Apple: Entre la religión y el snobismo

Por Javier Cardenal Taján
xabi10xabi@gmail.com

El programa de documentales de la BBC “Secrets of the Superbrands“ convoca a un grupo de neurocientíficos para realizar diversos exámenes y tratar de responder por qué marcas como Apple, Google, Microsoft o Nokia se han vuelto tan populares llegando a generar fanatismos o adoraciones que rozan con el culto.

La primera emisión fue dedicada al gigante tecnológico Apple. Los expertos realizaron un examen de resonancia magnética en el cerebro de un fanático de Apple, constatando que cuando éste veía fotografías de productos de Apple, su cerebro reaccionaba de la misma forma en que lo hace el cerebro de personas religiosas al ver imágenes de deidades y no así cuando veía imágenes de otros productos no-Apple.

 

Esto es algo que ya todos sospechábamos: Apple parece más una religión que una empresa. Así el documental mostraba las filas interminables de personas esperando los lanzamientos, y el frenesí fanático de los devotos por adquirir los nuevos y mágicos gadgets.

En otra parte del documental, se les pidió a diferentes personas que pensaran en Apple como alguien como una persona y cómo la definirían. ¿El resultado? Muchos respondieron simplemente que sería un consentido o un snob o que es de esas personas que se visten bien y que lo único que se preocupan es por la moda y su aspecto.

El episodio también mostró a empleados de Apple enloquecidos en un frenesí evangélico durante la inauguración de un Apple Store en Londres.

Desde hace mucho tiempo que observadores y críticos de Apple han señalado que la empresa tiene una estrategia deliberada de crear un amor ciego por sus productos entre los consumidores. Esto queda demostrado cuando clientes de Apple han demostrado su devoción por la empresa con tatuajes, autoadhesivos y otras manifestaciones de admiración. En este contexto, el programa citó el documental MacHEADS que muestra el carácter de culto que Apple tiene entre algunas (millones) personas. 

Por supuesto, este experimento no fue realmente científico – no hubo un experimento de control, ni comparaciones con lo que producen en el cerebro productos de otras marcas. Aún así, es difícil negar que exista una clara devoción entre los usuarios de Apple que parece haber dado en la tecla de la teoría consumista.

Así como los monoteísmos siguen invocando principios divinos para expropiar, excluir, torturar y matar; también vemos como los dispositivos religiosos promueven simulacros como si fueran realidades. Antes estos falsos supuestos nos coloca el consumismo como su nueva santidad.

La diferencia radical, en la superficie al menos, con los monoteísmos (al menos los tres más grandes) es que estos siempre han atentado contra el cuerpo, el placer y la vida. El cristianismo, el judaísmo y el islamismo desestiman no solo la condición femenina sino también desprecian el cuerpo y descalifican los goces mundanos. Será entonces que el consumismo toma nota de ello para apuntar sus cañones en sentido opuesto y tener por norte el cuidado del cuerpo y la incesante búsqueda de métodos de prolongación la extensión de la vida y la prosecución de placeres materiales (como así también los de la carne).

Tal es así, que muchas veces el consumismo, nuestro nuevo patrono, aprovecha los momentos de cambio –y siguiendo los preceptos del iluminismo- para indicar que ha llegado la hora de liberarnos de las moralinas que en nombre de lo divino atentan contra el deseo y la razón.

Se hace casi imposible escapar de la lógica del consumismo. Tan difícil como que los laicos escapen de las religiones. Es que por infiltración cultural, en ambos casos se asumen quiérase o no, ciertos códigos domesticadores. La normativa consumista circula en el entramado social y atraviesa todo discurso allí presente.

Cuantas veces el sentimiento de no pertenencia se apodera de aquellos que imposibilitados en sus posibilidades materiales deben claudicar en la loca y cruel carrera por llenar los espacios que el consumismo demanda. Así vemos como sus garras inciden constantemente en las valoraciones y decisiones que tomamos, ataca la emancipación personal y promueve la intolerancia. El fin: someter a los hombres.

Los gurúes del sonsumo, las “supermarcas” como las analizadas en el documental, nos imponen sus verdades como designios irrefutables.

Recordemos la pregunta de Friedrich Nietzsche: “¿Qué es la verdad?”, y su respuesta: “un vivaz ejercito de metáforas que a fuerza de ser transmitidas, adornadas y repetidas, después de un largo uso, a un pueblo le parecen definitivas, canónicas y obligatorias”

El consumismo engaña y seduce. Deja a su paso hordas de hombres que afirman que es verdadero lo que creen y creen que es verdadero lo que afirman. En este juego perverso queda claro que las primeras marcas se erigen como las más apropiadas para, por ejemplo, atrapar al sexo opuesto, esto al menos es lo que piensa el cazador cazado.

Estamos domesticados y sometidos a la lógica de consumo, y peor aún esta nos inculca la intransigencia con el pensamiento diferente (nueva coincidencia con los monoteísmos clásicos) y da paso a la discriminación ya no de género, sino de precio y etiqueta (la calidad es lo de menos).

El sentimiento de angustia ante el vacío de una vida que termina empuja al hombre a entrar en la vorágine del consumismo y tomarse por lo que no es e imaginarse en una configuración diferente de la real. Así los individuos se llenan de adornos, objetos varios de usos pocos, levantan pseudo-símbolos heráldicos en nombre de la moda, la electrónica, y la industria automotor.

Inmersos en esa montaña rusa de sensaciones y satisfacciones pasajeras, los hombres pasan inadvertidos ante sí mismos. Pareciera ser que prefieren ficciones que funcionan a modo de narcóticos pero denotan actitudes infantiles en contraposición con la asunción de las certidumbres de los adultos.

26/5/2011

www.solesdigital.com.ar

 

 
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