Soles Digital

Revista digital de cultura y noticias · Buenos Aires

Tapa › Libros

"Lunar Park": Bret Easton Ellis se convierte en su propio personaje

En "Lunar Park" el narrador se llama Bret Easton Ellis y su vida empieza a parecerse a sus novelas. Una autoficción satírica y de terror; Sudamericana, 380 páginas.

Redacción Soles Digital

Autor: Bret Easton Ellis · Editorial: Sudamericana · 380 páginas · 2007

Bret Easton Ellis firma libros en el Festival America de Vincennes, Francia, en 2010
Bret Easton Ellis firmando libros en Vincennes, Francia, 2010. Foto: Camille Gévaudan · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Lunar Park es la novela en la que Bret Easton Ellis, el autor de Menos que cero y American Psycho, se pone a sí mismo como protagonista y narrador. Publicada originalmente en inglés en 2005, mezcla autobiografía inventada, sátira del mundo literario y relato de terror, y gira alrededor de una pregunta que el escritor estadounidense arrastraba desde sus comienzos: qué queda de una persona cuando los medios ya la convirtieron en personaje.

El escritor y su leyenda

Ellis fue, desde muy joven, una figura pública. Menos que cero lo hizo famoso a los veintipocos años, y American Psycho desató una de las polémicas literarias más ruidosas de los noventa en Estados Unidos, con pedidos de boicot y discusiones sobre la violencia de sus páginas. Alrededor de él se armó una leyenda hecha de fiestas, drogas, dinero y escándalos que circulaba con tanta fuerza como sus libros.

Lunar Park toma esa leyenda y la usa como materia prima. No es una autobiografía ni pretende serlo: es una parodia del Ellis que inventaron las revistas y los noticieros, contada en primera persona por un narrador que lleva su nombre.

Un comienzo de memorias falsas

El primer capítulo es lo mejor del libro. El narrador repasa su carrera con una mezcla de ironía y autocomplacencia: cómo empezó a escribir, cómo llegaron el éxito y el dinero, cómo fue formar parte del grupo de escritores jóvenes que la prensa bautizó Brat Pack. El retrato de esa época, en la que los contratos y las fotos parecían más importantes que las novelas, es filoso y divertido, y funciona como una crítica velada de toda una manera de entender la literatura como espectáculo.

Después, el narrador cuenta que intentó sentar cabeza: se instala en un suburbio con una mujer y un chico que es, o puede ser, su hijo. Ahí aparece el tema más rico de la novela: la relación con un padre al que odió y la amenaza de repetirlo. Ellis encuentra en esa situación algunos de sus mejores momentos, porque la imagen del escritor decadente intentando ser un padre de familia es a la vez patética y cómica.

Cuando la ficción se sale del libro

La segunda mitad cambia de registro. En la casa empiezan a ocurrir cosas extrañas, y escenas de las novelas anteriores del narrador parecen repetirse en la realidad. La historia se carga de elementos de terror, con guiños abiertos al género, y aparece una figura a la que el narrador llama el Escritor, una presencia que le dicta lo que tiene que hacer y que nunca termina de definirse.

El juego es ambicioso, pero en ese tramo la novela se dispersa: las piezas se acumulan, el misterio se estira y el final llega con cierto cansancio. Le sobran páginas, y la idea de fondo, la del autor perseguido por sus criaturas, ya estaba planteada con más eficacia en los capítulos iniciales.

Una tradición conocida

Lo que hace Ellis tiene antecedentes ilustres. La figura del escritor que se desdobla en personaje tiene en Borges a uno de sus grandes cultores, y la literatura de las últimas décadas está llena de juegos entre autor y narrador. Lunar Park no inventa ese procedimiento, pero lo cruza con la cultura de la celebridad de una manera muy propia de su autor: seca, con diálogos cortantes y un humor negro que no pide disculpas.

Para quién es

Es una lectura recomendable para quien ya conozca a Ellis y quiera verlo reírse de sí mismo. También para lectores interesados en la autoficción y en cómo un escritor puede responder a su propia fama con las herramientas de la novela. Quien llegue buscando la frialdad de American Psycho va a encontrar otra cosa: un libro más vulnerable, más desordenado y, por momentos, sorprendentemente tierno.