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La ternura

De un silencio asesino

Por Javier Cardenal Taján
xabi10xabi@gmail.com

La Ternura

De , con traducción, versión y dirección de Hugo Alvarez. Intérpretes: Hilario Quinteros, Mariano Mandetta, Eva Kal y David Sznek. Escenografía y vestuario: Gabriela Fernández. Iluminación: Martín Antonini. Música: Fabián Kesler. Asistente de dirección: Rodrigo Monti.
Corrientes Azul, Corrientes 5965; 4854-1048. Jueves y viernes a las 21 hs. Entrada: $15. Duración: 70 minutos.

¿Cuán permisiva puede ser una ciudad conservadora como Estocolmo con dos infectados de HIV a mediados de la década de 1980? ¿Hasta qué punto sus familiares pueden asimilar esa proclamada derrota por partida doble, la de poseer un hijo homosexual y a su vez verlo expuesto a las garras de la muerte? La pieza del autor sueco Jonas Gardell nos habla de la irrupción abrupta, sin preaviso alguno, del SIDA. En aquellos albores poco se sabía de la enfermedad y comúnmente se la denominaba con el mote discriminatorio de "peste rosa".

Los protagonistas de la obra, dirigida por Hugo Alvarez, son Hilario Quinteros y Mariano Mandetta que interpretan a Benjamín y Rasmus. Ellos conforman una joven pareja gay sueca que afronta todos los días los síntomas o caprichos de una enfermedad de la cual no se sabe mucho. Rasmus es el primero en contraerla, su figura comienza a languidecer, la perdida de peso es notoria y las manchas de ulceras se hacen presente en su humanidad. Sin embargo comienza la obra demostrando zozobra por su futuro inmediato y desafía a la muerte con un tono picaresco y humorístico. De esta manera se despliegan sobre escena delicadas situaciones amorosas que salen airosas en cuanto a la representación del amor entre dos hombres. La ternura presente en el enamoramiento que ambos demuestran es verosímil.

Tal vez las actuaciones sufran desencantos espasmódicos al transitar estados que oscilan entre la desgarradora cercanía de la muerte y un letargo banal que por momentos denota la obra –sobre todo a partir de la irrupción de los padres de Rasmus-. La obra concebida originalmente para la televisión sueca, toma un tono más adecuado o endosable a la caja diabólica a partir de la entrada en escena de las visitas.

El conflicto explota cuando Rasmus, que no quiere revelar su enfermedad ante sus padres, lo hace impulsado por Benjamín. La confrontación generacional es evidente, pero chata, los planteos tal vez carezcan de suficientes sustentos o profundidad que hagan de ellos una discusión concienzuda y acabada. Pero no podemos dejar de recordar que la pareja de padres son dos trabajadores jubilados oriundos de Karlskoga, pequeño pueblo del interior de Suecia. Muy temerosos ante los signos de deterioro de su hijo más la avenencia de un final próximo dejan caer sobre ellos un velo de conservadurismo infranqueable.

El padre de Rasmus a duras penas reconoce en ese ser subyugado por fuerzas extrañas a su pequeño muchacho. Tanta es su repugnancia que se refiere a la comunidad gay como "los otros" marcando el miedo a lo distinto en una clara diferenciación de índole antropológico entre heterosexuales y esa otra cultura, lejana y aparentemente anormal, los homosexuales. La madre se muestra algo más compasiva pero siempre soslayada por la figura dominante de su marido que tiene la última palabra.

Los miedos, la discriminación y los prejuicios saltan a escena en una pieza que trae a la reminiscencia colectiva los sinsabores que viven los enfermos de SIDA. El final nos enfrenta a una cruda verdad, a casi tres décadas de la aparición mundial de la enfermedad, son muchas las voces que callan y giran el rostro en vez de tender una mano compañera y solidaria.

18/4/2006

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