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Los encantos de Marrakech

Por Alejandro Panfil

Una recorrida por un universo cultural que, si bien geográficamente se encuentra a las puertas de Occidente, hace sentir al viajero muy lejos de casa.

Marrakech

Visitar  Marruecos es siempre una muy buena elección de viaje. Se recomienda en casi todas las guías de turismo pasar por destinos clásicos como Casablanca, Marrakech, Fez, Rabat y Agadir. Si se visita este país por primera vez no hay que pensarlo demasiado: Marrakech, un paraíso con algo menos de 1.100.000 habitantes que fue fundado en 1062 por el sultán Yusuf bin Tachfin.

Marrakech Una ciudad que brilla por sí misma, donde todo transcurre en su famosa e inmensa plaza Jemaa el Fna. Con un poco de paciencia, ya que absolutamente todos tienen algún producto o servicio para ofrecer, puede terminar siendo un lugar inolvidable y cualquiera sea la cantidad de días que se le dedique dará la sensación de haber sido pocos. Toma al menos un par de horas entrar en sintonía; el occidental se encontrará con una manera muy diferente de encarar el trabajo, la religión y la vida en general.

Marrakech - Plaza Jemaa El Fna
Plaza Jemaa El Fna

Es conveniente llegar de día en caso de no tener hecha una reserva de hotel, de otro modo es posible que se pierda tiempo en la búsqueda y negociación del precio. Pero ninguna opción es mala y de noche el lugar es muy seguro. Lo que más se recomienda es hospedarse dentro de la Medina, que es el casco viejo en las ciudades árabes, ya que desde allí todo lo que se quiera visitar estará a una distancia razonable. En primer lugar habrá que caminar para empezar a orientarse lo más rápido posible, y se debe tener en cuenta un detalle: llevar una botella de agua mineral, ya que por momentos el calor es agobiante. Se consiguen por no más de 10 dirhams (1 euro aproximadamente).

Al pasar por primera vez por el Zoco es recomendable no negociar de entrada. Este lugar es un gran barrio-mercado con la particularidad de que sus calles están cubiertas en toda su extensión por una especie de toldo o tinglado que hace soportable las altas temperaturas. Resulta muy sabio observar los movimientos antes de caer en la tentación de comprar cualquier producto ante la insistencia de los vendedores y terminar pagando un alto precio sin estar realmente convencido de la compra. Hay que estudiar un poco el terreno por un par de horas y después sí, arrancar con una buena jornada de regateo.

En Marrakech hay varias opciones de actividades y es conveniente dividirlas porque en un solo día no se puede hacer todo. Además el hecho de optimizar energías será muy valorado al final del día para poder disfrutar del paisaje nocturno de la ciudad.

Para desayunar es recomendable un buen té marroquí (te verde con menta) y unos crepes que pueden pedirse en los puestos de Jemaa el Fna o en una de las terrazas de los cafés que bordean la plaza como el Café Restaurant Argana, donde hay buenas vistas de la plaza a cualquier hora del día.

MarrakechLuego emprender camino hacia el norte de la Medina donde se encuentran tres edificaciones muy interesantes: el Museo de Marrakech, la Medraza de Ali ibn Yusuf y la Kouba Ba’adyin. El ticket que se compra en la boletería del museo tiene un valor de 60 dirhams (6 euros aproximadamente) e incluye también la visita a las otras dos atracciones. El Museo de Marrakech está situado en un palacio del siglo XIX y su colección consta de arte tradicional y contemporáneo de Marruecos. Su arquitectura es monumental con detalles de estalactitas de yeso y gran cantidad de azulejos. En el patio interno el visitante puede sentarse en unos cómodos sillones que sirven de breve descanso en un ambiente muy fresco. Se nota un enorme cambio con la temperatura exterior. La Medraza de Ali ibn Yusuf era una escuela teológica cuya arquitectura es tan admirable como la del museo, con un patio interno, un piso superior donde se encuentran las antiguas habitaciones de los estudiantes y una especie de piscina decorativa que invita a cualquier mortal a refrescarse (lo que está prohibido). Luego de la Medraza y con sólo cruzar la calle se llega a la Kouba Ba´adiyn (santuario o sepulcro), un edificio en el que es notable el paso del tiempo y que lamentablemente conserva poco en pie de lo que fue la obra original. Sin embargo no deja de ser interesante porque es una de las escasas estructuras que quedan del Marrakech almorávide, una denominación que tenían grupos de soldados nómadas provenientes del Sahara.

