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Messi: El autista del gol

Una gambeta a la idolatría nacional

 

Desde su irrupción en el mundo del fútbol, Lionel Messi se ha convertido en tema recurrente entre colegas y amigos. Las tórridas discusiones que se desandan entre intelectuales, comerciantes, adolescentes y jovatos giran no sólo entorno a lo que “La Pulga” nos regala dentro de un campo de juego sino mayormente por saber si es merecedor de la idolatría de un pueblo, en este caso el argentino.

Gran astro del universo fútbol, Messi no ha podido alcanzar el estatus de ídolo para los argentinos, y aparenta estar muy lejos de hacerlo -por no decir que nunca lo será. El rosarino ya tiene 24 años y aún no se han visto raptos de pasión por él en la Argentina. Pero no seamos obtusos, es claro que la mega estrella del Barcelona es y será un gran jugador de fútbol y tal vez la historia ya le esté empezando a guardar un lugar entre los mejores. Pero constituirse en ídolo no es algo que se pueda atribuir automáticamente a alguien por el solo hecho de ser talentoso en la especialidad que este individuo desarrolla.

El ídolo no se hace a sí mismo (ni siquiera creo en esa frase que dice “ídolo se nace”). Sino que es el pueblo el que construye la figura del ídolo. Fue, es y será siempre el pueblo quien los valide como tales. Por eso los ídolos son de orígenes populares y no de castas o elites. De haber sido un ídolo, los girondins no se hubieran encargado de decapitar a Luis XVI.

Un ídolo es mucho más que alguien con una gran habilidad. Tal vez la razón de la desconexión entre el público argentino y Messi se deba a su temprana partida del país. Esto último no le permitió generar un contacto genuino con las masas. Sin embargo, el factor más decisivo en tal desconexión es su personalidad.

Señores y señoras, aquí les digo: Lionel Messi es insípido. Es un personaje que fuera de un campo de fútbol no genera nada, no tiene ningún tipo de brillo o magia.

Y no estoy diciendo que Messi sea insípido en comparación con Maradona, Mao o el Che (y por favor no crea que pongo a Diego en el mismo lugar de la historia que a estos dos últimos personajes), sino que Messi es insípido con respecto al almacenero de la esquina, el canillita de la vereda contigua y el taxista que me llevó esta mañana a trabajar.

Más aún, cuando Messi deje de jugar profesionalmente será como presenciar la muerte de una estrella: opacada y carente de todo halo de luz. Maradona, muy por el contrario, con su carisma va a seguir siendo buscado por todo el mundo aunque esté postrado en una silla de ruedas.

Lionel tiene una mirada tonta, perdida. Repito: tiene 24 años y sigue pareciendo y actuando como un adolescente. Nadie lo invita a programa de TV o radio alguno porque no se le ocurre una sola oración articulada ¿Creen acaso que si ídolos como Maradona, Romario o Cruyff  hubieran ganado la Champions League con Barcelona, luego se hubieran parado en el centro del estadio Camp Nou para tan sólo decir “La verdad es que no tengo nada que decirles”? Pues eso fue lo que hizo Messi:

 

Pues bien, ahí lo tienen. La prueba más contundente de que Messi fuera de un campo de juego no tiene absolutamente nada que decir o hacer. Nunca mejor utilizado el termino “Rey” para definir a Messi y el lugar que ocupa en el fútbol actual. Es que el muchacho de Rosario, al igual que cualquier rey medieval, carece de todo contacto con el pueblo (salvo aparecer en publicidades diversas en la TV o en carteles callejeros). ¿Imaginan a algún relator o comentarista diciendo “Y ahí sale al campo Lionel Messi, el jugador del pueblo”? ¡Pamplinas!

Futbolistas como Carlos Tévez son la más pura expresión del ser argentino, ya sea por lo que hace dentro de un campo, como por lo que dice y hace fuera del verde rectángulo.

 

Messi aparece como el típico compañero que uno tenía en la escuela o en el club y al que si bien todos querían tenerlo en el equipo de fútbol, después de jugar ya nadie le prestaba atención. En cambio un Tévez, o un Maradona son esos que no sólo se destacan en la cancha sino que luego de jugar también son el centro de atención durante el asado, el que lleva la música a la reunión, el que cuenta los mejores chistes… ¡Qué va! Es el más feo del grupo pero que en base a carisma siempre consigue las más lindas minas. Estás son actitudes que generan mucha identificación con los individuos. El público proyecta mucho de la vida propia en los jugadores y en las celebridades en general. En cambio Messi es ese maldito habilidoso que uno lo tiene enfrente y lo quiere partir al medio. Si usted ha practicado algún deporte, de seguro me entenderá. Adentro de la cancha, Messi es muy vivo, pero afuera pasa totalmente desapercibido.

