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Pueblo y nación: una lectura filosófica de la unidad latinoamericana

El ensayo de Conrado Eggers Lan presentado en México en 1983, en el bicentenario de Bolívar, que distingue población de pueblo y país de nación para pensar la unidad de América Latina.

Redacción Soles Digital

Retrato al óleo de Simón Bolívar de pie, con uniforme militar de gala
Simón Bolívar retratado en Lima por José Gil de Castro en 1825 Foto: José Gil de Castro · Public domain · Wikimedia Commons

¿Qué diferencia hay entre la población de un país y su pueblo, o entre un país y una nación? Ese es el punto de partida de un ensayo del filósofo argentino Conrado Eggers Lan que había nacido como ponencia en agosto de 1983, en unas Jornadas Bolivarianas organizadas en México bajo el lema "La filosofía doscientos años después", en coincidencia con el bicentenario del nacimiento de Simón Bolívar. El texto se había publicado luego en la Revista de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales (segunda época, año XII, nº 12, Buenos Aires, agosto de 1987).

Naturaleza y cultura

El ensayo apoya su razonamiento en una distinción que viene de los sofistas griegos del siglo V antes de Cristo, Protágoras y Antifonte entre ellos: la que separa lo que existe por naturaleza de lo que los seres humanos hacen. La cultura, en este sentido amplio, es todo lo que surge de la acción humana.

Con esa herramienta, la población aparece como un dato casi natural: el conjunto de quienes habitan un territorio, que pueden compartir lengua u origen sin compartir nada más. El pueblo, en cambio, es una construcción cultural. Existe cuando los habitantes se unen alrededor de un objetivo común y de una voluntad de actuar juntos. De la misma manera, el país es el territorio poblado, mientras que la nación es la organización de un pueblo arraigado en ese territorio. Y la nación tampoco se confunde con el Estado: el Estado es la forma de organización; la nación, el sujeto que se organiza.

Las metas de un pueblo

¿Cuál es ese objetivo común? El texto propone cuatro, sin orden de importancia: cubrir las necesidades básicas (alimento, vivienda, salud); tener un trabajo que permita desarrollar la creatividad; disponer de tiempo libre verdadero, y no solo de un ocio manipulado por los medios masivos, idea que el autor toma de Herbert Marcuse; y organizarse como nación independiente, con participación de la gente en las decisiones.

A partir de ahí el ensayo arma un mapa de actores. Junto al pueblo hay quienes no participan de ese proyecto común sin oponerse a él, y quienes lo combaten. Para nombrarlos recurre, con cierta ironía, a términos de la Revolución francesa: el "Tercer Estado" para los indiferentes y "la Nobleza" para los opositores. La diferencia decisiva no es numérica sino de intención, y aquí el texto se apoya en Aristóteles: lo que importa es si se busca el bien común o el interés particular.

La lectura latinoamericana

Aplicado a América Latina, el esquema identifica al "antipueblo" con las oligarquías asociadas al poder financiero internacional, a las que les resulta inaceptable sobre todo la cuarta meta, la de una nación soberana con participación popular. En el caso argentino, el autor discute con quienes califican al peronismo de "populismo" y sostiene que se trató de un movimiento popular en sentido estricto.

El ensayo también critica a las "vanguardias ilustradas" que se arrogan el derecho de decidir cuándo un pueblo está maduro, una postura que rastrea hasta la filosofía política de Hegel. Para el texto, el pueblo nunca se forma a partir de una élite, y una vez que adquiere conciencia nacional puede quedar adormecido, pero no desaparece.

Tres escalas de una misma meta

El cierre vuelve a Bolívar. La realización plena se juega en tres niveles encadenados: el nacional, el latinoamericano y el mundial. La unidad de América Latina sería el escalón intermedio, más concreto que el "Tercer Mundo" y más amplio que cada país. El autor deja abierta la pregunta de si existe un pueblo latinoamericano capaz de asumir ese proyecto, aunque arriesga una respuesta afirmativa basada en la historia compartida de la región.

Más allá de las coincidencias o desacuerdos que despierte, es un texto representativo de una tradición del pensamiento latinoamericano que buscó darle bases filosóficas a la idea de integración regional.