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El "Diario" de Gombrowicz: un polaco en Buenos Aires contra todas las formas

Seix Barral reúne en 862 páginas el "Diario" que Witold Gombrowicz escribió entre 1953 y 1969, buena parte en la Argentina donde vivió casi un cuarto de siglo.

Redacción Soles Digital

Autor: Witold Gombrowicz · Editorial: Seix Barral · Diario (1953-1969) · 862 páginas · 2009

Placa en homenaje a Witold Gombrowicz en la fachada del edificio de la calle Venezuela 615, Buenos Aires
La placa que recuerda a Gombrowicz en Venezuela 615, donde vivió en Buenos Aires. Foto: Raf24 · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons

El Diario (1953-1969) de Witold Gombrowicz es el gran libro de no ficción del escritor polaco, el registro de dieciséis años de lecturas, polémicas y observaciones que empezó a escribir en Buenos Aires y terminó en Francia. La edición de Seix Barral lo reúne completo en un solo volumen de 862 páginas, y permite leer de un tirón una obra que fue saliendo por entregas en la revista Kultura, la publicación de la emigración polaca editada en París.

El diario que desconfía del diario

Quien espere confidencias amorosas o el detalle de la vida doméstica se va a llevar una sorpresa. Gombrowicz usa el diario como un taller de pensamiento: discute con escritores, filósofos y escuelas, se pelea con sus compatriotas, se analiza a sí mismo como si fuera un personaje. Lo íntimo aparece de costado, casi a regañadientes, y en más de una página el autor se burla de la idea misma de escribir un diario para publicarlo, con esa sinceridad que necesita público.

Esa tensión entre exhibirse y esconderse le da al libro su tono particular. Gombrowicz construye una figura pública, arrogante y provocadora, y al mismo tiempo deja ver las grietas.

Veinticuatro años de Argentina

Gombrowicz llegó a Buenos Aires en agosto de 1939, a bordo del transatlántico Chrobry, en lo que debía ser un viaje breve. La Segunda Guerra Mundial estalló pocos días después y él decidió quedarse. Se fue recién en 1963. En esos años, pobre y casi desconocido, trabajó como empleado bancario, frecuentó cafés y escritores, y organizó con un grupo de amigos la traducción al castellano de su novela Ferdydurke.

Buena parte del Diario nace de ese exilio. Gombrowicz encontró en la Argentina una pregunta que ya lo obsesionaba en Polonia: cómo debe pararse un escritor de una cultura periférica frente al peso de Europa. Su respuesta es tajante. Le irrita tanto el que imita servilmente a París o a Londres como el que se refugia en lo regional para exportar color local. Para él, estar lejos del centro no es una desventaja sino una libertad: la posibilidad de no cargar con la tradición y de inventar sin pedir permiso.

La Forma, la inmadurez y Borges

El gran tema de Gombrowicz, presente en toda su obra, es la lucha contra la Forma: las categorías, los roles y las ideas que se imponen a las personas y las vuelven rígidas. En el Diario esa batalla se dirige contra las vanguardias artísticas, los nacionalismos y los grandes sistemas de pensamiento de su siglo. Frente a todo eso reivindica al individuo concreto, de carne y hueso, y una cierta inmadurez como fuente de vida.

Desde esa posición se entiende su famosa incomodidad con Borges, al que consideraba un artífice brillante pero frío, demasiado encerrado en la inteligencia. El cruce entre ambos fue mínimo y desencontrado, y hoy resulta casi cómico que dos escritores con preocupaciones tan cercanas, la relación con Europa, la desconfianza de las modas, el cuidado de la forma, coincidieran en la misma ciudad sin entenderse.

El interior y la vejez

Algunas de las páginas más hermosas del libro no hablan de literatura sino de lugares. Por razones de salud, Gombrowicz pasó temporadas fuera de Buenos Aires, en Tandil, en Córdoba, en Santiago del Estero, y sus descripciones de esos paisajes y de su gente lo ubican en la larga serie de viajeros extranjeros que escribieron sobre la Argentina con la mirada del recién llegado.

La última parte, ya en Europa, cambia de tono. La fama internacional llega tarde, la enfermedad avanza y las entradas se vuelven más breves y sombrías. Gombrowicz murió en Vence, en el sur de Francia, en 1969.

Para quién es

Es un libro para leer despacio, a pedazos, volviendo. Interesa a los lectores de Gombrowicz, pero también a cualquiera que quiera pensar la literatura argentina desde afuera: pocos testimonios explican mejor las discusiones culturales del Buenos Aires de mediados de siglo que estas páginas escritas por un polaco que nunca terminó de pertenecer del todo y que, justamente por eso, vio lo que otros no veían.