Turismo

NovedadesArchivo

Montenegro: El lado B del Adriático

Picnics Musicales en Parques Nacionales

Niš (Serbia): en la encrucijada de la historia

Historia, arte y deporte en la montaña de Montjuïc

Texto y fotos: Mariano García
@solesdigital

Montjuic

Con sus 173 metros de altura, la montaña de Montjuïc y sus alrededores es uno de los paseos más recomendables de Barcelona. Al transitar sus calles, silenciosas y rodeadas de verde, pueden satisfacerse todo tipo de inquietudes y gustos, desde la historia y el arte hasta el deporte o el urbanismo moderno. Para comenzar el recorrido, nada mejor que un salto al pasado medieval de la ciudad.

El Castillo de Montjuïc

La posición estratégica de la montaña, que domina la ciudad hasta las zonas de las desembocaduras de los ríos Llobregat y el Besòs, hizo que desde la alta edad media tuviera una función militar. Inicialmente albergó al Castell del Port, y desde mediados del siglo XVIII la gran mole en piedra del Castillo de Montjuïc.

De forma estrellada, con amplios fosos, baluartes y fortines, ofrece una inmejorable vista del mar Mediterráneo y el puerto barcelonés. Fue durante muchos años prisión militar y símbolo de represión, hasta que en 1960 fue cedido a la ciudad. Hoy alberga al Museo Militar.

Para quienes gusten de caminar, los senderos ondulantes que suben hasta la fortificación son una atracción por sí mismos. Los que prefieran guardar sus energías para más tarde, pueden ascender por teleférico y disfrutar de una hermosa vista aérea.

El Anillo Olímpico

Estadio Olimpico de Montjuic

Al salir del Castillo, lo mejor es descender en dirección sudoeste, y desde la calle Doctor Font i Quer llegar al Anillo Olímpico, construido para los Juegos de 1992.

La montaña de Montjuïc se vio muy beneficiada con las reformas urbanísticas de los Juegos Olímpicos del ’92. Fueron mejorados los accesos, se creó el Parc del Migdia y se consiguió la integración de la montaña con el Poble-sec y la Zona Franca. Pero lo más relevante fue el Anillo Olímpico.

El Estadio Olímpico, donde actualmente juega de local el Espanyol de Barcelona, mantiene la imponente fachada de 1929, pero su interior fue completamente remodelado por el equipo Gregotti, Correa, Milà, Margarit i Buixadé. Dentro de sus instalaciones se encuentra el Museo Olímpico.

El Palau San Jordi, estadio cubierto por una estructura metálica, es una original construcción del arquitecto japonés Arata Isozaki, apto para todo tipo de disciplinas, desde básquetbol y handbol hasta motociclismo. Otras obras de interés son el pabellón del INEFC, la Universidad del Deporte (edificio diseñado por el taller de Ricard Bofill) o la gran torre de comunicaciones, en forma de aguja, obra de Santiago Calatrava.

Los museos

Museo Nacional de Arte de Catalunya

Finalizada la “etapa deportiva” del paseo, hay también lugar para el arte antiguo, medieval y moderno. Pueden visitarse entonces los museos Arqueológico y Etnológico, así como la Fundación Joan Miró, centro de estudios de arte contemporáneo y poseedora de un rico fondo artístico cedido por el pintor.

Es imprescindible dejar para el final del recorrido el Museo Nacional de Arte de Catalunya. Si se arriba desde el Anillo Olímpico, lo primero que se verá el costado posterior de su gran cúpula central. El museo funciona en el Palau Nacional, edificio neoclásico de tipo colosalista, con murales de F. Galí en el interior. El Museo posee magníficas colecciones de arte gótico y románico, únicas en el mundo, entre ellas las pinturas murales del Pirineo Ieridano.

Es “obligatorio” quedarse en el Museo hasta el anochecer, pues cuando se cierran las actividades diarias, se monta en las escalinatas y bulevares de Av. Reina Cristina una colorida demostración de luces y aguas danzantes. El complejo fue ideado para la Exposición Internacional de 1929. La Plaza Espanya, presidida por la gran fuente monumental de Jujol con esculturas de Blay, ofrece en su entrada dos grandes torres inspiradas en el Campanille de Venecia, además de un hemiciclo de columnas. La Avenida está flanqueada por una serie de pabellones que llevan a las monumentales fuentes luminosas y cambiantes, obra de Gaietà Buïgas.

Apreciar el espectáculo desde las escalinatas, e ir descendiendo hacia la plaza para finalizar con la vista del Palau Nacional iluminado por detrás por haces luminosos que surcan el cielo, es un espectáculo memorable. Así finaliza un día por la montaña Montjuïc, que alberga en sus laderas gran parte de la historia y el presente de Barcelona.

13/3/2003

Notas relacionadas:

Barcelona planea una nueva feria que se convierta en referente del sur de Europa

www.solesdigital.com.ar

Destacados de Turismo
Estancias jesuíticas Ruinas de San Ignacio Rascacielos de Moscú