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Pepsi Music 2007: Día 8

Kermés macabra

Por Mariano García
@solesdigital

Marilyn Manson

Mal día para los vampiros que el sábado 29 de septiembre salieron de sus sarcófagos, vestidos para la ocasión, para cumplir con el ritual de ver a su sacerdote pagano Marilyn Manson. Algo no cuajaba ese día demasiado primaveral, con mucho sol, calorcito insultantemente hippie, y un club Ciudad de Buenos Aires que parecía una kermés de pueblo invadida por personajes sobrantes de una película de terror clase B.

Un día tan lindo obligaba a los depresivos darks a esperar a la caída del ofensivo Febo, para acercarse a lo que fue la octava jornada del festival Pepsi Music 2007. Sólo se reunieron desde temprano los seguidores del stoner rock, estilo que va creciendo de a poco en esta ciudad, y que retoma la oscuridad y suciedad del rock Black Sabbath y otras bandas de los ’70 (no confundir con el rock stone, rollinga que le dicen, eso fue el día 3). Así pasaron Los Natas (emblema de esta corriente), Poseidótica; y bandas afines como los skaters Massacre y Cabezones.

Afortunadamente para los muchachos y muchachas mansonistas cae la noche, y entonces comienzan a poblarse los accesos del predio. Allí, los esperan evangelistas y testigos de Jehová que, más convencidos de que Manson es el anticristo que sus propios fans, reparten todo tipo panfletos y volantes en una inútil cruzada por salvar las almas de ovejas negras (o maquilladas de negro) que de satánicas tienen solo la apariencia.

Suena El Otro Yo pasadas las 21 hs., y conforme a la apatía reglamentaria de la jornada, a nadie parece importarle demasiado. Momento ideal para recorrer la kermés macabra en que se ha convertido el lugar. La carpa de Tarot se ve desbordada por cultores del oscurantismo, que buscan en la cartomancia una respuesta a sus angustiantes futuros. No corre la misma suerte la carpa de masajes, quizás debería haber sido reemplazada por una de sadomasoquismo para esta ocasión.

Por los pasillos se pasean zombis pálidos, de apariencia mortuoria, mujeres con carteras de charol con forma de murcielago, otras rapadas, mucho cuero, plataformas, ojeras exageradas, falsos ojos zarcos. Una concurso de disfraces de Halloween que languidece entre un zamba, colchonetas inflables, mesas de ping pong y metegol y locales de tres tiros por un peso y aritos de básquet para embocar.

Llegando a las diez de la noche, el barómetro de la depresión indica su nivel más bajo. Momento ideal para volver al escenario principal a la espera de que Brian Warner se caracterice como la superestrella satánica y arranque el show. Minutos antes, un genial vendedor ambulante se pasea entre la tétrica audiencia al grito de “¡garrapiñada para el bajón!”, eslogan brillante que causa risa entre algunos pocos, pero no saca a la mayoría de la desidia. Ni la garrapiñada, ni la siguiente hora y media de recital de Marilyn Manson podrán lograrlo.

Con una histeria de diva realmente muy molesta, obsesionado descargar su ira de estrella de rock con el micrófono y el trípode (para fastidio del pobre plomo que una y mil veces tuvo que entrar a levantarlos y dejar todo en condiciones para el próximo berrinche), Manson dio un concierto previsible y aburrido. Canciones como "The Dope Show", "(M)obscene", "The Fight Show" o "Sweet Dreams", apenas logran una mínima respuesta del público en los primeros minutos, para que todo regrese nuevamente a la apatía general.

Marilyn MansonSi en lo musical no deja demasiado, toda la propuesta estética y visual se reduce a mejores disfraces de día de brujas arriba del escenario, de lo que se puede ver abajo. Todo se va reduciendo a un desfile de modas. A algún fortachón del público, de contundentes dimensiones y aspecto agresivo, se le escapa un “¡mirá lo que es ese tapadooo!” poco varonil, que su novia aprecia mejor subida sobre sus hombros.

Transcurren la monotonía de los temas, y el espectáculo parece ser cuánto más va a aguantar el plomo encargado de enmendar las pataletas del malcriado niño Warner. El número vivo de sadismo casi logra su clímax cuando Manson le arroja un microfonazo por la cabeza, pero para tristeza del morboso público, le pifia.

Apenas pasada la hora, llega el turno de una pausa, a la espera de los bises. Y uno, que nunca vio un show en vivo de Marilyn Manson y apenas si conoce los temas más famosos, ya puede adivinar que se viene "The Beautiful People", y que luego todo llegará a su fin. Y así sucede nomás, ante la indiferencia del público que sale de la kermés con la misma apatía con la que llegó. Y lo más deprimente, ya se fue el vendedor de garrapiñadas. Que bajón.

1/10/2007

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