"A quien corresponda": Caparrós y la memoria convertida en relato oficial
En "A quien corresponda" (Anagrama, 2008) Martín Caparrós sigue a un ex militante que busca al responsable de la muerte de su mujer durante la última dictadura.
Redacción Soles Digital
Autor: Martín Caparrós · Editorial: Anagrama · 319 páginas · 2008

A quien corresponda es una novela de Martín Caparrós sobre un hombre que, treinta años después, decide averiguar quién mató a su mujer durante la última dictadura militar argentina. Publicada por Anagrama en 2008, se mete en uno de los territorios más transitados y más delicados de la literatura nacional, y lo hace desde un ángulo incómodo: el de alguien que desconfía tanto del olvido como de la forma en que se recuerda.
Un sobreviviente que no quería recordar
El narrador es Carlos, a quien sus viejos compañeros llaman el Gallego. Fue militante montonero en los años setenta, perdió a su pareja de entonces, Estela, secuestrada y asesinada por los militares, y pasó las décadas siguientes tratando de no pensar demasiado en eso. Ahora es un hombre que se acerca a la vejez, con una amante mucho más joven que le reprocha con frecuencia los errores de su generación.
El disparador es un encuentro casual con un antiguo compañero de militancia, convertido en funcionario del gobierno de Néstor Kirchner y vinculado a las políticas de derechos humanos. A partir de ahí, Carlos empieza una investigación por su cuenta: habla con sobrevivientes del centro clandestino donde estuvo Estela, con represores dispuestos a contar algo, y va armando la pista de un sacerdote, el padre Fiorello, señalado como responsable de las torturas.
Contra el mito digerible
La búsqueda tiene estructura de novela de venganza, pero lo que la vuelve interesante es otra cosa. A medida que avanza, Carlos descubre que la memoria pública de aquellos años se ha transformado en una versión simplificada, apta para el consumo, en la que los desaparecidos aparecen como víctimas inocentes y casi abstractas. Lo que él quiere recuperar es a Estela como era: una mujer con ideas, con decisiones propias, con una militancia que asumía riesgos. Y esa persona concreta no entra del todo en el relato oficial.
Ahí está la apuesta más polémica del libro: mostrar que hasta las políticas de memoria pueden producir estereotipos, y que el pasado corre el riesgo de volverse una historia edificante que tranquiliza más de lo que explica. Caparrós no niega el horror ni relativiza responsabilidades; lo que discute es la manera de contarlo.
Nostalgia y derrota
El otro gran tema es generacional. Carlos mira a los jóvenes con una mezcla de desconcierto y amargura: le parece que el país que resultó de la derrota de su generación produjo personas despolitizadas, ajenas a todo lo que a él le importaba. Las conversaciones con su amante funcionan como contrapunto: ella pregunta lo que él no sabe contestar, y la novela deja que esas preguntas queden abiertas.
El tono es coloquial, cercano al habla porteña, en línea con lo que Caparrós había hecho en Valfierno, aunque con un registro más sombrío. Por momentos el libro insiste sobre las mismas ideas y algunas escenas se repiten en su función, pero el contrapunto entre la investigación y la vida cotidiana del narrador está bien sostenido.
Para quién es
A quien corresponda es para lectores dispuestos a discutir. No es una novela consoladora ni una reconstrucción histórica, sino una ficción que usa la búsqueda de un culpable para interrogar el presente: qué hicimos con aquellos años, quién tiene derecho a contarlos y qué se pierde cuando se los convierte en una fábula sin aristas. Más interesante por sus preguntas que por su resolución literaria, es un libro que conviene leer junto con los grandes debates sobre memoria de la última década.