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Daniel Melingo: “Maldito Tango” en el ND/Ateneo

Cosa de locos

Daniel Melingo

Texto y fotos: Mariano García
@solesdigital

La larga espera para ver a Daniel Melingo presentar en sociedad su último disco, “Maldito Tango” (2008), finalmente tuvo recompensa el viernes 25 de septiembre, en el teatro ND/Ateneo. Allí, el cantante y compositor revalidó sus credenciales como uno de los más particulares intérpretes de tango moderno, con una propuesta estética que tiende puentes entre los arrabales porteños de principios del siglo XX, el romanticismo parisino del XIX y la canción oscura de Tom Waits o Nick Cave.

El costado reo y desprolijo de Melingo marcó la pauta durante el inicio del concierto (originalmente pautado para julio y reprogramado a causa de la gripe A), peleando con una garganta un tanto fría que se raspaba con fallas de micrófonos y no le encontraba el tempo a su banda, Los Ramones del Tango. Transcurrieron así los primeros temas de la noche, como “Noche Transfigurada”, “Angurrienta”, “Leonel el Feo”, entre ajustes y retos, calentando motores para que todo estuviera en funcionamiento para el debut el vivo de las nuevas composiciones.

Así fueron tomando vida la romántica y simple “Cuando la tarde se inclina”, “Se igual” (dedicada a los cartoneros de Buenos Aires) y “A lo magdalena”.

Daniel Melingo y Skay BeilinsonEl show alcanza el clímax con la presencia de Skay Beilinson (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota), único músico invitado del álbum que dio el presente en el ND/Ateneo. Con su guitarra eléctrica generó tensión y dramatismo para una gran versión en vivo de “Cha Digo!”, y se quedó en el escenario acompañando en lo que fue el gran momento musical de la noche, “Eco il mondo”. Aquí Melingo dio vuelo a su formación académica con el clarinete, y detrás suyo toda la banda.

Un break instrumental da descanso a las trasnochadas cuerdas vocales del cantante, y genera el momento para confirmar lo que se venía adivinando desde el principio: el talento de Rodrigo Guerra, “ancho de espadas” de la banda, que además de cuerdas y vientos, deja a la audiencia asombrada con su talento para interpretar el serrucho. Es con esta herramienta, reconvertida en instrumento tocado a vara, de donde salen vibratos y notas de ultratumba que dan un tono lúgubre por momentos, o se tornan amigables en la sorprendente versión instrumental de “Volver”, con el serrucho llevando la melodía.

Vuelve Melingo y su maldito tango termina de tomar forma. Se pone al mando de su “bondi color humo”, ensaya un chamamé “en el boliche de Fontova”, y se desparrama por el piso para mandar al “Narigón compadre” a donde todos ya saben.

Esta vez, fueron las nuevas canciones las que sacaron lo mejor de un Daniel Melingo que sigue jugando a ser loco, genio, talentoso y desbordado. Si es él mismo o uno más de los personajes de sus canciones, nadie lo sabe con certeza.

30/9/2009

Notas relacionadas:

Daniel Melingo: Tangos fatales

Daniel Melingo: El último reo

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