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Editan una novela “oculta” del cineasta Manuel Antín

Manuel Antin
 

 

Hace 58 años, antes de iniciar su carrera como cineasta, Manuel Antín escribió "Alta la Luna", una novela de tono existencialista sobre la rebeldía frente a la injusticia y la resignación, una obra febril y extraña cuya trama transcurre en el espacio mental del protagonista, y que el autor mantuvo oculta hasta ahora, que fue descubierta y publicada -a contrapelo de su pudoroso secreto- por la editorial Aurelia Rivera.

Se trata de un texto intenso y ciertamente angustiante, en el que el protagonista es un joven golpeado y movido por una frustración amorosa, pero especialmente interesado en cambiar el statu quo de un mundo desigual e inhumano, intentando hacer justicia por mano propia contra el patrón de un circo, un hombre ambicioso, egoísta y dañino que vive sembrando el miedo y la humillación entre sus hambrientos empleados.

"El lector juzgará si fue una buena idea convertir este manuscrito en libro. Al principio dudé si publicarlo, me parecía extraño cambiar de personaje, de cineasta a escritor, de un día para otro. Otra persona, otro tiempo, no parece que fui yo quien la escribió. Aunque es cierto que es parte de mi vida", afirmó Antín, que a sus 90 años dirige la Universidad del Cine de Buenos Aires, que él mismo fundó.

El cineasta, que nunca pensó llevar su novela al cine, pero sí filmó diez películas inspiradas en textos de Córtazar, Roa Bastos, Güiraldes, Hudson y Beatriz Guido, señaló en diálogo con Télam que se trata de "un texto inconformista que escribí hace muchos años. Por cierto que con el tiempo, uno se acostumbra a vivir rodeado de situaciones en las cuales no cree o con las cuales no está de acuerdo".

"El mundo de esta novela es el mundo del circo, tiene mucho que ver con el poder y la teoría de que el poder nos marca a todos muy profundamente. Tal vez describo un mundo excesivamente cruel y adverso, quizás más de lo que realmente es. El lector lo juzgará", sostuvo Antín en relación al universo expuesto en "Alta la Luna", un espacio mental, casi fantástico, con una temporalidad extrañada.

Atravesada por la filosofía existencialista y por la efervescencia política que el mundo vivía a fines de los 50', donde la incomprensión de la vida se mezclaba con una profunda necesidad de rebeldía frente a las injusticias y de resistencia ante el conformismo y la resignación, la segunda novela de Antín apela a un estilo de discurso indirecto libre y a algunos recursos visuales cercanos al cine para estructurar un relato cíclico.

"Antes había escrito otra novela tampoco publicada, 'Los venerables todos', que Cortázar perdió olvidando el único manuscrito en un hotel de Viena. Habíamos visto juntos la película basada en esa novela en el Festival de Cannes de 1963 y él me dijo que le gustaría leerla para entender algunas cosas que no le habían quedado claras en la película", recordó Antín.

Atrapado en su propia conciencia, que no le da descanso, el protagonista enfrenta las dudas, los miedos y las culpas de alguien que está convencido de que debe matar para hacer justicia, alguien que cree ser el único en el mundo que no se conforma ni resigna, alguien que sufre una soledad extrema, a quien le pesa la responsabilidad de ser libre, lo recóndito del otro y la imposibilidad de saberse amado.

En ese sentido, Antín considera que "el de esta novela no es un mundo real. Es un mundo distinto al que conocemos, árido, misterioso en cierto sentido, con un protagonista descontento de su propia vida y de todo lo que lo rodea. De alguna manera es una forma de ver la realidad desde otro ángulo, desde otro lugar".

"Nunca he dejado de escribir y ahora mismo continúo escribiendo textos que seguramente nunca nadie leerá. Escribir fue siempre un ejercicio íntimo y personal que conservo desde mi juventud. Es una vocación que sin embargo siempre mantuve oculta. Pero mi pasión por los libros y la literatura está presente en todas mis películas", admitió el cineasta, que no pensó nunca en editar lo que escribía.

Para él, esa actitud pudorosa y reservada frente a su propia obra es "una contradicción" que nunca pudo resolver: "Como si cada texto fuera algo ajeno a mí. Por eso, es posible que escribir sea una especie de ejercicio psicoanalítico que me permite estar en contacto con algo que nunca voy a vivir seguramente".

Si bien admite que le debe mucho a la literatura ("los libros fueron siempre parte de mi felicidad"), el director de "Circe" y "La cifra impar" es consciente de que la suya "es una literatura muy visual. Mi cine literario determina que mi literatura sea muy visual. Es como una mezcla definitoria. Me parece que uno lee esta novela en imágenes. Narra un mundo interior, es todo como una irrealidad absoluta".

Si bien sigue en contacto cotidiano con el cine, a través de la casa de altos estudios que fundó y dirige, Antín no tiene actualmente expectativas de volver a filmar: "El cine es una actividad por la que he pasado pero que espera gente muy activa y joven, por más que existan gloriosas excepciones. En mi caso, me parece milagroso y difícil de comprender haber hecho las 10 películas que hice".

"La publicación de esta novela me ha convertido en una persona que teme mucho el riesgo, no me sucedió nunca con el cine. Tampoco sé si es el mismo Manuel el que filmaba y el que saca a la luz esta novela que ahora se publica más de cincuenta años después de haber sido escrita", aseguró Antín.

14/9/2016

Fuente: Télam

www.solesdigital.com.ar

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