Turismo

NovedadesArchivo

Montenegro: El lado B del Adriático

Picnics Musicales en Parques Nacionales

Niš (Serbia): en la encrucijada de la historia

Hotel Ostende

Una reliquia de pasado aristocrático

El viejo Hotel Ostende, fundado en 1913 como segunda villa balnearia después de Mar del Plata, se impuso en lucha histórica a la móvil duna viva de una inhóspita playa atlántica que hoy, intervenida por el hombre, exhibe el hospedaje no como reliquia sino como refugio para veraneantes de bolsillos temerarios.

Aquellas playas con médanos vivos, que empezaron a fijarse con una especie autóctona de yuyo esparto, eran los fondos de varias estancias de los herederos del matrimonio de Martín de Alzaga y Felicitas Guerrero, asesinada en 1872 por un crimen pasional.  La base del milagro de plantar un hotel en medio de la arena batida por sudestadas fue la llegada en 1908 del Ferrocarril del Sud, que habilitó una parada dentro del campo de José Guerrero con el nombre de Estación de Juancho, a unos 29 kilómetros del mar.

Tras la subdivisión de las tierras de los Guerrero, los belgas Ferdinand Robette y Agustín Poli compraron una fracción de 14 kilómetros cuadrados de dunas, y a partir de 1909, emplearon a trabajadores japoneses que es establecieron a un kilómetro, en Colonia Tokio, desde donde construyeron el suntuoso Hotel. Así, el tren partía de Constitución hasta la estación Juancho, proseguía en volantas hasta Colonia Tokio, donde comenzaban las dunas, y se trasbordaba a un pequeño tren de vías móviles que llevaba a destino a hombres y materiales.

Las construcciones quedaron bajo la arena por la naturaleza indómita de las dunas, pero finalmente el Hotel se irguió ante la adversidad, aunque contaba Carlos Gesell, fundador de la vecina villa que lleva su nombre, que en más de una oportunidad hubo que ingresar por la ventana porque lo demás había desaparecido del paisaje.

Una leyenda que le suma interés al hotel cuenta que el aventurero aviador Antoine de Saint Exupery escribió sus textos en el papel membretado del Hotel Ostende, y una habitación-museo alberga objetos personales del autor de “El Principito”. Favorable a los escritores, sus instalaciones, con sala de cine incluida, guardaron también a Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares para gestar la novela policial “Los que aman, odian”, cuya trama transcurre en un hotel sitiado por la arena.

 

El gran problema es que quienes estén atraídos por las historias de escritores europeos y de la aristocracia cultural vernácula, tendrán que abonar un precio más cercano a los euros o a las ficciones que a la realidad nacional. Catalogado apenas con 3 estrellas, el precio por persona es de $350 pesos argentinos (con cena y desayuno). Es decir, un 20% más caro que sus equivalentes en el Mediterráneo o el Adriático en plena temporada de verano europea. Con más lujo en su pasado que en el presente, revivir los veraneos de las elites de antaño tiene su precio.

17/12/2011

www.solesdigital.com.ar

Destacados de Turismo
Estancias jesuíticas Ruinas de San Ignacio Rascacielos de Moscú