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Borges y Arlt, mano a mano

Por Javier Cardenal Taján
xabi10xabi@gmail.com

Borges y Arlt, un encuentro imaginario

Obra: Borges y Arlt, un encuentro imaginario. Dirección: Jorge Arnaldez Santoro. Actuan: Diego Fernández, Carlos Sánchez, Ayelén Canay. Lugar: Café Tortoni. Dirección: Avenida de Mayo 829, Buenos Aires. Funciones: Sábados a las 18 hs. Reservas: 15-5-614-0805.

“Borges y Arlt, un encuentro imaginario” reúne a dos de las personalidades más atrayentes a la hora de mencionar la idiosincrasia literaria de nuestras tierras. Uno por haber traspasado toda frontera y ser convertido en estandarte de la cultura criolla. El otro por haber sido el más criollo y calavera de los cultos.

Jorge Luis Borges, el que a pesar de haber hecho una obra en torno a la Reina del Plata, sus barrios, figuras y cuatreros, se le enrostró no haber sido “tan argentino” como vaya a saber uno quién (un reclamo que persiste actualmente), se sienta a dialogar con ese Roberto Arlt que no se correspondía con el estilo modernista imperante y se tildaba de desprolijo, cuando no de ignorante y hasta analfabeto.

En esta puesta de Jorge Arnaldez Santoro, los dos literatos mantienen un encuentro extenso, que muy pocos hubieran considerado probable estando en vida los protagonistas, entre las paredes del Gran Café Tortoni que se enorgullece de recibir a fieles habitúes de antaño. Es desde la muerte que Borges y Arlt dialogan sobre lo que fueron sus vidas, anhelos, inquietudes y búsquedas artísticas. Miran desde allí sus triunfos, sus fracasos y miserias. Contemplan ese Buenos Aires que tanto amaron. La charla, delimitada desde un principio por dos personalidades opuestas, se irá ablandando para recomponerse en la fundación de una amistad post mortem. 

Este encuentro de grandes nos sabe mostrar la esencia de ambos autores. Con Arlt que supo captar las necesidades genuinas y populares de la sociedad dejando a un lado las esnobistas. Con las pujas de Florida y Boedo –aunque ya bien le hubiese gustado a Borges pasarse de bando al menos por un rato considerando que siempre pensó que Buenos Aires comienza de Rivadavia hacia el sur–.

Recreando al Georgy condicional de ‘madre’, el de amistades de la high class afincadas en las tierras altas San Isidrenses como las hermanas Ocampo, o el pituco Bioy y sus postales de fina estampa a saco cuadrillé y pitucones dando aire de catedrático anglosajón; de las quintas de Adrogué, la neblina de Zurich, el Sena y la Torre Eiffel. Como contratara Arlt se nos aparece como el escritor atormentado por deudas y una siempre paupérrima situación económica. El del apuro, el nerviosismo y la hiperactividad traducida en su fe y espíritu de lucha. Aquel que fue de todo para traer el mango al hogar: periodista, viajero, novelista, dramaturgo y hasta inventor. El hijo de inmigrantes humildes que se hacía de amistadas poco sensibleras: rufianes, falsificadores y pistoleros. Los mismos personajes que Borges enaltecía en sus cuentos de guapos y cuchilleros.  

Borges el sublime, el genio. Arlt el que se afianzó a la idea del commom man en palabras de Andrew Jackson, y que ahora contempla desde un más allá como muchos de sus colegas espetan por lo bajo y no tan bajo un categórico: “Si me apurás, te digo que Arlt fue más que Borges”.

7/10/2009

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