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Historia de las inundaciones porteñas

Mi Buenos Aires hundido

Inundaciones en Buenos Aires

Por Arq. Luis Romo
arquitectoromo@yahoo.com.ar

Fotos: Mariano García
@solesdigital

No le tomó mucho tiempo a Juan de Garay decidir donde ubicaría por segunda vez Buenos Aires, a tan solo 44 años de la llegada del adelantado Pedro de Mendoza a estas tierras y de su fracaso en la primera fundación de la ciudad. Garay eligió un lugar acorde a los dictados de Indias, entre otros “estar en alto”, “fácil acceso de carretas por tierra firme”, “alejado de pantanos y lagunas, por salubridad”; y hasta acá veníamos bien….

El lugar era alto (20 metros sobre el nivel del río) por medio de una barranca, y una gran llanura de acceso hacia el oeste. Desde sus comienzos el casco fundacional apareció limitado por dos “zanjones”, al norte y al sur, que podían perfectamente servir de barreras naturales de protección. Pero lo que no calculó Garay fueron los torrentes en que se convertían en épocas de lluvia cuando desbordaban e inundaban la meseta, originando múltiples corrientes de agua que barrían el terreno.

Por varios años, los zanjones fueron los obstáculos para la expansión de la ciudad. Tanto que comenzaron a tener presencia y nombre propio. Ambos desembocaban en el Río de la Plata, el del sur a la altura de la actual calle Chile; y el del norte a la de Paraguay. Con la ciudad ampliada serían conocidos como “de Granados” y “de Matorras” respectivamente.

Desagües naturales de Buenos Aires, encargados de transportar residuos y de servir como aliviadores, era común ver a los habitantes arrojar en los cursos cuanto les molestaba, desde restos de muebles hasta el más ingrato de los desperdicios. Por ese entonces la fuerza de la corriente arrastraba cuanto se interponía a su paso y todo se convertía en una inmensa laguna pantanosa.

El zanjón de Granados, a través de puentes en Defensa, Bolívar y Perú podía ser cruzado para llegar al puerto de la Boca. El de Matorras se cruzaba del mismo modo a la altura de Tribunales y de Florida y Paraguay, para llegar a Retiro y Recoleta.

Inundacion en Buenos Aires

Existía un tercer zanjón ubicado entre éstos conocido con el nombre de Manso, que desaguaba a la altura de la calle Austria y daba origen al bañado de Palermo, lugar cubierto de sauces, juncos y pajones; infestado de mosquitos, moscas y de cuanta sabandija estuviera suelta. Por ser un paraje bajo, estaba expuesto permanentemente a las crecidas del Río de la Plata, y fue allí donde Rosas construyó su quinta rellenando el lugar.

Entre pobres hilos de agua y torrentosos cauces desbordados fue creciendo la Gran Aldea. Hasta que llegado el momento, luego de 1880, de transformarse en ciudad, el Intendente Torcuato de Alvear decidió en el Consejo Municipal:

“La supresión de los antiguos terceros ha sido una de las obras que con mayor interés ha emprendido el infrascripto en el año anterior. Veinticinco cuadras de las ocupadas por ellos (terceros o zanjones), que antes imposibilitaban el tráfico y el tránsito, han sido rellenadas y adoquinadas en el nivel correlativo que les corresponde (...) Con la terminación de estas obras, habrán desaparecido por completo los inconvenientes de la vialidad ocasionados por el deplorable estado de esas calles, dejando en perfecto estado las propiedades en ellas existentes”.

Para ello encargó a los arquitectos Buschiazzo y Canale la dirección de las obras para su entubamiento, lo cual ocurrió a partir del año 1886.

Pero existían en Buenos Aires otros cursos de agua mayores que éstos, los “arroyos”. Eran dos, uno conocido como “arroyo Medrano”, ubicado muy al norte, corriendo por los actuales barrios de Saavedra, Urquiza, Belgrano y Núñez. Desembocaba en el Río de la Plata a la altura de la hoy Estación Rivadavia del Ferrocarril Bartolomé Mitre.

El otro, el “Maldonado”, nacía en la Provincia apenas en el hoy Gran Buenos Aires. Cruzaba los barrios de Liniers, Villa Luro, Vélez Sársfield, Santa Rita, Villa General Mitre, Villa Crespo, Villa Malcolm y Palermo, desembocando luego de mas de 70 cuadras de extensión su cauce a la altura de Aeroparque.

Lecho profundo de orillas barrancosas, serpentina de agua semiestancada, sumidero de basura”, eran algunos calificativos que recibía...siempre que no lloviera. Allí se convertía en un impetuoso y caudaloso río que se salía de madre.

