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Purmamarca (Jujuy)

Paleta de emociones

Por Agostina Dattilo

Fotos: Mariano García
@solesdigital

Un pueblo solitario y pequeño —casi diminuto— que descansa al pie de un cerro mágicamente colorido, en un valle imponente. Un sitio de caminos rojos y cielo azul, con casas de adobe en calles desoladas donde viven familias que aún conservan sus costumbres aborígenes. Una iglesia de “las de antes” y hasta un cabildo. Todo eso es lo poco y mucho que tiene para ofrecer a sus visitantes Purmamarca, denominación que en aimara significa pueblo de la tierra virgen.

El Cerro de los Siete Colores es, sin lugar a dudas, el gran atractivo. Único por sus características en nuestro país, su peculiar gama de colores es producto de una “compleja historia geológica que incluye sedimentos marinos, lacustres y fluviales elevados por los movimientos tectónicos”; aunque la explicación del guía es secundaria ante semejante belleza natural.

La caminata tradicional en Purmamarca se realiza por el árido Paseo de los Colorados, camino de tres kilómetros de extensión que acompaña al lecho de un afluente del río Purmamarca. La zona es ideal para realizar paseos en bicicleta, cabalgatas o simplemente caminar. Entrega imponentes vistas sobre formaciones geológicas muy llamativas con predominantes colores rojizos: un paisaje único.

Raíces de la historia

Purmamarca

La iglesia Santa Rosa de Lima –construida en 1648 según el dintel de madera sobre su puerta– fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1941. Pese a su arquitectura humilde —muros de adobe y techo de cardón— se destaca blanca y radiante entre las casitas de Purmamarca. En su interior se conservan valiosas pinturas religiosas de la escuela cusqueña del siglo XVIII. 

A su lado, un árbol milenario, conocido como el Algarrobo Histórico, fue testigo de la historia de toda una región. Cuenta la leyenda que bajo su sombra descansaron las tropas del general Manuel Belgrano, en plena lucha por la independencia cuando dirigía el Ejército del Norte. Ya tiempo atrás,  en el siglo XVI, el cacique Viltipoco y otros jefes omahuacas se juraron resistencia al ejército español y juntaron a más de diez mil guerreros bajo sus ramas para intentarlo. La historia dice que fue también allí, bajo el árbol, donde un traicionado Viltipoco fue sorprendido y capturado mientras dormía. La resistencia a la conquista española de los omahuacas fue tan intensa y prolongada que en Purmamarca se produjeron uno de los últimos y masivos alzamientos contra la colonización española en la región.

Hay sitios en donde uno tiene la sensación de que el mundo se detuvo y nos encontró allí: en ese momento y en ese lugar. Al caminar las calles de tierra y polvo se respira un aire húmedo, tropical, fuerte. Para Reynaldo, guía “argentino, jujeño y purmamarqueño”, la sensación al respirar no es sólo producto de la “descarga de los vientos sobre las sierras andinas”, sino que también hay algo sensorial que no está en los libros de geografía y que sólo puede entenderlo quien haya conocido Purmamarca y se haya tomado “diez minutos para sentarse y descansar bajo el Algarrobo Histórico”.

Condimentos

Mercado de Artesanías. Purmamarca

En esta ciudad se encuentra uno de los últimos diez cabildos tradicionales que aún persisten en el país. Está situado frente a la plaza, epicentro social y cultural del pueblo. A su alrededor, decenas de mujeres lugareñas ofrecen comidas típicas y las más características artesanías. Los ponchos y los telares causan furor entre los visitantes.

Pero Purmamarca no se reduce a sentarse junto al árbol, caminar los senderos, comprar artesanías y comer unas cuantas empanadas. Para conocerla, hay que tomarse un tiempo para conversar con gente del lugar: conocer y compartir costumbres dignas de imitar. Descansar. Crecer. Respirar.

No hay muchas más atracciones, pero si mucho por descubrir.

24/2/2010

www.solesdigital.com.ar

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