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Vivarium

Mirando la pecera

Por Juan Finn
finnjuan@yahoo.com.ar

Vivarium

Dirección y dramaturgia: Luis Di Carlo. Elenco: Paola Peimer, Jenny Van Lerberghe, Héctor Leza.
Sala: Teatro del Abasto, Humahuaca 3549, Ciudad de Buenos Aires. Tel.: 4865-0014. Funciones: Jueves 21 a las hs. Hasta el 20 de mayo. Valor de la entrada: $35.

Adentrándonos a un gran galpón oscuro y desolado, nos conducimos hacía lo que aparenta ser un muro. En realidad, son gradas con butacas, que veíamos desde atrás y que enfrentan un escenario. Allí, hay montado un pequeño galpón oscuro y desolado, donde se representará Vivarium.

Somos la cuarta pared de una habitación, con ventanas y puertas tapiadas con maderas y chapas, con varios objetos dispersos, como latas, cajones, cajas, baldes de metal y bolsas de arpillera con algún elemento no definido dentro. Somos expectantes de un espectáculo, que pretenderá no presentarse como tal.

Ruidos guturales, sonidos urbanos y gritos, desde la oscuridad anuncian el inicio de la charada. Dos mujeres y un hombre están en la escena, cuando las luces vuelven a alumbrarla. Sus diálogos nos permiten conocer que vienen escapando del caos desatado por una plaga que afecta a los humanos de una manera extraña. Una enfermedad acaso, que ni ellos mismos saben bien como se propaga, pero que puede hacer a la gente actuar intempestivamente.

Una de las mujeres esta herida, el hombre teme que así se transmita la infección. La otra mujer, embarazada, trata de calmar los ánimos, pero su exceso de racionalidad choca con la atemorizada obsesión irracional por la profilaxis que manifiesta el hombre.

La enfermedad puede ser una referencia críptica a una y mil cosas. Vivarium, podría ser una amplía forma metafórica de hablar sobre la sociedad y la massmediatización comunitaria.

Pero el planteo visual, escenográfico y argumental, parece sugerir que la intención es lograr sugestionar al público. Captar al espectador en una progresión dramática que lo lleve a empatizar con la desolación y el miedo de los protagonistas. Esto, seguramente, se irá ajustando en las siguientes presentaciones y se lograra con mejor efectividad que en esta primera performance.

A Paola Peimer le toca componer un personaje risible, y sale airosa en este primer desafío. A Jenny Van Lerberghe, le corresponde la mujer calma, con la situación más embarazosa, pero las dificultades del guión no le permiten enhebrar esa contradicción cómodamente. Por su lado, Héctor Leza debe armarse de una serie de tics y de reacciones estereotipadas, a las que no termina de darle la consistencia realista que la puesta parece proponer.

Seguramente, con algunos ajustes desde la dirección, la obra alcance el vuelo sugestivo que podría congeniar mejor con la propuesta general de la escena. Aunque, por esta primera vez, hayan sido los pequeños momentos cuasi cómicos los únicos fuertes de la presentación.

Por lo pronto, Vivarium tiene la misma emoción que mirar peces en un aquarium, u hormigas en un terrárium. A pesar de la obvia referencia, no parece ser esa realmente la intención.

30/3/2010

www.solesdigital.com.ar

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