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El mestizaje cultural del paisaje andaluz

Antigua Mezquita de Córdoba, España

Por Catalina Pantuso

Fotos: Mariano García
@solesdigital

Quienes decidan recorrer Andalucía, tendrán una excelente oportunidad para repasar buena parte de la historia universal. Al visitar a algunos de sus principales monumentos se podrá comprobar que el mestizaje entre la cultura de oriente y occidente fue el signo determinante de su desarrollo y, por lo tanto, éste fue el legado que España transmitió sus colonias americanas.

Los registros históricos muestran que estas regiones estaban habitadas en el II milenio antes de Cristo y se considera que Granada fue el sitio donde se asentaron los primeros pobladores europeos. Se sabe que Acinipo (Ronda la vieja) fue ocupada en el Neolítico; quienes transiten ahora por este yacimiento arqueológico podrán observar algunas muestras pertenecientes a la Edad del Cobre y a la del Bronce, como por ejemplo una serie de cabañas circulares.

En los alrededores de Jaén abundan las pinturas rupestres y también algunos restos de arquitectura megalítica. Otro sitio relevante, ubicado en el Altiplano de Granada, es el Yacimiento Arqueológico de Castellón Alto en Galera —en él se halló una de las momias mejor conservadas de toda Europa—, donde se pueden observar los restos de la Cultura del Argar (1900-1600 a.C.).

En el Museo Arqueológico de Córdoba se exhiben diversos restos de la protohistoria: cerámicas turdetanas, exvotos; en el Museo Arqueológico de Sevilla se encuentran materiales prehistóricos muy interesantes procedentes del yacimiento de la Edad del Cobre de Valencina de la Concepción: objetos de cerámica, piedra, cobre y hueso; que deben fecharse entre el año 2.500 y el 2.000 a.C.

Los primeros conquistadores

Durante la antigüedad la Península fue un territorio rico en oro, plata y otros minerales, sistemáticamente invadido y muchas veces ocupado. Dejaron sus huellas en las esas costas mediterráneas los fenicios y los griegos quienes explotaron sus riquezas y, después de lograr sus objetivos, regresaban a sus respectivas metrópolis sin penetrar en el interior, ya que sus intereses eran estrictamente comerciales. Sin embargo algo de lo suyo dejaron. Los fenicios introdujeron la metalurgia y la pesca, mientras que los griegos plantaron olivos y vides dando origen a la agricultura.

Actualmente el paisaje rural Andalucía— en especial el de Jaén, capital mundial del aceite de oliva— se caracteriza por mostrar grandes extensiones onduladas en las que las plantaciones de olivares, trazan largas líneas de color verde oscuro. Este diseño geométrico se interrumpe, de tanto en tanto, por los enormes tambores blancos donde se acopia el popularmente conocido “oro líquido”. Mientras se transita este panorama durante varias horas, se puede recordar que la mitología griega cuenta que fue la diosa Palas Atenea quien hizo brotar el primer olivo —símbolo de la abundancia, remedio para las heridas y óleo de unción— o tal vez se escuchen los versos que el gran poeta sevillano Antonio Machado le dedicó a esta planta: “Brotas derecha o torcida / con esa humildad que cede / sólo a la ley de la vida, / que es vivir como se puede".

En el Museo Arqueológico de Sevilla, en el ámbito de la Protohistoria, se puede visitar la sala que guarda los tesoros tartésicos, los tesoros de oro de El Carambolo, Ébora y Mairena, así como algunas joyas de este período, en las que se observa la influencia de los colonizadores del Mediterráneo Oriental.

La provincia romana de Hispania

Columnas romanas en Córdoba, EspañaFue en el siglo III a.C. que los cartagineses se aventuraron en la conquista total de la Península aunque no se preocuparon por su desarrollo material ni cultural. La intervención no ofreció grandes dificultades, hasta que Roma comenzó a perseguirlos para despojarlos de sus factorías, con el fin consolidar su poder imperial.

Después de las II Guerras Púnicas (206 a.C.), Escipión el Africano estableció un asentamiento para asistir a los soldados heridos que habían luchado contra los cartagineses. Más tarde el general distribuyó entre los integrantes de sus legiones parcelas de tierra, en el valle del río Betis —actual Guadalquivir—. Este primer pueblo romano fue llamado Itálica y estaba ubicado en el territorio que actualmente ocupar el pueblo de Santiponce, en Sevilla.