Sorprendió a la prensa mundial el reciente libro “Messi, el chico que siempre llegaba tarde” del investigador argentino Leonardo Faccio que tras tres años de seguimiento del prodigio, de entrevistas al jugador, a su familia, a sus amigos y a grandes futbolistas argentinos, concluyó que el delantero “tiene una misión de vida y considera distracciones indeseables casi todo lo que pueda apartarlo de su objetivo. No lee, apenas sale, y si lo dejás, te duerme hasta las diez, once de la mañana, y, además, duerme la siesta. En la rutina de su casa, se acuesta cuando no se le ocurre nada mejor que hacer”.

Para cerrar el concepto elaborado sobre Messi, el investigador afirma que hasta que la editorial lo convocara para escribir el libro, nunca se había interesado por el fútbol. Faccio dice “se le acusa de vivir dentro de una burbuja" y agrega el testimonio de Jorge Valdano, ex DT y campeón del mundo en 1986: Alcanzar esos niveles de celebridad sin confundirse es imposible, salvo que uno sea un superdotado o un autista”.

¿Creen acaso que Messi podría casarse en el estadio Luna Park como hizo Maradona y no sólo invitar a los grandes jugadores del mundo sino tenerlos a todos eclipsados por su figura, por bailar con él, por sacarse una foto con él?

Dejo un dato pseudo-científico proveniente de la observación diaria: No van a encontrar por las calles de Argentina muchas personas mayores de 15 años con una camiseta de Messi. De ser ídolo, Messi sólo lo es para los nenes, y a esto mucho contribuyen los goles que su avatar hace en sus correspondientes “estaciones de juego” (Play Station).

Así como nuestras generaciones adoptaban como ídolos aquellos corsarios, cazadores y aventureros de los libros de la infancia; los niños de hoy toman sus ídolos de los nuevos tipos y/o formatos que ofrece la massmedia. El razonamiento reinante es: “Sos el mejor en mi Playstation, entonces pasás a integrar mi selecto grupo de ídolos”.
 
Claro que existen aquellos que defienden a Messi y para argumentar sus dichos apelan en primer lugar a su juego para luego sumarle los fríos números estadísticos –que son extraordinarios y nadie los puede discutir.

Por eso para un alemán tal vez no existe nada más extraordinario que Messi (sus goles anotados, sus records, sus copas obtenidas, su porcentaje de efectividad en pases y asistencias, la efectividad del Barcelona con él dentro del campo, y así hay mil estadísticas posibles).

Pero por estas tierras del sur es otro el sentimiento. Somos pasionales en la vida como en el fútbol. Las estadísticas las dejo para la NBA. Aquí somos románticos y rebeldes por naturaleza. Por eso despreciamos a esos popes de la FIFA como Platini que nunca más tocaron una pelota de fútbol, que nunca dicen nada y que se han vendido en forma descarada al capital. Creo que ese también es el caso de O Rei Pelé. Y el de Maradona también, pero más solapado, o a lo sumo incompleto debido a sus continuos arrebatos de aquel niño de Fiorito que aún dominan su personalidad.

Un ídolo es un falso Dios. No por nada es que se suele hablar de Maradona como DIOS y no como ídolo. En todo caso y llevando a Maradona al plano humano, Diego es lo que la filosofía llamaría “héroe”. Aquel que se ha ganado al pueblo generando un relato histórico que contiene sus hazañas y virtudes; como así también sus fracasos y miserias que de alguna forma es lo que lo humaniza y lo acerca al común de la gente.

Para construir un relato heroico hace falta que existan grandes obstáculos por superar: Maradona jugaba en un cuadro inexistente como Nápoli con compañeros de segunda categoría. Era él contra todos. Tiempo después llegarían Careca y Alemao, pero seguían siendo ocho malos y tres buenos. En cambio Messi está rodeado en su club por lo mejor del fútbol mundial, y en la selección por jugadores que son grandes figuras en sus clubes. Con lo cual es poco probable escuchar algún día que Lionel se haya puesto un equipo de burros al hombro para llevarlo a la gloria. Sí que es un engranaje fundamental para todo equipo -sino el más importante. Ya lo dijo Guardiola: “Sin él es todo más difícil o poco probable”.

