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A través del cristal de Murano

Texto y foto: Desireé Galizia

Cristal de Murano

Venecia se puede definir de muchas maneras. Cuna del intercambio en todos los sentidos. Pionera del comercio mercantilista. Reino del buen gusto y la opulencia. Maravilla arquitectónica. Mar de laberintos intrincados, callejuelas, banderines, góndolas con “gondolieres” con remeras a rayas blancas y negras que cantan canzonettas. Habitantes increíbles con dialecto gracioso. Amabilidad. Tráfico del arte. Sin embargo, por los avatares de la historia, en la actualidad de Murano nos quedan los cristales y algunos “palazzi e chiese”.

Así como Venecia, Murano es un pequeño archipiélago unido por puentes. Se tienen noticias de sus habitantes desde la época del Imperio Romano, cuando el único medio de comunicación entre la islas y la tierra firme se daba a través de las vías fluviales. Inicialmente, constituyeron un resguardo a los habitantes del Véneto contra las intrusiones bárbaras de los siglos V y VI. Las construcciones están fabricadas sobre un terreno raído y contenido por muros, a fin de evitar la constante erosión de las mareas y del sedimento de las capas subterráneas.  

La ciudad obtiene su nombre de una de las puertas de la ciudad de Altino, “Ammurianum”, dado que muchos de los habitantes de esa ciudad se instalaron en las islas en el bajo medioevo. Murano contaba con una forma de gobierno propio, el “tribuno”, que impartía justicia a la vez que legislaba. En el año 1171, Murano pasa a formar parte de la dependencia de Santa Croce, anexa a la república de Venecia, perdiendo su independencia y quedando sujeta a los magistrados venecianos, hasta caer en manos napoleónicas a fines del siglo XVIII.

Ubicada en un punto estratégico, al nordeste de Venecia, Murano fue uno de los núcleos más notables de intercambio cultural. El arte del vidrio, a pesar de tener orígenes antiquísimos, fue enriquecido con el contacto de sus habitantes con poblaciones griegas, romanas, de Europa del este, Asia y los países nórdicos. Constituye un punto de intersección altamente beneficiado por el tráfico mercantil de la época. Sus talleres exportaron fórmulas químicas y secretos de maestros, monopolizando la producción de vidrios soplados, espejos y mosaicos.

Esta difusión comercial y artística fue la causa de que la isla se desarrollara con un nivel de vida que superaba a la media. En 1295, a causa de las amenazas de incendio que había en Venecia, fueron transferidos a Murano todos los talleres de cristal, por lo que la isla adquirió aún mayor renombre y distinción, transformándose en el centro de la producción cristalera.

La vida religiosa en las islas fue vivida fervorosamente por sus habitantes. La basílica de Santa Maria e Donato, de estilo veneto bizantino, fue la primer iglesia reconocida por el vaticano. Entre sus muros se han reunido numerosas fraternidades secretas, quienes contaban con estatutos propios. La isla fue la sede de muchos monasterios dado que su aislamiento convocaba a distintas cofradías, quienes alojaron a muchos hijos de familias nobles, prácticas muy usuales la época del pre y post Renacimiento.

En la iglesia de San Stefano se  repartían las monedas acuñadas en la ciudad, privilegio concedido por la República de Venecia. Hechas de plata u oro, contenían la insignia de la ciudad: un gallo con una serpiente en el pico y un zorro en el dorso, símbolo de vigilia, astucia y prudencia.

Otra de las estrellas de las isla es San Pierto Martire, de estilo gótico y modesta amplitud inicial, creada a partir de los deseos de un noble llamado Marco Michael, quien en su testamento, el 4 de mayo de 1348 dona sus bienes para la construcción de la iglesia, que va a ser finalizada recién en 1509.

En las primeras décadas del siglo XIX, bajo el régimen napoleónico, la mayoría de las iglesias y los palacios son destruidos en pos de un decreto firmado por el emperador, en donde se suprimían las órdenes religiosas. Lo que queda de la vida antigua y medieval de la isla es, en tanto, el arte vitral.  

Actualmente la isla cuenta con numerosas fábricas de cristalería. Cada una tiene un centro de exposiciones y en las visitas en posible ver a los expertos moldeando distintas formas con una increíble ductilidad. Numerosas vidrieras exponen copas y adornos de todo tipo a lo largo de las pequeñas islas, y detrás de cada vitrina se pueden ver los canales de un color azul verdoso.

Formas y colores de todo tipo nacen de una idea en la mente del creador para materializarse y adquirir peso y ocupar espacio, amparados en siglos de adiestramiento en el arte de fundir vidrio. Famosa por sus lámparas, Murano refleja la luz de aquellos que supieron hacerla brillar. Magia que no se pierde a través de los siglos. Invita a aprender a mirar a través de los cristales de Murano…

25/5/2009

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