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Esperanza Spalding – Emily’s D+ Evolution

Original e inclasificable

 

 

Por Julián Melone
julianyelotro@gmail.com

Sello: Concord Records. Género: Jazz, Pop, Soul, Funk, Rock. Temas: 12 + 2 en versión deluxeAño: 2016. Integrantes: Esperanza Spalding (voces, bajo, piano, contrabajo), Corey King (coros, sintetizador, trombón, teclados), Matthew Stevens (guitarra), Karriem Riggins, Justin Tyson (batería), Emily Elbert, Nadia Washington, Celeste Butler, Katriz Trinidad, Kimberly L. Cook-Ratliff (coros)

A lo largo de su carrera, Esperanza Spalding ha logrado conseguir una de los más codiciados objetivos para un artista: ser original e inclasificable. Y en “Emily’s D+ Evolution” da un paso adelante en su habitual atrevimiento, consiguiendo una exitosa fusión entre características que suelen despreciarse mutuamente: la música compleja y elaborada con el corte de difusión radial.

Para describir el estilo del disco, deben trazarse una serie de injustos paralelismos con otros artistas. Aquí despliega la habilidad compositiva-vocal de la alianza Joni Mitchell-Jaco Pastorius del disco “Mingus” (las preciosas Rest in Pleasure y Noble Nobles son la prueba definitiva) con la oscuridad de Bjork y profundidad interpretativa de Fiona Apple. Bien haría Snark Puppy en envidiarle su capacidad componer al servicio de una canción y no solo para despliegues técnicos; y parece haber tomado algo de la desfachatez y libertad de los Screaming Headless Torsos. Claramente Esperanza integra el grupo de élite del jazz posmoderno (o usando palabras de Ed Motta, artista con el cual comparten conceptos armónicos: “adulto”). Y demuestra ser también una cantante inigualable que, a diferencia de sus colegas contemporáneos, utiliza influencias del soul, pop, funk y rock para enriquecer sus composiciones.

De esta manera, el protagonista de “Emily’s…” no es únicamente la habilidad y prolijidad de los músicos, sino la calidad compositiva y la canción en sí; además de un groove omnipresente. En Unconditional Love queda muy claro: una preciosa pieza de perfil radial, cuya melodía y estructura nos distrae de escuchar esos extraños cortes de batería propios de la “música para músicos” (y a no perderse la versión alternativa). Justamente, este es el horizonte que el disco logra romper con éxito y por el cual cualquier parroquiano puede nutrirse de la complejidad musical de los tracks sin que sea difícil de digerir; excepto quizás por la disonante I want it Now (quizás el momento más auténtico del disco) o Elevate or Operate (donde los cambios de tiempo y clima son notorios y abruptos, pero aún así coherentes y entretenidos).

 

Spalding toma la gran decisión de subir el overdirve en canciones como la genial Good Lava o Funk The Fear (el momento más sincrético de la placa) cuidando los decibeles para generar un buen equilibrio entre el profesionalismo musical y la sangre caliente del artista. También logra ambientes suaves y oscuros en Judas y Earth on heaven. O un aspecto íntimo con Farewell Dolly, sólo con su voz y contrabajo en la canción más cercana al jazz clásico. En una placa sin ningún momento bajo, tiene el perfecto broche de oro con Change Us, un éxito soul de contagiosos y épicos coros, con una progresión armónica de la escuela Beatle, de aquellas que no parecen finalizar nunca y que cuando lo hacen sólo podemos pedir más.

Las virtudes de la placa a veces pueden sentirse como un defecto y quizás así sea: la fusión logra que el estilo no sea “del todo rock” o “del todo jazz” y puede dar una sensación de incompletitud. Pero, como todo atrevimiento artístico, es cuestión de darle una oportunidad más y sólo una, ya que lo que destaca este disco es su habilidad de que las cosas más complejas y extrañas que lo componen ingresen en el oído suavemente como la seda. A tal punto que a veces debemos hacer un esfuerzo para recordar que lo que estamos escuchando pertenece a un particular mundo rítmico-armónico.

De alguna manera, Esperanza logró que lo que siempre fue considerado un gusto adquirido ingrese orgánicamente a nuestro organismo manteniendo una calidad excelente. Y no solo eso: todo indica que la placa soportará estoicamente el paso del tiempo para volverlo un clásico, ya que tal característica se suma al hecho de que resulta casi imposible encontrar artistas con propiedades similares; y tal virtud la transforma en una de las artistas más interesante de nuestro tiempo, teniendo en cuenta que mientras se escriben estas letras, no ha llegado a sus 35 años de edad.

4/5/2016

Notas relacionadas:

La evolución de Esperanza Spalding

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