Otro técnico que ha metido la cola en esta discusión es Arrigo Sacchi. Ganador de dos Copas de Europa, dos Copas Intercontinentales, dos Supercopas de Europa y un subcampeonato del mundo (1994), Sacchi escribió una columna para la Gazzetta dello Sport titulada “Diego: genio absoluto. Leo: jugador de equipo”, en la cual relata su primer encuentro con Diego cuando dirigía al Milan. Fue un partido de Serie A en 1988. “Diego fue mi alegría y mi tormento. Aquel partido era dominado ampliamente por el Milan y nadie podía presagiar un gol del Nápoli. Sin embargo la pelota le llegó a Diego. Gambeteó a un par de adversarios, puso una asistencia fantástica para Careca y 1 a 0 para los Azules. Me metí dentro del campo de la bronca que tenía, luego giré en dirección hacía mi banco y desconsolado le dije a Ramaccioni «¡No, no. Así no vale!». Jugar contra Diego era como tener todo el tiempo la espada de Damocles pendiendo sobre uno y que en cualquier momento podía venir el golpe letal. De la nada era capaz de inventar cualquier cosa.”
                                
Más aún, Sacchi define a Maradona como “un líder dotado de una extraordinaria personalidad y carisma”, y agrega que el único límite de Diego –y que al mismo tiempo constituís su grandeza máxima- “era que el juego lo creaba él”. Esta cualidad, digna del genio autosuficiente de Maradona dice Sacchi, “le impedía sacar provecho de la sinergia del equipo lo cual hubiese ampliado su grandísima calidad. Aunque tal vez tener al juego en equipo por líder hubiese reducido su seguridad y personalidad. Esto nunca nadie lo sabrá, pero sí puedo asegurar una cosa: Diego podía jugar en cualquier equipo y hacerlo grande.”

A la hora de hablar de Messi, el italiano no escatima en elogios aunque aclara que el rosarino “no posee la personalidad, genialidad y fantasía de juego de Diego”, pero sí destaca su velocidad, continuidad de acción y profesionalidad. “Messi necesita del juego para expresarse completamente, Diego no. Messi juega más con y para el equipo, en toda la cancha y en todo momento. En cambio Diego funcionaba más por destellos. Messi es un jugador que saca ventaja de la sinergia del equipo lo cual le permite encontrar soluciones y aumentar su personalidad dentro del campo, mientras que Maradona era autónomo y autosuficiente”. 

Pero la frase de Sacchi que nos deja a todos pensando es sobre los dos jugadores llevados al nivel de selección: “Messi lucha con una Argentina compuesta de los más óptimos elementos. Maradona gana un mundial, y casi un segundo, con compañeros semidesconocidos. Si el fútbol fuese un juego individual, no habría ninguno igual a Diego”.            

Debo aclarar que me he cansado de criticar en notas periodísticas a Maradona como Director Técnico. Yo no soy un fanático de Maradona. Pero antes las injusticias del mundo de los poderosos soy el primero en defenderlo.

Lo que quiero decir es que a un verdadero ídolo se le festeja ese “je ne sais quoi" que lo hace distinto a pesar de todo. Un claro ejemplo de esto último es la ocurrencia que tuvo ni bien arribado a los Emiratos Árabes Unidos. El hombre hacía juegos con el balón dentro de lo que parece ser un vestuario u oficina cuando un guardia de seguridad pasa por su lado y… ¡Zas! No va que el nene de Fiorito le tira un “caño” a la pasada:

 

Diego sigue teniendo esa rebeldía e irreverencia de siempre. Y así como supo tirar “caños” a los mejores defensores del mundo, no le importó tirarle uno a un guardia de seguridad.

Así, Diego se erige como fiel representante de la forma de ser de los argentinos; sean en las cosas buenas y también las malas y obviamente esto incluye lo futbolístico. Por ejemplo, ahora somos contemporáneos de uno de los mejores equipos de la historia del fútbol (sino el mejor), que es el F.C Barcelona, pero en su momento Maradona se encargó de aclarar que a él le gusta más el Real Madrid de José Mourinho. Luego también dijo que Manchester United iba a ganar la final de la Champions League frente a los Blaugranas. Con Messi disfrutamos mucho de su juego pero no lo tenemos como ídolo porque para nosotros el ídolo no es siempre el "mejor" (salvo el caso de Maradona).

Descreo de aquellos que les piden a los jugadores de futbol que actúen como si fueran primeros ministros o embajadores plenipotenciarios –ardid barato que da lugar para juzgarlos por sus conductas personales. En el caso de Messi no hay nada que cuestionar porque nada hace.