La invasión del ejército romano tuvo la impronta de una verdadera colonización. Los soldados decidieron quedarse en esas tierras a las que llamaron Hispania y dividieron el territorio en tres provincias: la Tarraconense, la Lusitania y la Bética que hoy es Andalucía. Instalaron sus instituciones —la organización municipal y el derecho romano—; impusieron el latín como lengua; construyeron caminos, murallas, puentes y acueductos; edificaron templos, anfiteatros, circos, baños públicos y también introdujeron la religión cristiana. Si bien no se sabe con certeza desde cuando los judíos se asentaron en Hispania, es seguro que se conformaron como una verdadera comunidad durante período.

Los romanos dieron nuevo impulso a Cádiz (Gades) y Málaga (Malaca) que ya existían y fundaron las primeras grandes ciudades de Andalucía: Itálica (junto a Santiponce, en Sevilla), Sevilla (Hispalis), Écija (Astigi) o Córdoba (Corduba) que era la capital de la Bética. De este modo Roma fundó a España. Por su parte la antigua Hispania proporcionó a Roma no solamente metales preciosos, lana, trigo, aceite y vinos sino que le dio también cinco emperadores— Galba, Trajano, Adriano, Máximo y Teodosio—, que cumplieron un papel fundamental en la unificación geográfica, cultural y espiritual del Imperio. No hay que olvidar que el filósofo Séneca y el escritor Lucano nacieron en la provincia Bética.

El patrimonio romano de Andalucía

Actualmente pueden visitarse en esta Región varios monumentos de aquellos tiempos. Se conservan acueductos en Cádiz y en Granada; se mantienen restos de ciudades romanas con sus murallas, calles, templos, puentes y necrópolis, en Málaga, Sevilla y Cádiz. En la provincia de Córdoba vale la pena dar una vuelta por la Villa romana de El Ruedo (Almenidilla), donde se encuentran las antiguas termas privadas y la necrópolis.

Para comprender la importancia de la herencia romana en la cultura española se hace imprescindible recorrer las Ruinas de Itálica, que se encuentran a sólo 7 km. al noroeste de la ciudad de Sevilla. Tal como se dijo más arriba ésta fue el primer asentamiento romano de la Península.

Si bien Itálica logró su status de municipio y el derecho a acuñar moneda durante la época de César Augusto, alcanzó su periodo de mayor esplendor cuando dos de sus hijos se convirtieron en emperadores romanos: Trajano y Adriano. Ambos fueron muy generosos con su ciudad natal, promoviendo el crecimiento urbano y el desarrollo económico. Fue Adriano quien ordenó la construcción de la ciudad nueva que es la que constituye el actual Conjunto Arqueológico. La ciudad vieja, que fue habitada hasta los tiempos de la ocupación musulmana, se encuentra bajo el casco urbano de Santiponce.

Entre los restos de lo que fue la ciudad nueva se deben destacar algunos espacios específicos como el anfiteatro que, con una capacidad para 25.000 espectadores, era uno de los mayores del imperio; el teatro, que está considerado como la obra civil más antigua de Itálica; el templo dedicado al emperador Trajano (llamado traianeum); las termas con sus baños, saunas, salas de masajes y las piletas de agua caliente y fría. Por último se encuentran las casas que habitaron las familias patricias del imperio.

Otro monumento arqueológico importante es el Teatro Romano de Málaga que está situado al pie del cerro de la Alcazaba. Fue construido en la época de Augusto (Siglo I a.C.7). Durante la dominación musulmana sufrió un gran deterioro porque fue utilizado como cantera para la reestructuración de la Alcazaba. Permaneció enterrado durante siglos y se encontró, por casualidad, en 1951. El turista que traspase el grueso muro que servía de protección y cumplía una función acústica, podrá ver el imponente anfiteatro —31 metros de radio por 16 metros de alto—, donde se ubicaban los espectadores; la orchesta, un espaciosemicircular de gradas más bajas, en la que se ubicaban los personajes importantes de la ciudad y, por supuesto, el escenario donde se representaban los espectáculos.

En el Museo Arqueológico de Córdoba se encuentran urnas y estelas funerarias; la reproducción de un cementerio con un conjunto de nichos, donde se colocaban las urnas cinerarias (columbario); distintas piezas que decoraban las villas romanas; el busto y el retrato de Adriano y las esculturas de las diosas Mirtha, Venus y Diana. También en el Museo Arqueológico de Sevilla se exhiben restos de la ciudad de Itálica; monedas antiguas; una colección de mosaicos y piezas de cerámica; los retratos de los emperadores Trajano y Adriano y estatuas de algunos dioses de la mitología grecorromana.

