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Quilmes Rock 2007 – Día 1

Juntos por la felicidad

Por Juan Pablo Bravo
Fotos: Gabriela Porzio

La primera jornada del Quilmes Rock 2007 tuvo un final feliz y un comienzo... no tanto. Desde el hard core melódico de Bad Religion, el punk local representado por Attaque 77, hasta los consolidados Catupecu Machu. No faltaron los clásicos Divididos y Las Pelotas, y como broche de oro, la reunión de estos últimos para revivir a su banda alma mater, Sumo.

Sumo

“Vuelve el rock” rezaban las publicidades, y no era en vano. Con puntualidad británica y mucha gente afuera e inclusive sin poder venir a ver a su banda elegida por ser día de semana y las 17:30 horas, Bad Religión comenzaba a desandar su camino de hardcore melódico que tanto frutos le ha dado.

Comentar que la banda californiana llenó de poder el campo sería redundante; sí decir que fue un show prolijo y plagado de canciones de reclamos hacia el presidente de los Estados Unidos y su política exterior. Entre las 15 canciones se escucharon “American Jesús”, “Let them eat war” y el cierre con “Los Angeles is burning” título de su último álbum. Hay que hacer mención también a la gran cantidad de reclamos, por momentos airosos, que muchos asistentes hacían hacia nosotros por el horario y el lugar en la grilla que le otorgaron a esta banda, pero a pesar de eso todo estaba listo para el “Karmagedon” de Attaque 77.

La bola de fuego se encendió al instante en que “Perfección”, según la play list del grupo, dejo escuchar su primer acorde. Fiel como nadie la gente de la banda dio el presente llenando de locura el campo de juego, desbordada de alegría. En estos 20 años de carrera aprendieron a hacer éxitos y eso lo demuestran sus discos, pero el crecimiento en sus presentaciones es notorio. Desde la incorporación de Mariano Martínez en las voces hasta el nuevo trabajo se nota una madurez que pone al grupo en una posición bastante alejada de cualquier otra de la escena punk local.

Inútil sería mencionar un momento por encima de otro porque el aluvión de clásicos hacia esto imperceptible, pero hay que decir que fue un show contundente y más que apetecible. Como ya nos tienen acostumbrados a quienes concurrimos a festivales, una vez dado por finalizado el espectáculo con “Donde las águilas se atreven”, con mucha tranquilidad, un 50% de los seguidores del grupo emprendió su regreso a casa. Fidelidad brutal.

Pero en el estadio River quedaba mucho mas y la sucesión de eventos era mas que interesante, “Basta” con solo decir que era el turno de Las Pelotas.

Daffunchio y compañía harían de las suyas por más de una hora en un campo que se presentaba completo en mas de un 90% con un público rockero full time. Con nuevo álbum bajo el brazo y una sarta interminable de créditos a su favor se dedicaron a hacer lo que saben: mezclar rock, reggae, historia y risas para terminar en un cóctel refrescante de gargantas que vivaban y cantaban cada estrofa que se les cruzaba por delante. Con en incomparable aporte de Sebastián Schachtel, arquitecto del nuevo sonido de la banda, el lucimiento fue acentuado, sostenido y abrumador. Basados en “Show” y con tintes de infaltables y nuevos transcurrió la programación que incluiría a Gillespi como invitado y algo decía que había para más.

Para amenizar el cambio Dj Zuker se hizo cargo de las bandejas a puro metal, hip hop y harcore, que con una sucesión de imágenes que disparaban las dos pantallas de leds ubicadas en forma vertical a cada lado del escenario y tres en el mangrullo llenaron hasta el “panzazo” a los oyentes. Pero claro la multitud estaba habida de más música en vivo y Catupecu Machu se hizo cargo del asunto.

Catupecu MachuLa banda de Villa Luro, hoy rearmada por fuerzas mayores en un power trío raro, instrumentalmente hablando no deja dudas sobre su poderío y desempeño encima de las tablas. Fernando alterna bajos con guitarras mientras desgrana micrófonos con su particular voz, Herrlein derrocha energía y Macabre ataja todo desde los sintetizadores. Si a estos les sumamos como invitados en un par de temas a Zeta Bossio y a Esteban Serniotti (de Cabezones) la idea cierra por donde se la mire.

Es interesante destacar en primer lugar el séptimo tema, de catorce, donde se anunciaba “Tangoide” (bata y bajo) convirtiéndose en un homenaje infinito a Gaby Ruiz Díaz, quien aparecía aporreando su instrumento en las pantallas verticales al unísono con lo que sucedía en el escenario. El respeto y el aplauso no se hicieron esperar. Por otro lado, mas allá de hacer la lista de temas con muchos de sus grandes hits, se nota una interpretación mucho mas ecléctica para sus adentros; sin dejar, obviamente, de tener el contacto permanente con el público, pero incorporando a la masa a un mundo más interno, más del alma.

Y si desde el alma hablamos debe ser porque Divididos anda cerca del escenario. Y así fue, una brutal descarga de watts hizo temblar el Monumental, que complacido se dejo llevar por la situación.

Ricardo Mollo, Divididos

“Sucio y desprolijo” de Pappo dio inicio a un set de hora y media que incluyo a Mollo tocando con un zapatito de bebe, con los dientes, con el pie de micrófono o con lo que le quedara de paso; a un Arnedo que no hacía mas que machacar y machacar dándole esa forma inigualable a la base y Catriel haciendo sudar a los parches como es su costumbre.

No fueron más de 16 tracks pero estuvieron todos, en una lista festivalera a full que incluyo un medley de canciones completas que incluyo “Que tal”, “Azulejo”, “Paisano de Hurllingham”, “Paraguay” y “El 38” de corrido y sin respiro para el público y banda que pensaba que debía seguir más y más; pero después de “Cielito lindo” Mollo y Arnedo empezaron a invitar amigos para el cierre.

Así, enfundado en mameluco naranja y saxo en mano, Roberto Pettinato subía al escenario, mientras se presentaba al baterista escocés que no era otro que Superman Troglio en polleras. El gentío aplaudía y rogaba que se diera… y se dio, al unísono German Daffunchio y Sokol ingresaron al tablado y se hacía realidad el sueño de muchos, Sumo esta de vuelta en el escenario.

Una voz indica como deben organizarse a lo que otra responde “…nunca pudimos entendernos, menos ahora después de 20 años…” y “Crua Chan” inició la vuelta más esperada, que seguramente cuenta con la aprobación desde el cielo del pelado Luca Prodan. Riéndose, bailando como entonces y recorriendo las tablas los Sumo no dejan espacio para el aliento y descargan “Divididos por la felicidad” para mas alegría de todos.

Sumo

Si el corazón resiste hay lugar para una mas a lo que “Debede” hace su presentación y le pone el broche de oro a el retorno mas importante del rock nacional de las últimas décadas, a lo que muchos titularan como “…y una vez volvieron…”

16/4/2007

Notas relacionadas:

Informe especial: Quilmes Rock 2007

Galería de fotos: Quilmes Rock 2007

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