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El universo futurista: la vanguardia italiana en Proa

Desde el 1º de abril de 2010, Fundación Proa presentó "El universo futurista 1909-1936", con obras del MART y una sección sobre Marinetti en Argentina.

Redacción Soles Digital

Foto grupal en blanco y negro de cinco futuristas italianos de traje, entre ellos Marinetti
Russolo, Carrà, Marinetti, Boccioni y Severini, el núcleo del futurismo italiano Foto: Desconocido · Public domain · Wikimedia Commons

"El universo futurista. 1909-1936" fue la exposición con la que Fundación Proa, en La Boca, repasó a partir del 1º de abril de 2010 la trayectoria completa del futurismo italiano, la vanguardia que quiso romper con el pasado y celebrar la velocidad, la máquina y la ciudad moderna.

La muestra se organizó junto con el Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto, el MART, y tuvo la curaduría de su directora, Gabriella Belli. El MART guarda uno de los acervos futuristas más importantes de Italia, y buena parte de lo que se vio en Proa provenía de esa colección.

Un movimiento que quería abarcarlo todo

El futurismo nació en 1909, cuando Filippo Tommaso Marinetti publicó su manifiesto fundacional en el diario parisino Le Figaro. Desde ese momento, el grupo no se limitó a la pintura: produjo manifiestos sobre literatura, música, teatro, arquitectura, cine, danza, moda y hasta cocina. La idea era transformar la vida entera, no solamente el modo de pintar un cuadro.

La exposición de Proa respetaba esa ambición. El recorrido pasaba por la pintura y la escultura, pero también por la tipografía y las publicaciones, la escenografía, el diseño y la música, para mostrar hasta qué punto el futurismo fue un proyecto total. El arco temporal elegido, de 1909 a 1936, permitía ver tanto la etapa heroica de los primeros años como la llamada aeropintura de los años treinta, cuando el avión pasó a ser el gran tema.

Una de las imágenes elegidas para presentar la muestra fue "Aerodanzatrice", de Tullio Crali, un óleo sobre tabla de 1931 perteneciente al MART. La obra resume bien esa segunda etapa: el cuerpo, el movimiento y el vuelo fundidos en una misma composición.

Marinetti en Sudamérica

Para el público local, uno de los puntos más atractivos era la sección dedicada a los viajes de Marinetti a Brasil y Argentina. El fundador del movimiento visitó Buenos Aires en 1926, dio conferencias y despertó tanto entusiasmo como polémica en el ambiente cultural porteño. Revisar ese episodio permitía pensar el futurismo no como un fenómeno exclusivamente europeo, sino como una corriente que circuló y dejó marcas en la región.

Esa relación tiene también una dimensión argentina directa: artistas como Emilio Pettoruti tomaron contacto con los futuristas durante su estadía en Italia en la década de 1910, y ese vínculo forma parte de la historia de la modernidad artística en el país.

Una vanguardia incómoda

Volver sobre el futurismo implica también recordar sus aspectos más problemáticos: su culto a la guerra y su cercanía con el fascismo. La muestra, al abarcar hasta 1936, dejaba ver esa evolución sin esconderla, y ofrecía al visitante la posibilidad de juzgar por sí mismo una vanguardia que fue tan innovadora en lo formal como discutible en lo político.

La exposición se acompañó de un programa de actividades paralelas y se exhibió en la sede de Proa, sobre la avenida Pedro de Mendoza, frente a la Vuelta de Rocha.