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Pepsi Music: Día 9

Entretenimiento familiar

Por Mariano García
@solesdigital

The Black Eyed Peas

Al salir Hilda Lizarazu a escena vestida como esqueleto, las peores sospechas sobrevuelan la tarde del domingo 30 de septiembre. ¿Continúa la kermés macabra de Marilyn Manson y sus adeptos, y no nos avisaron? Afortunadamente no, estamos en el décimo día del Pepsi Music, y lo de Hilda es sólo una de sus extravagancias de vestuario. Es un día para divertirse el domingo, y así lo entenderán las bandas que irán desfilando por los escenarios.

A pesar de lo que podría suponerse al ver la grilla de la jornada, en la fecha más familiera y light del festival hubo lugar también para tomar ciertos riesgos musicales, y salirse por un rato de los moldes y clichés que tanto se respetan en estos días.

Salen entonces Los Pericos a escena, sin la energía de antes para hacer saltar a las audiencias con su bahiano cantante, pero con la seguridad de revivir muchos de su clásicos para que el público cante con ellos. Y como bonus, el primer cruce de estilos que despierta la atención: una versión reggae de “Smell Like Teen Spirit” de Nirvana que va calentando la tarde.

DantePara las 18:30, el público se divide entre las variadas propuestas de hip hop y bandas alternativas. Hay curiosidad por ver si Dante Spinetta comparte las tablas con su ex compinche de Illya Kuriaky & The Valderramas, Emmanuel Horvilleur, que hizo su set una hora atrás en el mismo escenario. Ya desde sus líricas improvisadas Dante canta su cansancio por que le pregunten por la vuelta de IKV, y cuando anuncia la presencia de un músico invitado, no es Emmanuel el que aparece, sino Pablo Lescano y Damas Gratis (que ya habían estado por estos pagos junto a Fidel Nadal, en el viernes de reggae).

Con su teclado al hombro, Lescano dio comienzo a la incendiaria “Los dueños del pabellón”, y de pronto la diáspora de público se agrupó frente al escenario para cantar al pie de la letra la cumbia tumbera. No era ni un casamiento, ni un cumpleaños de quince ni un boliche de zona norte, pero allí estaba el público cool moviendo las manos arriba y arriba, al grito de “Ahora nosotros tomamos el control / somos los dueños del pabellón / estamos cansados de tanta represión”. ¿Bastante kitch la escena? Todavía falta más.

El show que sigue, en el escenario de enfrente, está a cargo de Los Auténticos Decadentes. Desafiando todo miedo al ridículo salen vestidos como deportistas, hacen desfilar mujeres disfrazadas de vegetales o coristas ochentosas, acompañando sus canciones con imágenes divertidamente cursis. Con una lista interminable de hits que cantan desde padres cuarentones hasta chicos de diez años y adolescentes, los Decadentes tienen mucho crédito en la cuenta, y saben que hagan lo que hagan, siempre pondrán al público a saltar y corear estribillos que ya no tienen fecha de vencimiento. Una carta que nunca falla en los festivales.

Los Autenticos Decadentes

Todas las calorías que destilaron los Decadentes, se licuan tristemente cuando llega el turno el pop light de Miranda! Esperar cuarenta minutos para escuchar “es la guitarra de Lolo” (que previsiblemente guardaron para el final de su show) no vale la pena. El electro pop lleno de lucecitas de colores no disimula la liviandad de una banda que hizo de las delicias de los vendedores y puestos de comida, que facturaron más que en todo el día mientras sonaba como un ringtone de fondo Miranda!, y el público se tomaba un recreo y comenzaba a ubicarse para lo que sería el gran cierre de la jornada.

Fue entonces que los Black Eyed Peas se hicieron cargo de levantar el muerto. A base de muchos hits, realizaron un show que sin dejar de ser comercial, se mantuvo siempre a la altura de las expectativas, sonó bien, y entretuvo más. Eso sí, parece que el clima electoral argentino los contagió demasiado, porque los gestos de demagogia no pararon en toda la noche: que las mujeres argentinas son más lindas que las mexicanas, que el público de Buenos Aires es mejor que cualquier otro de Latinoamérica, y otras muestras de populismo fácil que los fans festejaron con suma incredulidad.

The Black Eyed Peas

De todos modos, pudo verse que la retacona y voluptuosa Fergie es algo más que una figurita decorativa, aunque cuesta no pensar que la banda realmente sonaría mucho mejor sin la impronta pop y mediática que da la rubia. Claro, seguramente no estarían cerrando el festival de su sponsor multinacional, pero los momentos más funk del show hacían pensar “¿por qué no se dedican a esto?”.

Con bailes, cambios de vestuario, y toda la lista de éxitos al servicio del entretenimiento, hubo espacio para que will.i.am, Fergie, Apl.de.ap y Taboo se combinaran para que todos bailaran al ritmo de “Don't Phunk With My Heart”, “Shut Up” y “My Humps”, entre otras. Con cierta lógica de radio de hits, jugaron un rato a interpretar estribillos de canciones conocidas como “Seven Nation Army” (White Stripes, que en realidad todos corean y pocos saben de quien es), o “Sweet Child of Mine”, con parodia a Axl Rose incluida.

Previo a los bises, pasada largamente la hora de concierto, se dieron el gusto de aprovechar el talento de los músicos que los acompañan, para demostrar que saben bastante más de lo que habitualmente se requiere para fabricar un hit pegadizo. Solos de saxo, batería y guitarra, se sucedieron en un bloquecito instrumental con citas a Sugarhill Gang y todo. Y para el final, los dos temas emblemas de la banda: el vertiginoso “Pump it” (al que no le entró la quinta velocidad) y la despedida con “Where is the love”.

A pesar de la parafernalia comercial que los rodea, Los Black Eyed Peas demostraron que si se lo proponen pueden ser algo más que el grupo pop del momento.

1/10/2007

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