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Fútbol y literatura: la pelota en la ficción argentina

Cómo escritores de Arlt a Galeano, Heker y Giardinelli contaron el fútbol: hinchas, árbitros y barrios a partir de tres antologías de cuentos sobre el deporte.

Redacción Soles Digital

Chicos jugando a la pelota en un descampado frente a la Torre de los Ingleses, en Retiro
Picado frente a la Torre de los Ingleses, en Retiro, en 1932 Foto: Desconocido · Public domain · Wikimedia Commons

Durante buena parte del siglo XX, el fútbol y la literatura parecieron vivir en veredas opuestas: uno era cosa de multitudes y domingos de radio, la otra, territorio de la cultura letrada. Esta nota recorre cómo esa frontera se fue borrando hasta que la pelota se volvió un tema más de la narrativa argentina y latinoamericana.

Un divorcio que no fue tal

Durante décadas, el desprecio por lo masivo dejó afuera de los estudios culturales a la historieta, al folletín y al fútbol. Recién cuando la semiótica y la sociología empezaron a mirar la cultura popular con atención, esos fenómenos ganaron un lugar en la discusión intelectual. En la sociedad, por supuesto, lo tenían desde siempre.

El caso más citado de rechazo es el de Jorge Luis Borges, que nunca ocultó su desdén por el deporte. Pero frente a esa figura hay una lista larga de escritores que se animaron a contar partidos, tribunas y potreros, y que encontraron en el fútbol lo mismo que busca cualquier relato: personajes, conflicto, suspenso y un desenlace que nadie conoce de antemano.

Las antologías que juntaron la pasión

En los años previos a esta nota aparecieron varias recopilaciones que reunieron esos textos. Tres de ellas sirven de base para este recorrido:

  • Cuentos de fútbol, con selección y prólogo de Jorge Valdano (Alfaguara).
  • Cuentos de fútbol argentino, con selección y prólogo de Roberto Fontanarrosa (Alfaguara).
  • Hinchas y goles. El fútbol como personaje, con prólogo de Poli Délano (Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos).

En esas páginas conviven autores de generaciones y estilos muy distintos, y el lector futbolero tiene un placer extra: reconocer, detrás de la ficción, nombres de jugadores, técnicos, relatores y campeonatos reales.

Personajes de la cancha

Hay cuentos que ponen en escena a figuras del fútbol de verdad, como el relato de Elvio Gandolfo "El visitante", donde aparece un retrato de Marcelo Bielsa en su faceta de técnico incansable al costado de la línea. Otros se centran en la radio y en la emoción de un título esperado durante años, como "El hincha", de Mempo Giardinelli, con un fanático de Vélez que vive la consagración de su club pegado al aparato.

El hincha es, de hecho, el gran protagonista de esta tradición. Roberto Arlt le dedicó una de sus aguafuertes, donde lo describe con su ironía habitual como un admirador sin interés material, capaz de discutir a muerte por alguien que no conoce, y anticipa el fenómeno de las barras. Florencio Escardó, desde una mirada más ensayística, vio en el "hinchismo" un rasgo de la manera de ser porteña, algo que excede a los clubes.

Del otro lado está el árbitro. Eduardo Galeano lo pintó como el villano necesario del espectáculo: el único al que todos culpan y del que nadie puede prescindir.

El barrio, la épica y las mujeres

Algunos textos funcionan casi como cuadros de costumbres. En "La música de los domingos", Liliana Heker reconstruye una tarde de barrio en la que se mezclan los cantitos de los chicos, las radios encendidas y los nombres de los jugadores de la época. Alejandro Dolina, en sus apuntes sobre el fútbol en Flores, también vuelve sobre esa idea del partido como novela en miniatura.

La dimensión épica tampoco falta. Ezequiel Martínez Estrada analizó el estadio como un lugar donde se concentran pasiones de todo tipo, de la religión a la política, y donde el equipo y sus figuras pasan a tener valor de ícono. No es raro, entonces, que los mundiales despierten tanto interés incluso entre los indiferentes: cada selección funciona como un relato de pertenencia.

Por último, Luisa Valenzuela, en "El mundo es de los inocentes", presenta a una narradora que mira el fútbol desde afuera, con desconfianza y con humor, hasta que el entusiasmo colectivo termina por alcanzarla. Es una buena síntesis de lo que estas antologías muestran: el fútbol es un asunto demasiado argentino como para que la literatura lo deje pasar.