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Los secretos escondidos del Mar Negro

Por Mariano García
@solesdigital

Las “Arenas Doradas” del Mar Negro, sobre la costa búlgara, son una de las pocas joyas escondidas que quedan en Europa sin haber sido explotados por el turismo globalizado. Ubicadas en el límite oriental del viejo continente, ofrecen una refrescante salida al mar hacia el este para el caluroso verano balcánico, en un entorno social preservado casi exclusivamente para los locales y sus vecinos.

Recientes descubrimientos arqueológicos en la zona agregan valor cultural e histórico, convirtiendo a las playas búlgaras en una de las mejores opciones para quienes se animen a explorar los márgenes de la geografía europea.

Para el turismo internacional (y los múltiples operadores de viajes, sitios web de hotelería y paquetes, etc), decir “Golden Sands” en Bulgaria es sinónimo de Varna, la primera opción, pero no siempre la mejor, que se ofrece al viajero que busca pasar unos días en la costa búlgara. Con resorts 5 estrellas que dominan y acaparan la costa, Varna se perfila como una plaza de alto poder adquisitivo y lujo, sobre todo para los vecinos rusos que provienen del otro lado del Mar Negro.  Pero a Varna llega el turismo premium de todos los países con los que Bulgaria comparte el mar interior: los turcos provenientes de Estambul, ubicada apenas a 350 km hacia sur pero con aguas mucho más contaminadas; ucranianos que buscan una opción más cálida frente a las septentrionales Odessa o Yalta, y los ya mencionados rusos, atraídos por la cercanía geográfica, lingüística y cultural de sus “hermanos menores” del mundo eslavo.

Cercanos a Varna, se encuentran destinos de lujo como los modernos resorts Sunny Beach y Elenite, emplazado sobre un terreno deshabitado hasta 1985, cuando se construyó este complejo turístico internacional. También pequeños pueblos antiguos como Nessebar y Sveti Vlas;  que en conjunto forman una suerte de megalópolis del turismo estival en el país.

Burgas: Opción alternativa con gusto local

Para quienes quieran apartarse aquel corredor principal, la opción alternativa es la vecina Burgas, que con poco más de 200 mil habitantes es la cuarta ciudad más poblada de Bulgaria (precedida precisamente por Varna, y luego de Plovdiv y Sofía).

Reservada para el turismo local, con hoteles familiares y convenciones de fin de semana, Burgas es el principal punto de llegada a la región gracias a su aeropuerto, sus conexiones por tierra hacia el interior  del país y a la presencia del puerto marítimo más grande Bulgaria. Aunque el turismo internacional prefiere utilizarla solo como escala, rumbo hacia el corredor VIP localizado 30 kilómetros al norte, lo que hace que en Burgas casi no se encuentren extranjeros veraneando.

Por eso, Burgas es el lugar ideal para estar en contacto directo con las costumbres locales, pasar unos días de playa al mismo estilo que los búlgaros, y olvidarse de las trampas, sobreprecios, o circuitos hechos a medida de la comodidad y la billetera del turista extranjero. Esto puede hacerse sorteando ciertas dificultades obvias, como la comprensión de un alfabeto y una lengua completamente ajena al mundo latino. Quizás una tarea simple, como pedir algo para comer y tomar en un restaurant frente a la playa, se convierta en una amable experiencia de malentendidos frente a una mayoría de búlgaros que no hablan otra cosa que su propio idioma.

Una vez familiarizados con el entorno (un diccionario de búlgaro básico no viene nada mal, y se puede descargar aquí), uno ya puede sentir como el ritmo de vida de la ciudad se mete por los poros: la despreocupada vida de playa, el paseo peatonal para hacer algunas compras, el obligado encuentro al atardecer en el muelle, algo de arquitectura socialista para los nostálgicos en el centro. Cuando uno ya reconoce a las mismas caras a la mañana en la playa, a la tarde en el muelle, y a la noche en los restaurants de la peatonal, ya puede sacar la ciudadanía honoraria de la ciudad. Y eso se logra como mucho al segundo día de estadía.

Además de las playas, Burgas ofrece en su interior un atractivo sistema de lagos y parques naturales: los lagos Vaya, Atanasovsko, Mandrensko, y los parques "Poda", "Usungeren" y "Chengene Skele".

Después de la tormenta, un encuentro con el pasado

Como si todo esto fuera poco para hacer de esta ciudad la mejor opción (aunque no la más promocionada para los extranjeros), desde hace unos días se suma un recientemente descubierto yacimiento arqueológico que mostrará a los visitantes el pasado romano de la ciudad.

El pasado 10 de febrero, una tormenta con fuerte oleaje dejó al descubierto un antiguo asentamiento romano en las costas de Burgas. Las olas retiraron la arena de la playa del balneario de Sarafowo, y permitieron que se vieran restos de antiguas construcciones y columnas. El lugar contaba además con un sistema de canalización y también se encontraron huesos de animales y un féretro.

Con estos nuevos descubrimientos se refuerza el perfil histórico y cultural de Burgas, heredera de la antigua civilización tracia, que dejó enterradas en sus arenas reliquias que dan cuenta de los primeros habitantes asentados en las costas del Mar Negro. Con este yacimiento arqueológico, perteneciente a la época romana tardía, se completa un corredor histórico que une a Burgas con la herencia de Sofía y Plovdiv como bastiones del antiguo Imperio Romano, y cuna de las poblaciones más antiguas de Europa.

Habrá que esperar a que paren las tormentas y que pase uno de los peores inviernos que Europa recuerde. Para el verano, esperemos que Burgas siga siendo un secreto para pocos.

15/2/2010   

www.solesdigital.com.ar

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