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El sentido social del gusto. Pierre Bourdieu
 

 

Por Catalina Pantuso
cpantuso@fibertel.com.ar

Libro: El sentido social del gusto. Elementos para una sociología de la cultura. Autor: Pierre Bourdieu. Editorial: Siglo XXI Editores. 280 páginas. Año 2010.

Pierre Bourdieu es considerado como uno de los principales sociólogos de la cultura. En este libro se publican, por primera vez en castellano, ocho ensayos escritos por él entre 1964 y 1985 en los que trabaja en torno al arte y el consumo y producción de bienes simbólicos.

En cada uno de los capítulos se profundizan definiciones y conceptos anticipados en La Distinción y Las reglas del arte. Se incluyen en esta edición una intervención en la Escuela de Bellas Artes de Nimes; una entrevista de Inés Champey realizada en 1983 que lleva el título de Resistencia y un diálogo público junto a Roger Chartier sobre la lectura como una práctica cultural.

Si bien Bourdieu insiste en no utilizar la autoridad que le otorga su trayectoria como analista para entrar en el juego establecido entre mercado, los críticos de arte y los artistas, en cada uno de los textos se explaya en profundidad sobre las reglas que configuran cada uno de los campos de la producción cultural y articula, de un modo excepcional, el pensamiento del filósofo, la didáctica del profesor y el empirismo del sociólogo.

Este enfoque se muestra especialmente en Cuestiones sobre el arte a partir de una escuela de arte cuestionada, donde la “enseñanza” del arte contemporáneo se convierte en una verdadera paradoja ya que, en un ámbito académico, se fomenta una actitud netamente transgresora. Es en ese clima de controversias donde surge posibilidad de encontrar nuevas perspectivas para responder a interrogantes como cuál es la forma de diferenciar a un artista verdadero de un simple impostor; cómo se relacionan el campo del arte con el poder político y el mercado o quién tiene derecho a legitimar un estilo o una técnica en el altar del hecho artístico.

En el pensamiento de Bourdieu la obra de arte, en su calidad de bien simbólico, sólo existe como tal para quien posee los códigos necesarios para descifrarla. Con el fin de afianzar esta visión, analiza el arte realizado con objetos de uso ordinario, la fotografía y el hábito de la lectura de los textos literarios.

En el ámbito de las artes plásticas, después de algunas consideraciones históricas y estéticas, concluye que el ready-made siempre se exhibe inacabado y exige la mirada del espectador para completarlo. Por esta razón se convierte en el punto límite de la obra y marca la distancia más grande entre el mundo de los iniciados en el arte y el público en general.

En cuanto a la fotografía su análisis se focaliza en los campesinos. Distingue claramente la función estética y la función de registro histórico en la que “posar es respetarse y exigir respeto”. Mientras el fotógrafo profesional tiene una visión valorativa, en la interviene un ojo experto, que le permite observar detalles y diferencias de encuadre o iluminación, el campesino mira la escena y aprecia la foto sólo por la fidelidad con la que ésta se ajusta a sus recuerdos. Diferente es la actitud que las personas del ámbito rural tienen ante el turista. Muchas veces se prestan a complacer al “veraneante” y posan delante de sus casas o con sus animales pensando: “Tienen tiempo que perder y dinero para gastar”.  

En La lectura: una práctica cultural, se hace una introducción al tema reflexionando acerca de la falta de un enfoque interdisciplinario que abraque la psicología, la sociología ya la historia. Bourdieu analiza la relación entre el autor y el lector; las diferentes modalidades que la lectura fue adquiriendo a lo largo de la historia; los códigos de la escritura y el diseño según el público al que está dirigido el libro.

Afirma que leer de un modo “estructural” —considerando un texto en “sí mismo” y por “sí mismo” haciendo abstracción de todo lo externo— es una adquisición muy reciente y reducida a los intelectuales; son ellos los que sienten el deber extender a todos el derecho a la lectura, con la secreta intención de que todos puedan acceder a sus producciones, es decir ampliar el mercado de los consumidores. Llega a la conclusión de que hay diversas formas de lecturas según el sexo, la edad y esencialmente según el sistema escolar del que dispone una sociedad. Pero es justamente el sistema escolar el que también destruye sentido de la lectura como búsqueda de información y lo reemplaza por la obtención de mera erudición.

A través de datos estadísticos, el autor afirma que las personas de los sectores más pobres que se “arriesgan” a concurrir a los museos se sienten fuera de lugar y sin la preparación necesaria. Por lo tanto, el acceso a los espacios donde se exhiben colecciones de arte, históricas o científicas, es un privilegio de la clase culta. Desafía las intenciones progresistas, que pretenden democratizar el campo cultural actuando sobre la oferta —distribución de entradas gratuitas o económicas—, cuando insiste en la necesidad de operar sobre la demanda, especialmente en la promoción de las condiciones económicas y socio-culturales del ámbito familiar y, como un complemento, en la incentivación artística en la escolaridad primaria. La simple accesibilidad económica se convierte en un beneficio adicional para quienes ya tienen el “habitus” artístico incorporado. Sintetiza este pensamiento del siguiente modo: “La nobleza cultural también tiene sus títulos, que otorga la escuela, y sus blasones, que miden la antigüedad del acceso a la nobleza.”

En todos los artículos de este libro, Pierre Bourdieu utiliza la sociología para romper el fetichismo cultural que, frecuentemente, obliga al rendir pleitesía a los valores consagrados por el poder establecido: el Estado, las editoriales, los museos, las empresas discográficas o los teatros. Para él, los actos considerados más individuales, en los que supuestamente se ejerce un alto grado de libertad, están atravesados por la lógica social que determina la legitimidad de ciertas formas artísticas y el carácter herético de otras.

Demuestra que la “purificación” y la distancia del hecho artístico del mundo cotidiano, son el producto de las relaciones sociales que constituyen el universo donde se producen, se distribuyen, se consumen y donde se genera la creencia en su valor.

1/5/2010

Notas relacionadas:

"Los Herederos", de Pierre Bourdieu y Jean Claude Passeron

"¿Para qué sirven las artes?", de John Carey

“Sobre la Cultura y el Arte Popular”, de Adolfo Colombres

www.solesdigital.com.ar

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