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Aerosmith, con el cielo a su favor

Por Andrés Enriquez Dibós
Fotos: Beto Landoni

«God is crying» (“Dios está llorando”) exclamó Steven Tyler, abriendo los brazos y mirando al cielo, al término de interpretar What it Takes. El recital promediaba casi la primera hora y las primeras gotas de lluvia parecían querer ponerle de a poco otro matiz a la noche platense. El tema, con una dulce intro a cappella del vocalista que le dio un color distinto a la versión original, se intercaló con los gritos del público. Probablemente Dios no lloraba, pero los dioses de la lluvia iban a ponerse de su lado, para inyectar una dosis más de emotividad a las 45.000 personas que se hicieron presentes en el Estadio Único de La Plata. 

Previo a la salida al escenario, los motores fueron calentándose en una pantalla de alta definición dividida en tres que proyectaron algunas fotos añejas de los músicos y el logotipo de la banda dibujándose de a poco, en un agradable juego de imágenes y colores. Luego, el apertura estuvo a cargo del clásico rockero Draw The Line, a la que le siguieron Same old Sond and Dance y Mama Kin. El comienzo, a pesar del volumen bajo en la primera guitarra solucionado con el correr de los temas, fue contundente y sin respiro, remitiéndose íntegramente a su primera y ya bien vieja época de los setenta que sirvieron para meterse en el bolsillo a los más puristas de la banda de Boston. Steven Tyler, ya recuperado del accidente en Asunción pero con un visible ojo morado, salió a demostrar una vez más que su edad está llamativamente desfasada con su cuerpo. A pesar de los años y los porrazos dentro y fuera del escenario, no le teme al ridículo y sigue corriendo y bailando como un veinteañero.

Aerosmith es una banda que, si bien brilló en los setenta en Estados Unidos  gracias a los imperecederos discos como Rocks y Toys in The Attic, influenciando profundamente a bandas de la talla de Guns and Roses o Motley Crue, entre otros, hoy debe parte de su gran popularidad a la generación MTV. A fines de los ochenta resurgieron luego de su etapa más oscura y autodestructiva, ganando fans gracias a un sonido más comercial (o “radio-oriented”, como les gusta decir a los norteamericanos) y con baladas a la orden del día. Por eso, a la hora de hacer un setlist, los muchachos (ya no tan muchachos), no se olvidan que la gente también desea escuchar su etapa más “reciente” de su discografía. Y ayer, no fue la excepción.

Luego de la tríada de la apertura, Janie’s Got a Gun, con algunos desajustes entre el bajo y la batería, fue el cuarto tema que logró bajar los decibeles de la apertura, para dar paso así a sus grandes éxitos. Siguieron con la balada rockera Living on the Edge, la bailable Rag Doll, una buena versión de Amazing con un Joe Perry haciendo de guitar hero al final de la canción. También hubo momento para el show más allá de las melodías, con un solo de batería de Joey Kramer, al que luego se sumó Tyler en los parches para el asombro de la gente. 

La lluvia ya se hacía sentir cuando el segundo guitarrista, Brad Whitford, desempolvó Last Child, ese rock funky que caracteriza perfectamente al sonido de los setenta. Tyler ya comenzaba a pasearse por la pasarela del escenario, sin miedo a la lluvia, siguiendo los exigentes compases del tema que le requiere más de un aullido. Whitford, músico de conservatorio, se lució con un prolijo y largo solo en el final del tema, apoyado en una banda que tuvo una sólida interpretación. Joe Perry también tuvo su turno cuando cantó Stop Messing Around de Fleetwood Mac, cover que utiliza en vivo desde hace décadas, a pesar de que la banda recién la editó en 2004 en su álbum de covers de blues, titulado Honkin’ on Bobo.  Fue el momento de zapada de la banda, donde los dos guitarritas, Tyler en la armónica y Russ Irwin en piano, mostraron sus aptitudes con sus respectivos solos.

Pero aún faltaba más. Y a pesar de que I Don’t Want to Miss a Thing llegó hasta sonar en la publicidad de una marca de servicios de celulares, tuvo un plus de carga emotiva bajo la copiosa lluvia de la noche. Quizás faltaron aquí algunas notas altas de Tyler, probablemente reservadas para el final de la noche. Pero el público, muy heterogéneo, la disfrutó y la tarareó de principio a fin, como también lo hizo con Crying. Y sin medias tintas, volvieron a sus raíces con la soberbia de Sweet Emotion, con un solo de bajo de Tom Hamilton para abrir el tema.  

El título del clímax emotivo estuvo seguramente en manos de Dream On. El público cantó gran parte de la balada más vieja de la banda bajo una fuerte lluvia, alternándose con Tyler, quien no defraudó en el famoso aullido del final. Aplausos y reconocimiento mediante, el cierre llegó con el hit ochentoso Love in an Elevator y la famosa Walk This Way, con un Steven Tyler haciendo de coreógrafo para que baile la gente. Ésta pareció irse contenta, a pesar de un setlist algo corto. La banda, a la altura de las circunstancias pese a la edad y las desavenencias internas de estos últimos años, sigue estando vigente. Algunos rumorean que ésta sería su última gira por Sudamérica a pesar de que estén grabando un nuevo disco. Sea cierto o no, fue una gran noche de rock, con la colaboración de los dioses de la lluvia para que este show no sea fácilmente olvidado.

29/10/2011

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