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La Novia

Sí, quiero (que alguien se enamore de mí)

Por Agostina Dattilo
agostinadattilo@hotmail.com

Idea y Dramaturgia: Deby Wachtel. Actúa: Deby Wachtel. Dirección: Gabriela Prado
Sala: El Camarín de las Musas. Mario Bravo 960, Buenos Aires. Tel.: 4862-0655. Funciones: domingos a las 19 hs. Hasta el 4 de julio. Entradas: $35 y $25.

“…Quiero que un hombre me pinte el cuerpo con flores…”

Sofía tenía un sueño recurrente, que le pesaba tanto como su propia historia. Un sueño simple —como el que cualquier mujer alguna vez haya tenido—, pero que para ella no seria fácil de cumplir. Casarse, ser la reina y la dueña de la ceremonia parecen imposibles para esta mujer, joven pero avejentada.  Ahogada en la soledad de su flauta y la miseria de su anonimato, debe soportar, encima, que cientos de mujeres desfilen por el pasillo blanco hacia el altar frente a sus ojos en cada boda. Ella es quien toca la marcha nupcial hasta que un día envestirá su atril para vestirse de blanco y hará cualquier cosa para convertirse —al costo de su propia locura— en la Novia.

Desde aquel pequeño lugar que ocupa hace años, ella ha sabido estudiar cada detalle y cada gesto, ha interceptado cada mirada que en la sinagoga se disparaban invitados y estrellas. Testigo secundario de las más bellas historias de amor y los más conmovedores compromisos,  los años y su rencor la convirtieron en una especialista en novias. Sus palabras no admiten otra expresión que odio y envidia hacia todas las novias posibles. Su resentimiento y su descargo alcanzan incluso a su madre, a quien culpa por su propia desdicha “heredada” por haber conocido a su padre en el Cementerio Judío de la Tablada, donde se decía que no prosperaría nunca un matrimonio.

Idea y dramaturgia son también de su protagonista, Deby Watchel, y como es ya propio de esta realizadora, la música y la poesía —en este caso de Juana Bignozzi— ocupan un lugar de privilegio en el relato. La obra es un grito escondido de Sofía, un canto de represión que da lugar a un monólogo corto e intenso. La escenografía es escueta pero poderosa: el camino blanco hacia la felicidad que Sofía añora será su vestido, larguísimo, tan largo como llamativo, como si representase todos los casamientos posibles. Son metros de fracaso volcados sobre un cuerpo cansado, pero que nunca pierde su faro: ser novia, casarse aunque sea con un muñeco, y ser estrella de esa boda soñada que ni la mismísima Elizabeth Taylor —famosa por sus ocho matrimonios— podrá evitar.

La Novia no es una obra cómica, pero logra provocar la risa, ante la trágica y dolorosa realidad de su protagonista. Una puesta que se resume en el talento y la energía que solo la placentera combinación de palabras, poesía y  melodía pueden entregar.

2/6/2010

www.solesdigital.com.ar

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