La Capilla Sixtina, en riesgo por el exceso de visitantes
En 2010 los Museos Vaticanos advirtieron que el polvo y la humedad de casi cuatro millones de visitantes al año amenazaban los frescos de Miguel Ángel en la Sixtina.
Redacción Soles Digital

La Capilla Sixtina, la sala del Vaticano que guarda los frescos de Miguel Ángel en la bóveda y en el muro del Juicio Final, enfrentaba en 2010 un problema inesperado: su propio éxito. Ese año, el entonces director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci, alertó que la cantidad de visitantes ponía en peligro la conservación de las pinturas.
Una obra pensada para pocos
Miguel Ángel pintó la bóveda entre 1508 y 1512, por encargo del papa Julio II, y volvió a la capilla décadas más tarde para realizar el Juicio Final sobre el muro del altar, terminado en 1541. La sala tiene además frescos de otros grandes maestros del Renacimiento, como Botticelli, Perugino y Ghirlandaio.
Fue concebida como capilla papal y es el lugar donde se reúne el cónclave para elegir a un nuevo papa. Nada en su diseño original preveía el turismo masivo: en 2010 la visitaban cerca de cuatro millones de personas por año.
El polvo, el nuevo enemigo
La alerta coincidió, paradójicamente, con el anuncio de una ampliación del horario de visitas. El diagnóstico de los especialistas del Vaticano era claro: cada visitante deja en el aire partículas mínimas de polvo, fibras de ropa, cabellos y humedad, y el sistema de climatización de entonces no alcanzaba para filtrarlas ni para mantener estables la temperatura y la humedad.
El tema también fue abordado por Gianluigi Colalucci, el restaurador que dirigió la gran limpieza de los frescos de Miguel Ángel, quien recordó que el humo de las velas ya había sido eliminado de la capilla. El problema pasaba ahora por lo que traen consigo las personas.
Los restauradores del Vaticano limpian periódicamente la superficie de los frescos con pinceles muy suaves. Con el aumento del público, esa tarea debía hacerse con mayor frecuencia, algo que también implicaba riesgos para las pinturas.
Qué se hizo después
La advertencia de 2010 abrió un debate sobre cómo equilibrar el acceso del público con la conservación de una de las obras más importantes del arte occidental. Las propuestas iban desde limitar el ingreso hasta renovar por completo el control ambiental de la sala.
Finalmente se optó por la tecnología: en 2014 la Capilla Sixtina estrenó un nuevo sistema de climatización y una iluminación LED, diseñados para reducir el impacto de los visitantes sobre los frescos y, al mismo tiempo, mostrar mejor sus colores.
El caso de la Sixtina se convirtió en un ejemplo de un dilema que comparten muchos sitios del patrimonio mundial: cuanto más se los admira, más difícil es protegerlos.