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La noche antes de los bosques

Mike Amigorena,
en una sociedad bien domesticada

 Por Cecilia Fiori
ceciliafiori@hotmail.com

Mike Amigorena

La noche antes de los bosques rescata todo aquello que queda en los bordes de las sociedades “bien domesticadas”. Su autor, Bernard-Marie Koltés, fue uno de los dramaturgos franceses más destacado del Siglo XX tal vez, justamente, por esa extraordinaria capacidad que tenía para rescatar lo marginal de la sociedad y mostrarlo con ese lenguaje ácido que llevaba siempre implícito una profunda crítica al status quo.

El texto de esta obra es impecable y le propone al espectador la maravillosa tarea de ponerse a trabajar. No es una obra pasatista. Si uno quiere ir al teatro a “pasar un rato” será mejor que elija otra opción. Lejos de esto, La noche antes de los bosques nos empuja a zambullirnos en nuestro interior y a bucear entre aquellas sensaciones de opresión que seguramente todos hemos experimentado en esta ciudad cosmopolita.

La problemática de la definición del ser a partir de la territorialidad es una de las cosas que en esta obra entran en conflicto . Pese a que todas las grandes ciudades tienden a aproximarse y parecerse en sus mecanismos de domesticación, Koltés muestra como no es lo mismo experimentarlo en el terruño propio que en el ajeno. Aparece así la tensión de ese ser que, sintiéndose un permanente extraño, intenta sobrellevar como puede la enajenación que le produce aquel espacio en donde no puede ser más que un extranjero, un perfecto desconocido.

Cuando la obra se inicia, el juego se abre y es imposible no jugarlo. Uno comienza a tratar de establecer relaciones, de encontrar recorridos lógicos (¿o ilógicos?) antes un texto fragmentario. El guión que está colmado de excelentes descripciones, al mejor estilo cortazariano, nos sorprende constantemente con giros y más giros.

La circularidad está presente y no de manera casual. Hasta en la misma escenografía aparece el concepto de lo esférico y lo cíclico. Sobre el escenario se ha montado, con mucho atino, un dispositivo que realza justamente el plano del ida y vuelta, del escape y del eterno regreso a esa “jaula” circular que se ciñe por encima del pequeño hombre que corre y corre pero que siempre está anclado en el mismo lugar.

Cabe aclarar que lo de “pequeño hombre” es sólo figurativo , y sirve para representar la potencia del texto y del mecanismo opresor, porque sobre las tablas es imposible no quedar cautivado por un gran Mike Amigorena que brilla con todo su esplendor. Su presencia escénica y la expresión que cobra a través del impactante uso que hace del lenguaje corporal, dan cuenta de la talla de este actor. En La noche antes de los bosques, Amigorena demuestra tener la capacidad necesaria para soportar el éxito masivo de una tira de TV (Los exitosos Pell$) sin embriagarse.

La noche antes de los bosques podría sin dudas analizarse en paralelo a un texto del filósofo polaco Zygmunt Bauman ya que en algún punto pareciera que una y otra obra dialogaran.

En un libro, llamado Lesgisladores e intérpretes, Bauman sostenía que el pasaje de la premodernidad a la modernidad se caracterizaba por un proceso de transformación en donde las sociedades habían pasado de ser “culturas silvestres” a “culturas de jardín” (culturas cultivadas). Producto de este cambio, también se había trastocado la relación del hombre con su mundo, con su entorno social. El hombre premoderno dejaba definitivamente de ocupar un rol de “guardabosque” para llevar adelante una labor más propia a la de un “jardinero”.

De esta manera, el guadabosque que sólo se ocupaba de cuidar y preservar el bosque de peligros externos, abre el paso a la figura del jardinero. Este último será quién emerja de la misma sociedad para moldearla a su antojo: la podará, le quita las malezas, le pondrá tutores para que las plantas crezcan según lo establecido y demás, haciendo que el bosque mute definitivamente a un jardín “bien cuidado”.

La pregunta que necesariamente surge es sobre la existencia o no de la posibilidad de atravesar libremente el bosque sin ser puestos en el sendero, sin ser colocados nuevamente en el camino, por aquel jardinero, que siempre se preocupa de que andemos “ bien derechos”

Así, La noche ante de los Bosques, se constituye enuna obra cautivante y convocante. Un relato maravilloso para repensar los mecanismos de control que caen sobre el ser humano moderno.

5/2/2010

www.solesdigital.com.ar

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