Ya con eso es bueno dar por terminado el primer día de atractivos culturales y es conveniente ir al Zoco para ver el colorido de un paisaje tan extraño como encantador. Los vendedores que están sentados en el frente de los puestos no dejan pasar al forastero por delante sin decirle u ofrecerle algo. Se escuchan las preguntas: “¿español?, ¿italiano?” Y finalmente cuando se les dice Argentina, obviamente hacen referencia a Maradona, Messi y hasta son capaces de dar la formación de Racing del 66’ si se les da tiempo. En el Zoco se puede llegar a negociaciones que terminan siendo risueñas. El regateo es un mecanismo que al marroquí le divierte y en ningún comercio o puesto en la calle figura un precio; éste, según ellos, se discute y si se llega a un acuerdo entre ambas partes, ese es el valor final del producto en cuestión.

Para un segundo día es recomendable salir con una buena dosis de agua en dirección del  aeropuerto donde se encuentra El Jardín Menara que data del siglo XII. Este cuenta con un pabellón que desde lejos parece una pequeña guarida pero con la arquitectura típica del lugar y un gran estanque con unas gradas en un extremo que permiten a los visitantes aprovechar la vista. La Menara era un lugar de reposo y descanso.

Al sur de la Medina, otra visita interesante es la Tumba de los Saadies, a la que se ingresa pagando un ticket de 10 dirhams (1 euro aproximadamente) y se atraviesa un estrecho pasillo que fue construido para acceder al jardín donde están las tumbas. Allí se encontraban ocultas después de que Mulay Ismail, guiado por supersticiones a la hora de despojar a los muertos, selló su entrada. Este recinto es el antiguo cementerio en donde se sepultaban a los jerifes descendientes del profeta Mahoma. Allí cerca se encuentran el Palacio el Badi que está en ruinas y el Bahia, ambos interesantes para hacer una breve visita.

Luego se puede ir caminando hacia la Ville Nouvelle (Ciudad Nueva) que fue trazada durante el Protectorado Francés, pero sin detenerse mucho tiempo ya que no ofrece lo más genuino de la ciudad, sino una parte más moderna que contrasta bastante con la Medina. En este barrio se encuentran los atractivos para una vida más occidental: las marcas reconocidas de indumentaria, y por supuesto las cadenas de comida rápida de fama internacional.

Para un tercer día en la ciudad la mejor opción es tomárselo con calma y sin tanta agenda de museos y sitios históricos. Es recomendable optar por un poco de relax y visitar los famosos hammams o casas de baño tradicionales para disfrutar de un baño de vapor y unos masajes. Existen diversos hammams públicos pero muchos hoteles cuentan con uno propio, y cuestan entre 100 y 700 dirhams (entre 10 y 70 euros) por persona. El más lujoso y recomendable es Les Bains de Marrakech. Otra opción es relajarse sentándose en la plaza para degustar los platos típicos del lugar y tomar fotos mentales del atardecer y de la actividad de los locales. La plaza Jemaa el Fna por la noche brinda una de esas imágenes difíciles de olvidar: los marroquíes vendiendo sus artesanías; gente paseando; los turistas atónitos con los encantadores de serpientes; el humo de las cocinas de los puestos; el sonido de los incansables percusionistas. Es un espectáculo memorable estar por allí desde que empieza a caer el sol en adelante.

Las opciones gastronómicas en la plaza son muy variadas: se puede comer desde cus cus (plato tradicional cuyo ingrediente principal es la sémola de trigo) hasta tajine (estofado), desde pescado hasta cordero. Los precios son accesibles para cualquier presupuesto y lo más importante al sentarse en los puestos de la plaza es contemplar y disfrutar del clima fervoroso que se vive en  Jemaa el Fna.

Al dejar Marrakech el viajero se llevará una buena síntesis de lo que es Marruecos.  Visitarla será inolvidable y volver resultará una obligación.

7/10/2009

Fotos: Oficina Nacional de Turismo de Marruecos

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