El arroyo Maldonado siempre complicó a la ciudad. Desde mediados del siglo XVII funcionó como límite norte de la expansión urbana, salvado por un puente sobre Libertador para llegar a la quinta de Rosas, otro puente sobre Santa Fe para comunicarse con Belgrano, y uno sobre Corrientes para llegar a Chacarita. Puentes precarios que aumentaban en número con el avance de la ocupación del suelo.

Recién a partir de comienzos del siglo XX, fue cuando aparecieron los primeros intentos de dominio de su cauce. En 1911 se aprobó la Ley Nº 8.128 a fin de efectuar las obras “de defensa de inundaciones y auxilio pecuniarios a los inundados del Riachuelo y Maldonado”, por la cual se resolvió “invertir hasta la cantidad de cien mil pesos Moneda Nacional para prevenir en lo posible las inundaciones próximas, realizando las obras prescriptas en el artículo 4”. Dicho artículo ordenaba la limpieza de los cauces y, de quedar algún remanente del aporte de los 100.000 pesos, destinarlos a “dar principio a las obras definitivas que resulte necesario hacer de los estudios que actualmente se practican”. Pero nada de esto se logró, si es que algo se intentó hacer.

La solución definitiva pareció llegar en 1936, con la desaparición del Maldonado mediante su entubamiento y la construcción sobre él de una avenida. El 5 de abril de 1937 se iniciaron los trabajos, y rápidamente quedó oculto bajo una galería de cemento. Tan rápido que el 9 de julio de ese año se inauguraron 50 cuadras, de Santa Fe a Nazca. No tan rápido fue el resto hasta la actual General Paz, sector que debió esperar hasta mayo de 1950 para ver abrir la licitación. Ocultar quedó oculto el arroyo Maldonado, pero no callado. Con bastante asiduidad deja oír sus reclamos de libertad.

Un curso de agua más quedaba para finalizar, el “Riachuelo”, “Río Pequeño”, “de los Navíos”. Manso, lento, esmirriado, castigado por los pobladores de sus riberas, olvidado y querido, desbordante y oloroso, es posiblemente uno de los ríos menos considerado y humilde del mundo.
Con sus 80 kilómetros, soporta las sudestadas que otrora tornaron pantanosas e intransitables sus costas. Siempre hizo de límite Sur de la ciudad y cobijó su primer puerto, sus iniciales astilleros, sus recordadas barracas y saladeros.

Salvable a través de vados y luego de puentes, algunos de los cuales vemos en la actualidad: La Noria, de la Plaza, Alsina, Avellaneda, Pueyrredón. Su cauce meandroso dificultaba su desagüe durante las sudestadas y producía grandes inundaciones, por lo que se buscó la solución de ello mediante su rectificación en un sector cercano a su desembocadura. La rectificación llegó a su fin en 1958, pero mucho antes –décadas quizás– le devolvieron su furia con contaminaciones.

Una historia sin respuestas

Inundacion en Buenos Aires

Hasta aquí la historia, sólo relatos que no dan respuestas a los problemas de las inundaciones. Pero, ¿qué produce que ésta ciudad sufra tanto con el agua?

Una de las causas es la cantidad de cursos de agua existentes desde la época de la fundación que han quedado enterrados o anulados o poco limpios y no ayudan al escurrimiento del agua. Otra causa es la poca absorción que le ha quedado a la tierra para drenar las fuertes lluvias que se han producido.

O la paciencia de los gobiernos para aguardar a que los hechos ocurran y luego justificar su no actuación. Así podríamos seguir enumerando hasta llegar a la época de Garay y avisarle que no funde la ciudad aquí.

Pero Garay ya murió y la máquina del tiempo todavía no se inventó. Al menos la que nos llevaría al pasado. Pero podríamos pensar en una que tenga “FUTURO” solamente, pero futuro a largo plazo, por varios gobiernos más que por años.

Es necesario un plan conjunto, pero no de partidos políticos, sino de áreas. Sin una infraestructura de soporte no se puede seguir avanzando sobre un mismo lugar, y lo que falta actualmente es eso: infraestructura de soporte. De nada sirve comenzar un mega desagüe si va a quedar interrumpido a medio finalizar, y por otro lado ocupar el suelo en forma indiscriminada.

¿Recuerdan las libretas en las que se anotaban las compras del almacén? Tanto la llevaban para anotar las ventas como para pagar las deudas: era un compromiso de ambas partes. Actualmente solo parece existir el compromiso de una sola parte: la que tiene que pagar; porque del otro lado, de los que venden, solo se ve eso: ventas.

Paradójicamente, los barrios más caros y donde más se construye en la ciudad (Palermo, Belgrano, Núñez) son los más afectados por las inundaciones.

24/2/2010

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