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Costanera Sur

Lo que fue el balcón hacia el río

Por Arq. Julio Cacciatore
Fundación TIAU

Fotos: Gisela Grunin

Costanera SurBuenos Aires creció asomándose desde una planicie, la de la pampa hacia otra, la del Río de la Plata. Ambas planicies se vinculaban por una costa barrosa y una barranca de perfil irregular que aun se percibe en ciertos lugares de la ciudad como la Plaza San Martín o el Parque Lezama. Al construirse el Puerto Madero a fines del siglo XIX, se rellenó una franja costera llevando al río un kilómetro afuera con lo que rompió su relación directa con la ciudad.

En la segunda década de este siglo, y bajo la intendencia de Joaquín Llambías, se decidió emplazar un paseo costanero que configurara un nuevo balcón de la alejada ciudad hacia su río. Nació así la Avenida Costanera Sur que fue proyectada hacia 1916, inaugurada en 1918 y ampliada en 1925 y que constituyó durante décadas uno de los paseos obligados de los porteños.

Se la diseñó como un bulevar de unos 3 km. de longitud, separado del río con un borde formado por una ancha vereda desde donde se accedía a otra en nivel más bajo que a su vez bajaba hacia el agua a través frente continuo de escalinatas. El bulevar tenía dos calzadas separadas por jardines arbolados y ornamentados por esculturas. El proyecto original fue de los ingenieros Benito Carrasco y José Quartino, interviniendo los afamados paisajistas Jean Claude Forestier y Carlos Thays. El bulevar, que se dividía en tramos de diversos nombres se comunicaba con el centro de la ciudad a través de la calle Viamonte y las Avenidas Belgrano y Brasil que atravesaban los diques del puerto, creando las dos últimas arterias nudos de distribución valorizados de distintas maneras.

Fuente de las Nereidas - Lola MoraAsí en el remate de la Avenida Belgrano se dispuso una pérgola semicircular con el monumento a Luis Viale, heroico náufrago del vapor América. Y en la intersección con la Avenida Brasil se ubicó la famosa Fuente de las Nereidas, obra de la tucumana Lola Mora, trasladada desde su emplazamiento original en el centro de Buenos Aires hasta este lugar, algo más alejado, para no ofender a los pacatos porteños escandalizados por las figuras desnudas que exhibía el grupo escultórico. Asimismo, se creó una prolongación con forma de espigón bajo la cual se encontraban vestuarios y otras comodidades para los bañistas de una época de río con aguas no contaminadas. En ese espigón, Carlos Thays hizo plantar tipas y para la manzana de enfrente, del lado de la ciudad, se creó un ajardinamiento de diseño versallesco con un sector en forma de gradas conformando un teatro griego, hoy desaparecido.

La franja central del bulevar asumió formas y usos diferentes. El trecho norte, entre Avenida Belgrano y la calle Viamonte (cuya parte costera se llamó el Bulevar de los Italianos), fue un jardín de paseo bordeado por esbeltos álamos también plantados por Carlos Thays y en cuyo punto central se ubicó un mástil de basamento profusamente esculpido donado por la colectividad italiana afincada en la ciudad. El edificio más importante en este tramo era la sede Balneario de la Cervecería Munich cuya notable arquitectura fue obra del arquitecto húngaro Andrés Kálnay. Fue uno de los lugares de moda en las décadas del 30 y 40 y hoy aloja el interesante Museo de Telecomunicaciones.

Cervecería Munich

En cambio la franja verde ubicada entre Avenidas Belgrano y Brasil, tomó distinto carácter pues fue un lugar de recreación activa. Allí, Andrés Kálnay diseñó en su lenguaje tan particular edificios para restaurantes (uno de ellos, el llamado Brisas del Plata, subsiste abandonado) y kioscos. Estas construcciones debieron convivir con otras transitorias que hicieron del lugar un parque de diversiones muy frecuentado, con sus calesitas, trenes fantasmas, autitos chocadores y otros entretenimientos que hicieron las delicias no sólo de los niños sino de los habitantes de Buenos Aires en general hasta la década del 50. Una población que concurría además asiduamente a refrescarse en las aguas y había incorporado el pasear por la Costanera Sur como uno de sus rituales.

Tras tres décadas de vida activa, la “Costanera” (así se la identificaba, a secas), fue poco a poco entrando en olvido. El público optó por otras zonas de expansión, la Avenida Costanera Norte, las playas suburbanas también del norte. Las restricciones al acceso por la zona portuaria y la contaminación des aguas marcaron la decadencia de este paseo que solo continuó frecuentado por habitantes de barrios cercanos de la zona sur. En la década del 60 el proyecto, nunca totalmente concretado, de la Ciudad Deportiva de Club Boca Juniors pareció intentar una revitalización. A fines de la década del 70, bajo la intendencia del brigadier Osvaldo Cacciatore comenzó la tarea de rellenar unas 300 hectáreas a partir de la costanera hacia el río, con la intención de emplazar allí un centro administrativo comunal que quedó en intenciones. Con posterioridad, al surgir espontáneamente una flora y fauna que se supuso recreaban el paisaje autóctono de la zona, la superficie rellenada se ha transformado en una reserva ecológica que constituye otro lugar de interés. Pero con ella la Avenida Costanera Sur ha dejado de ser el balcón de la ciudad hacia el río.

Tras permanecer bastante olvidada por los porteños y por los funcionarios del gobierno de la ciudad -pese a la profusión de planes para su revitalización como una prolongación natural de la del área del antiguo Puerto Madero- en estos últimos tiempos se advierten síntomas del interés de esos funcionarios para que la Avenida Costanera Sur continúe siendo uno de los más bellos paseos de la ciudad de Buenos Aires. Esperemos que a lo bello se agregue lo concurrido.

Revista Soles - Nº 73
Enero - Febrero de 2001

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