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Spectrum Dance Theater

El encuentro en la danza

 

 

Por Estefanía Lisi
@estefania_Lisi

Fotos: Mariano García
@solesdigital
photosniper.com.ar

Cuando los integrantes de la compañía de danza contemporánea Spectrum Dance Theater irrumpieron en el escenario de la Usina del Arte de Buenos Aires el pasado sábado 19 de marzo, supimos que estábamos ante las puertas de una obra muy especial. Seguramente quienes hayan tenido la posibilidad de asistir a esa cita exclusiva, recordarán con placer aquellas 2 horas y media de magia y belleza.

El equipo, liderado por el coreógrafo Donald Byrd, demostró una imponencia escénica particular, de esas que solo podemos comparar con otras compañías estadounidenses como Alvin Ailey o Martha Graham. En una interesante combinación de suelo y aire, de contracción y de fluidez, los 11 bailarines se apoderaron del auditorio de la Usina del Arte, aquel espacio con tanta historia argentina que les abrió sus puertas.

Uno, dos, tres, cuatro. En la gran mayoría de las piezas preparadas por Spectrum, los tiempos musicales eran algo menor, así como la música. Nada tuvo tanto protagonismo como la capacidad artística y la habilidad física de los intérpretes, que se movían como peces en el agua. Podemos hablar de un grupo muy heterogéneo a nivel técnica, estilo y cuerpo, pero también somos capaces de destacar una homogeneidad y un trabajo en equipo que raras veces se pueden apreciar en la danza.

Coreografías para todos los gustos

Dentro de lo que es la danza contemporánea norteamericana y sus ramificaciones, Spectrum esbozó una línea clara que, paradójicamente, no tiene una continuidad. Composiciones lentas, que nos hablaban sobre la desorientación; dúos en los que los protagonistas no se soltaban la mano, que nos hablaban del amor y la pasión; cuadros enérgicos y veloces, que nos transmitían ira y fuerza; y piezas estrictas con tiempos casi imperceptibles en conjunto, que nos hablaban del compañerismo y del entendimiento.
Incluso, bailar en el silencio. Bailar solo con la ayuda del instinto, la memoria melódica, el recuerdo corporal y las figuras institucionalmente predeterminadas.

Bailar únicamente con el acompañamiento sonoro de su propia respiración. Permitirnos al público oírla sin recelo, conocer esa intimidad de la puesta en escena. Darnos cuenta de que ellos también son humanos, aunque no lo parezcan.

 

Encuentro de culturas

El principal objetivo de la visita de Spectrum a nuestro país era el de lograr componer un espectáculo final en conjunto con bailarines argentinos, seleccionados en una audición. Para quienes aguardábamos una pieza de algunos minutos, esta segunda parte del show fue toda una sorpresa. En 5 días, la compañía y el talentoso grupo local llevaron a cabo un programa de intercambio muy rico, cuyo resultado pudo apreciarse durante casi una hora en la Usina.

Bajo la atenta mirada de un público que ya había podido deleitarse con la cuasi perfección semejante ballet, una numerosa muchedumbre se lanzó al escenario sin prejuicios. Sin fronteras. Sin diferencias. Sumidos en contagiosas sonrisas, compartiendo un momento en común, único. No entre ellos, sino con todos.

Fue en ese instante en el que hubo una verdadera unión. El folklore argentino se fundió en un abrazo con el hip hop estadounidense, mientras que la música country se fusionó con una chacarera y el tango se mezcló deliberadamente con la danza contemporánea. A veces, en la negociación está el punto de encuentro.

27/3/2016

www.solesdigital.com.ar

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