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Top 5: Escapadas europeas

Texto y fotos: Mariano García
@solesdigital
photosniper.com.ar

Viajar por Europa tiene la ventaja de poder ver mucho en poco tiempo y espacio. Pero sus grandes capitales son tan atractivas, y con tanto para ofrecer, que muchas veces se pasan por alto destinos “menores” que sin problemas se pueden conocer en una excursión de un día. Las escapadas son una gran idea para hacer una pausa en el viaje, tomar un respiro del ritmo vertiginoso y escala masiva de las megalópolis. Hacerle una gambeta a la globalización cosmopolita y apreciar paisajes y tradiciones más cercanos a la cultura e identidad de cada país.

Antes de empezar con el ranking, establezcamos los criterios de evaluación: cercanía de las capitales, facilidad para recorrer el lugar a pie, cantidad y variedad de atractivos para visitar, y opciones para acceder al lugar por transporte público. No se preocupen si se olvidan algo en la mochila, el pasaje es de ida y vuelta.

5) Tartu (Estonia)

Superficie: 38 km2. Población: 98.000 hab. Distancia desde Tallinn. 186 km.

 

Si Estonia es un destino poco frecuente aún para el turismo occidental, menos aún son los que se animan a llegar más allá de su capital, Tallinn. Pero uno de los encantos de esta pequeña república báltica es que se puede ir a cualquier punto del país y regresar en el día, en viajes cómodos y económicos. De hecho, visitar Tartu se parece más a una escapada a las afueras de la capital. Pero cuando uno mira el mapa se da cuenta que en apenas dos horas ha recorrido Estonia de norte a sur casi por completo, para llegar a lo que es la segunda ciudad más importante del país, ubicada a apenas 186 kilómetros de Tallinn.

Con apenas 38 kilómetros cuadrados, Tartu es ideal para conocerla despacio y en silencio. Es una ciudad universitaria, lo que hace que en verano se encuentre casi deshabitada. Durante la temporada estival es un paseo de fin de semana para los locales, y uno se puede tomar vacaciones dentro de las vacaciones para descansar de los contingentes de turistas y poder apreciar una ciudad pequeña y hermosa en estado puro.

Sus plazas, parques, arquitectura de casas bajas y coloridas, calles peatonales detenidas en el tiempo desembocan en un centro cívico cuyo emblema es una escultura de dos jóvenes estudiantes besándose bajo la lluvia. No hay próceres nacionales ni héroes de guerra: sus ciudadanos ilustres han sido científicos, artistas y deportistas. Tartu es una ciudad joven, culta y amigable.

4) Segovia (España)

Superficie: 163 km2. Población: 53.000 hab. Distancia desde Madrid. 90 km.

 

Olvídense de Toledo: la mejor escapada de un día desde Madrid es Segovia. Ya nos hemos dedicado en extenso a este argumento, así que aquí nos limitaremos a lo indiscutible. Su enorme acueducto es la obra de ingeniería romana en mejor estado de conservación fuera de Italia, el Alcazar es un extraño palacio de la Europa central trasladado al árido paisaje castellano, y la cocina local tiene al cochinillo como una especialidad de dimensiones casi míticas.

La cercanía con Madrid es tal que el abono de la red de transporte público interurbano de la capital incluye el bus a Segovia. Es un viaje de una hora, lo que muchos de los ciudadanos de Buenos Aires tardan todos los días para ir a trabajar, por ejemplo. Por paisajes, estilos arquitectónicos y modo de vida, el cambio es tan drástico como inolvidable la experiencia.

3) Suzdal (Rusia)

Superficie: 15 km2. Población: 11.100 hab. Distancia desde Moscú. 218 km.

 

Dentro del llamado Anillo de Oro, que agrupa a las ciudades más antiguas de Rusia al Este de Moscú, se destaca la pequeña y asombrosa Suzdal. Con más de 200 monumentos arquitectónicos en apenas 15 km2, su principal desventaja es la dificultad para llegar. Son más de 200 kilómetros desde la capital. Hay que viajar primero en tren hasta Vladimir, y desde allí tomar un bus de unos 45 minutos para finalmente arribar a destino (lo más recomendable es hacer una escapada de fin de semana, en este caso, que incluya ambas ciudades).

La recompensa para quienes superen de la distancia es inigualable: Suzdal se aprovecha metro a metro; cada casa, iglesia y monasterio nos llevan hacia el corazón de la Rusia medieval, con sus cúpulas coloridas y arquitectura en madera.

En Suzdal, el nombre de Anillo de Oro que designa la región se comprende a primera vista: el intenso dorado que decora cúpulas y altares de las iglesias explota en opulencia, en un entorno campestre aislado del mundo moderno. La amabilidad de los habitantes y la paz del pueblo contrasta con la ruda ansiedad moscovita. El barroquismo de la cultura eslava y la religión ortodoxa en su máximo esplendor.

2) Plitvitce (Croacia)

 Superficie: 8 km2. Distancia desde Zagreb. 137 km.

 

Parques nacionales en el mundo hay muchos. Pero un espectacular complejo de lagos de montaña, que se escalonan formando cascadas cristalinas, a una hora y media de una capital, únicamente en Croacia. Los lagos de Plitvitce son una de las maravillas escondidas del Este europeo, y hasta hace poco eran prácticamente desconocidos para el turismo occidental.

El crecimiento exponencial del turismo en Croacia de los últimos años beneficia al país en lo económico, pero está alterando rápidamente el entorno humano por el impacto de gran cantidad de turistas que están descubriendo uno de los rincones naturales de Europa mejor preservados.

El parque nacional cuenta con 30 mil hectáreas, de las cuales apenas 8 km2 se pueden recorrer, a través de hermosos senderos de madera que suben y bajan a través de 16 lagos ubicados a distintos niveles de altitud, con 92 cascadas e innumerable cantidad de árboles y especies animales.

También es reserva natural para especies como el oso pardo, lobos, águilas, linces o gato montés; pero se encuentran alejados del circuito habilitado para turistas.

1) Bratislava (Eslovaquia)

Superficie: 368 km2. Población: 400.000 hab. Distancia desde Viena. 80 km.

 

El puesto número uno es excepcional por varias razones. Es una capital, que funciona como escapada a otra capital aún mayor. Con la lujosa y solemne Viena a una hora de distancia, Bratislava ofrece un irresistible aperitivo eslavo a apenas 80 kilómetros de la capital austríaca. En épocas de la Guerra Fría este breve viaje hubiera implicado cruzar la cortina de hierro. Hoy es mucho más sencillo, y ni siquiera es necesario pasar por control fronterizo o mostrar pasaporte. Puntos extra por ser una escapada de un día de un país a otro.

Si bien es una ciudad grande, la capital eslovaca concentra en su centro histórico una enorme cantidad de atractivos. Desde el castillo que domina el paisaje desde una colina elevada sobre el río, hasta sus puentes, centro medieval, iglesias y calles desde las que emergen pintorescos personajes de bronce. Prohibido irse de Bratislava sin conocer a Čumil, la escultura más famosa de la ciudad.

El viaje ida y vuelta en bus es práctico y económico. Quienes quieran una variante más pintoresca, pueden ir de una ciudad a la otra navegando por el legendario y romántico río Danubio.

25/7/2015

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