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Salto del Tabaquillo, Merlo

Texto y fotos: Mariano García
@solesdigital

Si se sigue el mapa de ruta del Rally Dakar disputado en enero pasado, se aprecia algo arbitrario en el trayecto que unió Argentina y Chile. Salida desde Buenos Aires, hacia el sur pasando por La Pampa, Río Negro, Chubut; por el oeste hacia Neuquén y Mendoza; entrada a Chile; regreso por La Rioja, Catamarca, Córdoba, Santa Fe y final nuevamente en Buenos Aires. Queda un vacío inexplicable (salvo por razones políticas) en el corazón del país: San Luis.

Ubicada en el centro de la República Argentina, la provincia de San Luis es aún un vasto territorio a descubrir por el turismo local e internacional. Ignorada por los centros urbanos más importantes y las provincias con más peso político del país, la región puntana ofrece extensos paisajes a explorar en un marco social marcadamente diferente al del resto del país.

La pampa puntana está enmarcada por altas sierras, de las que nacen ríos cristalinos, y donde incluso podemos encontrar salinas y parques nacionales.

Merlo es la ciudad más explotada turísticamente de la provincia. Localizada en el Valle del Conlara, al pie de las Sierras de los Comechingones, ofrece una amplia variedad de actividades recreativas, turismo de aventura y esparcimiento en un contexto natural único. Su rica variedad de fauna (zorro gris, águila mora, aves como el tordo, la tijereta, mirlos, etc) y flora autóctona invitan a recorrer la zona una y mil veces, y el paisaje resultará siempre distinto.

El casco urbano, que data de 1797, tiene como principal atracción la Capilla de Nuestra Señora del Rosario, construida entre 1730 y 1740. La parte moderna de la ciudad se extiende a lo largo de la Avenida del Sol, con una variada oferta gastronómica, hotelera y turística. Desde allí, se pueden emprender excursiones hacia los circuitos de cabalgatas, trekking, miradores, caminatas, escalada, rappel, y muchas otras actividades que ofrece el lugar.

El circuito principal está compuesto por el camino al Mirador del Sol, en Rincón del Este. Allí se puede hacer una parada en la Reserva Natural, y presenciar al mediodía como la guardaparques alimenta a las águilas. Desde allí, los más aventureros (y con mejor estado físico) pueden emprender la exigente escalada hacia el Tabaquillo, un imponente salto de agua de 65 metros al cual se accede luego de dos horas río arriba, trepando piedras y sorteando diferentes obstáculos naturales. El trekking puede ser agotador, pero el resultado vale la pena.

Por fuera del circuito tradicional, una opción para quienes quieran alejarse del centro y retroceder varias eras geológicas en la historia es el Bajo de Véliz. Se accede desde Merlo por la Ruta Provincial Nº5 hacia el oeste hasta Santa Rosa del Conlara, y a partir de allí unos 15 kilómetros más por la Ruta Provincial Nº 43 (de tierra). Un abrupto descenso de cuatro kilómetros marca el inicio del Bajo, área de gran riqueza geológica y arqueológica. Estas tierras formaron en su momento parte del continente único Gondwana, y en la actualidad se pueden encontrar fósiles de animales y plantas hoy desaparecidas o existentes en otras latitudes.

Una de estas particularidades es el Guayacán, árbol denominado el “ébano argentino” por su madera negra, y que suele crecer en el norte argentino (crece en Tucumán, Santiago del Estero, Chaco, Santa Fe, Catamarca, Salta, Jujuy, Córdoba), siendo este ejemplar el más austral de todos los conocidos en su especie. Su enorme y solitaria presencia domina esta depresión de terreno de edad inmemorable.

 

Si el Bajo de Véliz despierta en el turista el interés por yacimientos geológicos y fósiles y los paisajes perdidos en el tiempo, la opción obligada es el Parque Nacional Sierra de las Quijadas. Localizado en el extremo noroeste de la provincia, puede ser considerado el “hermano menor” de sus pares cuyanos de Talampaya (La Rioja) y el Valle de la Luna o Ischigualasto (San Juan).

Relegado a un injusto segundo plano por la Administración de Parques Nacionales en cuanto a presupuesto e infraestructura, este imponente paisaje se mantiene orgulloso en su extensión árida y rocosa que sirviera de refugio a los bandidos rurales del siglo XIX. Con una superficie de 150.000 hectáreas, posee yacimientos arqueológicos y paleontológicos enmarcados en un impresionante ecosistema desértico que ofrece vistas únicas a cada paso. Los imponentes miradores y farallones de entre 200 y 300 metros de altura, con sus pliegues marcados a fuerza de las distintas eras geológicas, varían su color desde el rojizo intenso hasta el verde de los tenaces matorrales que soportan hasta 45 grados de temperatura en verano.

Existen dos senderos peatonales de miradores, donde los visitantes particulares pueden transitar de manera autoguiada. Pero el intenso calor entre diciembre y febrero limita los horarios para las excursiones más largas, lo cual impide realizar los circuitos más atractivos como “Farallones” y “Guanacos”. Quienes concurran fuera de estos meses, podrán apreciar los restos fósiles de dos especies de lagartos alados (pterosaurios), así como la huella del gran Saurópodo.

Saliendo de Las Quijadas hacia San Luis capital, nos encontramos con las Salinas del Bebedero, extensión desértica de 5 kilómetros de ancho por 15 de largo donde posee su fábrica la marca de sal Dos Anclas. Resulta un paisaje original y distinto dentro de la provincia, donde todos los colores se reducen a un enceguecedor blanco enmarcado por el intenso azul del cielo.

Ya retomando el rumbo sur, se vuelve a los verdes valles rumbo a la ciudad capital. Las sierras puntanas dan marco a otros puntos de atracción como lo son el Potrero de los Funes, la localidad de El Volcán, el río Trapiche, La Angostura, e innumerables balnearios y termas.

Pero no sólo con paisajes sorprende San Luis. A lo largo y a lo ancho de las rutas, se multiplican las viviendas sociales que nada tienen que ver con los barrios carenciados que rodean las principales ciudades  argentinas. En una provincia marcadamente rural, el acceso a Internet es a partir de 2008 universal y gratuito por sistema wi-fi, e incluso los alumnos de las escuelas más alejadas gozan de este beneficio (y por supuesto, todo turista que viaje con su computadora portátil).

La contención social parece alcanzar a todos: poco se habla en San Luis de robos o violencia, más allá de lo que se ve por televisión. “Esta es otra Argentina”, repiten con orgullo los habitantes de la provincia cuyana. Razón no les falta.

25/2/2009

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