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La llave Marylin

La embestida del inofensivo (domingo)

Por Agostina Dattilo
agostinadattilo@hotmail.com

Sobre textos de Laura Yasan. Actuación y Puesta en escena: Susana Yasán. Música en vivo: Barbara Pinto Oliver. Música original: Sergio Vainikoff.
Sala: Taller Del Angel. Mario Bravo 1239, Buenos Aires. Funciones: sábados a las  20.30 hs. Entradas: $30 y $25

La llave Marylin es un libro inédito de Laura Yasán ganador del premio Casa de las Américas Poesía 2008. Hoy su hermana, Susana Yasán, se presenta en el taller del Ángel con un unipersonal cargado de emoción y expresión que trabajó en base al texto poético.

En una puesta intensa, la actriz se pone en la piel de una diva, una mujer iluminada por el encanto y el brillo. Como la Monroe, y como tantas otras mujeres sepultadas por el éxito y amadas por el anonimato de la multitud, que solas y acompañadas por su conciencia y su extrema soledad, se encuentran cada domingo, seducidas y provocadas por el masculino suicidio.

“¿usted cómo lo hace?
¿sabía que usted va por la calle con la palabra nunca entre los ojos
y todos leen que come de la olla
que duerme solo
que llora a gritos contra el  botiquín
que los domingos piensa en matarse
los lunes maldice su falta de valor
el martes se compone
el viernes va a un lugar donde la gente se conoce
pero se siente un vidrio
una columna
una capa de polvo entre el ruido y la noche?
y los demás se besan en la boca
y ríen y se abrazan como si el mundo fuera a colapsar”

 

La poesía de Laura Yasán no habla solo del abandono, ni del desamor. No se refiere a la edad ni al paso del tiempo. Es un colapso, un estado profundo que no tiene retorno. Es una depresión absoluta, tan cínica como las palabras que esboza su voz. A través de los versos se percibe la frustración, el dolor y la vergüenza. La nitidez aún en aquel estado inconsciente. La comprensión, la procesión interna, la decisión y el sentido. A medida que se acerca el final ―anunciado, definido y hasta deseado por nosotros (los de las butacas) que creemos no poder resistir más aquella exposición del  dolor― esa ingrata lucidez irá afinando cada vez más la pluma de la decisión. Hay un solo destino ante semejante sabiduría producida por la erosión de la soledad.

“…no gimen las esposas
pican sobre la tabla la carne del silencio
no preguntan
no sueñan
entregan cada noche un eslabón
y los mastines de la costumbre
renuevan su alianza.”

 

Hay, en este cóctel, espacio para el humor y la ironía. Para la burla de sí misma ―de ella, de la suicida―. Así y todo, con los motivos y las motivaciones, con la decisión y el coraje ―y la cobardía―, de todos modos alguien molesta al suicida. Le obstaculiza el camino, le exige más, más y más. El domingo no hay armas, nadie contestará nunca ese teléfono y el reclamo quedará para mañana. Imposible pensar que la muerte querrá llevarse una diva por la ventana. Ni por el balcón. Y menos, dice, caerá por la terraza.

Susana Yasán realiza un trabajo muy emotivo. La expresión de su cuerpo intima contantemente con sus palabras, con sus gestos. El apogeo y la madurez de su belleza son suficientes junto al vestido blanco que lleva. Hay algunos objetos ―el teléfono que no suena y no llama a nadie, la celda de la cama, el calor de un sillón y una máquina de expresión (de escribir) y muchas hojas, muchas palabras que son gritos en silencio de su dolor. La acompaña en escena, gran parte de la pieza, un incisivo violín en manos Bárbara Pinto Oliver ejecutando de forma sutil la música compuesta por el talentoso Sergio Vainikoff. El resultado es armonioso y bruto. Bello y crudo. Como la poesía.

13/7/2010

www.solesdigital.com.ar

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