civil española desde un ángulo íntimo, lejos de la épica. Y es, sobre todo, una invitación: al terminar sus casi quinientas páginas, lo más probable es que el lector quiera seguir con Baile y sueño y acompañar a Deza en el resto de su recorrido.