¿Quién se puede atribuir el derecho de criticar a Maradona porque bebe alcohol, usa drogas o dice barbaridades por TV? Yo no puedo con mi vida y me voy a quejar porque un tipo que juega al fútbol dice exabruptos por TV como los que dijo en Montevideo tras clasificar a un Campeonato de Mundo.

No quisiera que mezcláramos tomates con manzanas, ni fútbol con baloncesto, pero quién puede olvidar el impacto que tuvo aquel aviso publicitario de 1993 protagonizado por Charles Barkley –uno de los 50 mejores jugadores de la historia de la NBA- comunicándole a Estados unidos y al mundo que “el solo hecho de volcar una pelota dentro de un aro, no significa que deba criar a sus hijos”:


  
Sin embargo el mensaje no parece haber hecho mella en grandes porciones de nuestras sociedades que se indignan cuando Maradona dice “los que no confiaron en mí, que la chupen”. Pero esas personas sólo expresan un típico pensamiento colonial que a todo lo divide entre civilización y barbarie. Esa es la típica y patética indignación burguesa. Esos son los mismos que se levantan todos los días deseando ser europeos y que se arrodillan ante sus jefes imperiales. Y Messi es el claro ejemplo de aquel que queda bien con Dios y con el Diablo. Siempre correcto. Por eso los críticos de Maradona ven en Messi a un embajador y a Maradona como el culpable de las miserias de esta parte del mundo. Pero me pregunto: ¿Por qué le piden a un ídolo deportivo quedar bien? Y elevo la apuesta: ¿Quedar bien ante quién? ¿Ante el amo europeo? ¿Ante el estadounidense? ¿Es acaso Europa o Estados Unidos la fiscalía del universo que decide qué está bien, qué está mal? ¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos? ¿Acaso hay que quedar bien con el ganador del premio Nobel a la paz que muy tranquilo y campante salió a anunciar como mandó a reventar en pedazos al supuesto enemigo de su patria y de la humanidad?

Bueno, ese es el pensamiento de los cipayos que atacan a Maradona y se horrorizan de todo lo que dice y hace y lo mal que nos ha dejado ante la prensa mundial. Para quedar bien tenemos a nuestros intelectuales y no a Maradona. Sin embargo, ni siquiera aquellos que critican a Maradona tienen como ídolo a Messi, sino que sólo ven al jugador del Barcelona como un ejemplo de corrección y un gran jugador de fútbol, pero nunca un ídolo.

Los ídolos están hechos y llenos de contradicciones, algo que Messi no parece demostrar. Lo suyo es dentro del campo de juego y nada más. En cambio Diego genera contradicciones todo el tiempo. Pero cuando nos encontramos solos, sin nadie alrededor, sin ninguna caja boba resonando de fondo, viéndonos en un espejo y buscando puntos arquimédicos para comprender nuestras propias vidas y apelamos a un costado romántico, filosófico, o hasta haciendo una lectura sociológica, desmenuzando y estudiando cómo opera la industria cultural que todo lo atraviesa con su discurso, un discurso elitista, iluminista, un discurso que opera sobre el mismo Maradona, que a su vez fue, es y será parte importantísima de tal discurso hegemónico; es cuando nos damos cuenta que no se le puede pedir nada a ese hombre. Porque no hay que olvidar que es simplemente eso, un hombre, con todo lo que ello implica.

¿Saben en todo caso cual fue el ejemplo que dejó Maradona? El hecho que detrás de todas sus miserias, Diego intentó ser el mejor dentro de una sociedad mezquina y miserable, dentro de un mundo totalmente hipócrita.

Maradona al final de cuentas intentó funcionar como un hombre en medio de ésta actual circulación de ídolos habitualmente vacíos de discursos, opiniones y pasiones.

Tal vez en el mundial de 2014, Messi pueda tener su gran oportunidad. Pero para ello tendríamos que contar con una selección mala, muy mala (como fue la del mundial de  Italia en 1990 con Maradona) y así y todo llevarla hasta una final y sólo contra Brasil –preferentemente a ser disputada en el estadio Maracaná- y ganarla con un gol suyo en el último minuto. Creo que sólo así y ante esa hipotética escena podríamos empezar a considerar la idea de ver a Messi como ídolo nacional.

Sin embargo, es probable que después de tamaña hazaña sólo escucháramos a Messi decir: “No tengo nada para decir”.

2/3/2012

Notas relacionadas:

Cuidar a Messi: Un niño rico que juega con tristeza

 

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