Abraham Ángel, el pintor que no llegó a los veinte años
Abraham Ángel pintó en apenas tres años un puñado de retratos clave del arte mexicano moderno; "La chica" (1924) se vio en el Malba en 2009.
Redacción Soles Digital

Abraham Ángel fue un pintor mexicano de vida brevísima: nació en 1905 y murió en 1924, con diecinueve años, después de una carrera que entra en poco más de tres temporadas de trabajo. Esa obra corta, de colores intensos y figuras de mirada fija, lo convirtió en uno de los nombres más queridos de la pintura mexicana de los años veinte.
Un retrato que viajó a Buenos Aires
La imagen de esta galería es La chica (retrato de mujer), de 1924, uno de sus últimos cuadros. Se exhibió en el Malba entre el 12 de marzo y el 25 de mayo de 2009, dentro de la muestra Arte mexicano. Colección del Banco Nacional de México. Obras 1900-1960, un recorrido por seis décadas de pintura del país a partir de una de sus colecciones privadas más importantes.
Para el público porteño fue una ocasión rara: la obra de Abraham Ángel es escasa y casi no sale de México.
Formación y estilo
Llegó a la pintura de la mano de Manuel Rodríguez Lozano, que fue su maestro y su compañero, y se formó en el clima del método de dibujo de Adolfo Best Maugard, que proponía construir las imágenes a partir de motivos del arte popular mexicano. De ahí viene buena parte de su lenguaje: contornos simples, fondos de paisaje o de pueblo resueltos casi como decorado, rosas y verdes sin mezcla, y personajes que posan con una seriedad entre ingenua y melancólica.
Sus retratos, muchos de jóvenes y de mujeres de su entorno, tienen algo de exvoto y algo de pintura moderna. No buscan la anécdota ni el mensaje político que dominaba el muralismo de esos mismos años: se concentran en la presencia del retratado, en el vestido, en el gesto de las manos.
Por qué importa
La temprana muerte de Abraham Ángel dejó un conjunto pequeño, pero suficiente para marcar un camino distinto dentro del arte mexicano posrevolucionario, más íntimo y más cercano a lo popular que a la épica. Verlo junto a los grandes nombres del siglo XX, como ocurrió en el Malba, permite medir hasta dónde llegó en tan poco tiempo.