Recientemente, los arqueólogos del Ayuntamiento de Carmona (Sevilla) descubrieron, en el casco histórico de la ciudad, un enorme mosaico policromado que, según las primeras informaciones, podría haber sido elaborado en los siglos II o III d C., en plena dominación romana, y que podría corresponder al dios etrusco Vertumnus.


El dominio musulmán

Torre del Oro y Catedral de Sevilla
Torre del Oro y Catedral de Sevilla

Otros "huéspedes" de los romanos en la Península Ibérica fueron los visigodos. Poco a poco éstos se fueron convirtiendo en la clase dominante y, al producirse la decadencia del Imperio Romano, se establecieron como un nuevo estado. Sin embargo esta situación no logró consolidarse. En 711, un ejército de musulmanes del norte de África conquistó la España cristiana e inauguró el primer y único estado islámico de Europa. Con la creación del Al-Andalus, dividido en califatos, la cultura española se diferenció claramente del resto de Europa.

Toda Andalucía se engalanó con el refinado arte andalusí o hispanomusulmán. Las antiguas ciudades fortificadas de los romanos fueron reemplazados por las alcazabas, las ciudadelas amuralladas, que pueden verse en Almería, Antequera, Granada, Guadix y Málaga.

Los califas fueron los nuevos gobernantes, y ellos crearon grandiosas construcciones de ladrillos — decorados con motivos geométricos realizados en yeso—, en las que se levantaron imponentes arcos con forma de herradura, que enmarcaban los patios de naranjos y a las hermosas fuentes de azulejos. Actualmente pueden visitarse algunos monumentos de enorme belleza. Entre los más importantes y mundialmente conocidos se encuentran: La Alhambra (Granada), el palacio donde residían los últimos reyes musulmanes hasta que fueron expulsados; la antigua Mezquita (Córdoba); el palacio de Medina Azahara (Córdoba) y el campanario de la Catedral de Santa María de la ciudad de Sevilla, conocido como la Giralda, que fue el minarete —torre desde donde se convocaba a los fieles para la oración— de una antigua mezquita que ya no existe.

La recuperación cristiana

Catedral de Córdoba - Detalle interior
Catedral de Córdoba - Detalle interior

Habían pasado sólo siete años desde el inicio de la conquista musulmana cuando, desde Asturias, Pelayo inició la lucha contra los moros en la batalla de Covadonga (718). Trescientos años después comenzaba una verdadera guerra santa que terminó el 2 de enero de 1492, cuando las tropas que respondían a Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, lograron la rendición del último rey musulmán —Boabdil—, reconquistaron definitivamente Granada y unificaron todo el territorio español.

Fue, justamente, del Puerto de Palos —hoy provincia de andaluza Huelva, que fue fundada por los fenicios con el nombre de Onoba— desde donde zarpó Cristóbal Colón, unos pocos meses después de que los Reyes Católicos lograran expulsar a los moros sus dominios.

Quienes decidan pasear por estos lugares puedem visitar el histórico Monasterio franciscano de Santa María de la Rábida, construido sobre las ruinas almohades de un pequeño ribat (fortaleza-monasterio). En este monasterio Colón se entrevistó con Fray Juan Pérez y Fray Antonio de Marchena, quienes decidieron apoyar sus ambiciosos planes. Desde la entrada de “los novios” se accede a la Fontanilla, junto a la cual se encuentra el muelle del que partió la expedición exploradora.

Ni los monarcas españoles ni el almirante genovés tenían el proyecto de llegar hasta territorios, totalmente desconocidos para los europeos. Ellos sólo buscaban nuevas rutas para potenciar el comercio pero se toparon con lo nuevo. Cuando se dieron cuenta de que habían llegado a un Nuevo Mundo repitieron la historia conocida: expoliaron el oro y la plata, tal como habían hecho los fenicios; al igual que los antiguos griegos trajeron y llevaron plantas y sistemas de cultivos; como los romanos implantaron leyes, fundaron ciudades e introdujeron el cristianismo. Aprovechando la experiencia cultural de de la dominación, mestizaron la lengua castellana con palabras del guaraní, del aymará, del quechua y del náhuatl. Pero eso ya es otra historia.

15/3/2009

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