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Emir Kusturica

El lado oscuro del romanticismo balcánico

Por Mariano García
@solesdigital

Al director de cine y músico serbo-bosnio Emir Kusturica le cuesta cada vez más sostener por el mundo su imagen de héroe romántico de los Balcanes, y mucho menos su autoproclamado rol de difusor de la cultura gitana de aquella región europea. Si hasta hace poco las declaraciones y conductas de Kusturica se podrían calificar al menos como controversiales, sus últimas apariciones públicas le dan la razón a quienes desde hace tiempo lo señalan como un cínico impostor.

El polémico Kustu, que habitualmente se siente a gusto provocando desde sus films o desde el escenario, esta vez no pudo salir del laberinto de sus propias contradicciones, y generó un escándalo que está dando mucho que hablar.

El incidente sucedió cuando Kusturica recibió en su casa de Mokra Gora (el pueblo de Serbia donde vive actualmente) a un equipo de 6 profesionales de HTV (la televisión nacional de Croacia) encabezado por el periodista serbio Aleksandar Staković. La entrevista no duró más que 22 minutos, después de los cuales el entrevistado estalló en ira, e insultos mediante les sustrajo el material grabado.

El lado oscuro de Kusturica asomó nuevamente en relación a su apoyo al criminal de guerra serbio Slobodan Milošević. Una vez más, sus explicaciones dejaron mucho que desear.

De acuerdo con el sitio web Net.hr, cuando Aleksandar Stanković le pregunto por qué estaba tomando whishy con  Milošević mientras el genocida serbio bombardeaba Sarajevo (precisamente, la ciudad donde nació Kusturica), el cineasta contestó que en aquel momento era su obligación  porque por entonces le habían otorgado la Palma de oro en Cannes.

Recientemente, Kusturica había dicho que para él Milošević era un  “personaje shakespeariano”, porque desde la cárcel de Sheveningen había estado mandando a escondidas mensajes amorosos a su esposa Mirjana. Ya que la próxima película de Kusturica será rodada en Israel, el ácido Stanković le preguntó entonces si le diría al pueblo judío que Hitler también era shakesperiano cuando intercambiaba caricias con Eva Braun en el bunker.

Queriendo patear la pelota al campo contrario, ya sin argumentos decentes a mano, Kusturica cavó su propia tumba al querer cambiar de tema a toda costa y hablar sobre  “los legionarios croatas que mataban a los serbios por Croacia”.

Fue el pie que necesitaba el serbio Stanković para ponerlo al borde del K.O; pues inmediatamente le pidió que explicara su apoyo al general croata Ante Gotovina, al que le están haciendo juicio en la Haya por crímenes de guerra durante la guerra de los Balcanes. Seguramente la mayoría de quienes llenan conciertos de la No Smoking Orchestra de Kusturica en Argentina, Latinoamérica y Europa, festejan sin saberlo frases que el cantante Nelle Karajlić entona en sus temas, como “tko ne voli Gotovinu, uvalim mu osovinu” (algo así como “al que no lo quiere a Gotovina, rómpanle el culo”).

Sin más respuestas para dar, Kusturica rompió en ira, e increpó al periodista al grito de “No me te me vengas a cancherear acá, ni a mi costa construir tu carrera”, para luego quitarle todo el material filmado. “Eso no es mas que puro robo”, dijo Aleksandar Stanković a Net.hr.

 

Emir el bananero

Lejos de tratarse de un exabrupto aislado, Kusturica viene cosechando desde hace años declaraciones como estas. A pesar de ensalzar la cultura gitana en sus películas y discos, apoyó a otros genocidas y ultranacionalistas serbios responsables de grandes matanzas en su tierra natal, como Ratko Mladić y Vojislav Šešelj.

En 2005, el nacido en Bosnia y musulmán Emir  fue bautizado dentro de la iglesia serbia ortodoxa como Nemanja Kusturica. Mientras que para sus defensores se trató de un regreso a sus raíces serbias, para sus críticos consistió la traición final a sus raíces musulmanas.

El tiempo parece darle la razón a los segundos. En una entrevista publicada en enero de ese mismo año en el diario La Vanguardia de España, Kusturica ya había defendido a Milošević y a Šešelj. Sobre el ex presidente Serbio, había dicho que “es un genocida porque no tenía bomba atómica. Si la tuviera, hoy sería respetado estadista”.

En un triste intento por disfrazar su creciente nacionalismo serbio como resistencia romántica al capitalismo globalizado, agregaba: “Esas multinacionales y quienes les sirven para implantar el capitalismo global acorralan a cualquier país que se atreva a tener una cultura propia, una identidad, un modo de organizarse diferente, una alternativa.

Para completarla, cerraba diciendo que para la Serbia post- Milošević, el futuro que les esperaba “no es mejor que el de las repúblicas bananeras de Latinoamérica”.

Luego viene la demagogia, cuando llega por estas tierras a filmar películas sobre Maradona y Pancho Villa; cuando se sube al tren de Manu Chao, Hugo Chávez y El Diego en contra del ALCA. Mientras, su disfraz no-global le calza perfecto en Europa para justificar genocidios y al mismo tiempo tratar despectivamente a los países latinoamericanos.

24/11/2009

Foto: AP

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