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Hija de Aka Yaraa

Porteños perdidos; alimento del mito

Por Agostina Dattilo
agostinadattilo@hotmail.com

Dramaturgia y dirección: David Rubinstein. Actúan: Patricio Aramburu, Javier Barceló, Rita Gonzalez, Federico Liss, Paula Manzone, Daniel Miranda, Anahí Pankonin.
Sala: El Camarín de las Musas. Mario Bravo 960, Buenos Aires. Entradas: $35 y $25. Funciones: Viernes a las 20 hs. Hasta el 26 de noviembre.

A orilla del correntino Río Aguapey, dos lugareños, Mirko y Lidomira, levantaron un camping para sobrevivir. Ellos están al cuidado de La Ichi, ―hija del Aka Yaraa, una especie de fiera-niña-mujer hija de un ser mitológico y de una mortal―. Allí llegaran cuatro porteños: una pareja en crisis que busca paz y dos amigos mochileros muy especiales en busca de aventuras.

De porqué la Ichi es secretamente cuidada por Mirko y Lidomira no sabemos mucho más que alguna especie de pacto entre ellos y Aka Yaraa: cuidado y ofrendas para ella y, a cambio, los humildes pescadores gozarían un porvenir optimista.

La intervención del público es un eslabón fundamental que completa cualquier pieza artística. Una película, una pintura o en este caso una obra teatral dejan, muchas veces, un gran margen para la comprensión y significación de la misma, más allá del deseo o intención de su creador. En esa lógica, la intención puede estar marcada por un final abierto, una temática abstracta, o un recurso de puesta que acuda al despertar el imaginario de los que están sentados enfrente. En el caso de Hija de Aka Yaraa ­queda la sensación de que hay cuestiones desde lo argumentativo que no se despliegan con la misma claridad que después uno puede leer en una gacetilla, y esto ―la desinformación― parece no ser en este caso intencional.

No es que sea una cuestión fundamental y elemental para constituir una gran obra, pero durante el desarrollo de la pieza se cuenta una historia interesante desde lo cultural, lo autóctono, y lo místico, que bien podría profundizarse más para crecer en riqueza, sostenido en la profunda e intensa investigación que se realizó para escribirla.
 
De todos modos durante ochenta minutos reina el suspenso y la risa. El grupo Carne de Cañón realiza un trabajo sin fisuras, con actuaciones convincentes ―algunas divertidas y otras que trasmiten un miedo absurdo pero asustadizo en fin―. Con estos elementos y una puesta en escena realista, justa desde el punto de vista escenográfico y sumamente creativa en la iluminación. Son los personajes quienes iluminan la mayoría de las escenas con objetos que son parte de la historia, como faroles, encendedores, linternas, y hasta un celular se convierte en un guiño contemporáneo del director, en una escena cargada de nervios, suspenso, algo de erotismo y mucha energía: será el primer ataque de la Ichi que pondrá al descubierto la inestabilidad emocional de la pareja y la indiferencia y la falta de comunicación y conexión entre los amigos.

Carne de Cañón nació a comienzos del año 2006. Su primer proyecto fue la adaptación al teatro de la historieta El Eternauta, que dio como resultado la obra Zona Liberada, un espectáculo con el que trascendieron el under. Con Hija de Aka Yaraa activan nuevamente esta búsqueda introspectiva en el seno del territorio argentino, su cultura y sus raíces con la utilización del  teatro como vehículo.

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