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Cuidar a Messi: Un niño rico que juega con tristeza

 

Por Mariano García
@solesdigital

“Cuidarlo a Lio” es el mantra que resuena en las mentes biempensantes del fútbol argentino ante cada nueva frustración del astro mundial, que no puede revalidar jugando para su selección nacional la enorme cantidad de logros individuales y colectivos que cosecha en su carrera deportiva en el Barcelona.

La idea viene instalándose hace años, y el micromundo futbolístico argentino coincide en seguir tratando al mejor jugador del planeta como a una de niño especial que debe ser cuidado de un horrible mundo exterior que no lo valora (o sea, un montón de hinchas que son constantemente bombardeados por publicidades y noticias que nos hablan de Messi como algo extraordinario, nunca antes visto en la historia del fútbol). No importa que se trate de un hombre adulto (durante la Copa América festejó su vigésimo octavo cumpleaños), millonario, padre de familia. Lio es siempre un niño consentido.

“¡Con Messi no, eh!”

Mundial Sudáfrica 2010. Un joven Lionel de 23 años es castigado regularmente por las faltas de los rivales griegos. Como siempre, se levanta y sigue jugando. Callado, encerrado en su mundo  perfecto cuando la pelota toca sus pies, no responde ante los golpes y provocaciones helénicas. Hasta que el aguerrido capitán griego Georgios Karagounis (33 años en ese entonces) apura a Messi en la mitad de la cancha. Entonces, desde el banco de suplentes Diego Maradona salta a defender a su protegido con insultos en español e italiano hacia el 10 rival. “¡Eh! ¡Karagounis! ¡Karagounis! ¿que carajo le estas diciendo? ¡puto! (...) ¡Karagounis... Karagounis!! ¿che cosa dici? Figlio di puttana. ¡Con Messi no eh... con Messi no! ¡Va fan culo!"

 

A Lio hay que cuidarlo. Metete con cualquiera de los otros 10 adultos responsables que hay en equipo, pero con Messi no, eh. El es especial, tanto afuera como dentro de la cancha. Y no puede defenderse solo. El temprano paternalismo maradoniano debería haber encendido las alarmas si se hubiera interpretado la situación con ojos psicopedagógicos: a padres sobreprotectores, hijos malcriados.

Apenas finalizada la final perdida contra Chile, el periodista Martín Arévalo, de TyC Sports, les preguntaba a Mascherano y Lavezzi: “¿Cómo hacemos para cuidar a Lio, para que no se deprima?”. Porque a Lio no se lo puede cambiar, si lo sacan del juego hace berrinche. A Lio no se le puede gritar desde el banco, ni mucho menos un compañero. Hay que velar para que su frágil mundo se mantenga intacto. A Lio hay que cuidarlo. Si lo critican, se enoja y juega mal. O la suma de todos los miedos: que renuncie a la Selección (una posibilidad tan cercana a la realidad, como la pelota del arco en el penal de Higuain).

Esa amenaza sale a la luz cada vez que caen las críticas sobre Messi luego de perder jugando para Argentina. Que hay que estar agradecidos de que represente al país y no haya elegido jugar para una España que lo adoptó desde chico. En estos días el periodismo deportivo y el ambiente futbolero juegan al histeriqueo con "el pueblo", instalando la posibilidad de un alejamiento temporal. Ojo eh, no lo critiquen mucho que se va. "Si no me cuidas me voy, querido. Esta relación no puede seguir así". Una de estas “voces autorizadas” fue Matías Almeyda, que reforzando el miedo a un Messi renunciando a la Selección declaró: “Algún día este muchacho se va a cansar y no va a querer venir nunca más. A Messi lo criticábamos hasta porque no cantaba el himno, siempre le buscamos algo. No tiene necesidad de estar. Viene a defender la camiseta de nuestro país, lo hace siempre bien y no tiene por qué cargar todo él”, dijo el actual técnico de Banfield y ex jugador de River.

¡Pues claro! Apenas la pelota empieza a rodar por el césped, ya nos olvidamos que el fútbol es un negocio. Noticia de último momento, año 2015: tanto AFA como Conmebol y FIFA, estarían generando dividendos millonarios, y los jugadores que representan a sus selecciones reciben algo más que un idílico amor correspondido por parte de su sacrosanta camiseta.

La selección argentina de fútbol es una gran corporación internacional que necesita de Messi tanto como al pequeño Lio (o su padre, quien maneja sus negocios con bastantes puntos ciegos en la contabilidad) le sirve para lucirse en la vidriera internacional, cobrar por sus presencias y capitalizar su valor como marca.

Desde hace años, los amistosos internacionales son mucho más importantes para la tesorería de la calle Viamonte que la Copa América o el Mundial. Las grandes competencias funcionan como vidriera, el gran negocio está en los amistosos. Negocios bastante turbios, como se ha revelado en los últimos meses, y que benefician a intermediarios, dirigentes y empresarios parasitarios, generando una enorme cantidad de dinero que nunca llega a donde los clubes argentinos lo necesitan. 

Y Messi no puede faltar nunca. Es la atracción número uno del circo itinerante en que se convirtió la Selección Argentina gracias a las empresas Santa Mónica y Torneos. No es el amor a la camiseta el que lo lleva a jugar contra El Salvador y Ecuador en Estados Unidos. Es el millón de dólares que Futbolistas Argentinos Agremiados embolsó para la histórica goleada del año pasado a Hong Kong, 7 a 0 de visitante, con dos goles de “la pulga” en el segundo tiempo y la histeria masiva de los asiáticos por verlo.

La empresa de entretenimiento armada en torno a Lionel Messi también presenta aéreas oscuras donde convergen los mismos nombres que suenan en el reciente escándalo de corrupción por el que el FBI está investigando a la FIFA, y mancha por extensión a AFA. El empresario Guillermo Marín, organizador de los amistosos de los Amigos de Messi, ha sido vinculado en la causa con el narcotráfico colombiano. También la DEA está detrás de los amistosos de Messi y demás jugadores del Barcelona durante 2013, sospechados de haber sido organizados para blanquear dinero de uno de los principales cárteles del narcotráfico mexicano, el de Los Valencia.

Volviendo al aspecto deportivo, quizás sea necesario recordar, una vez más, que las estrellas del deporte contemporáneo son ídolos pop cuya presencia en el escenario es una condición necesaria para el funcionamiento del negocio. Como todo personaje público cuya actividad implica actuar frente a audiencias y periodistas, su performance es susceptible de críticas y exigencias. Estar a la altura de esas exigencias es lo que distingue a los buenos de los grandes, ya sea en el espectáculo como en el deporte. Nada tiene que ver la patria y la bandera: estamos en el negocio del entretenimiento, y ver a Messi fracasar en las instancias finales aburre.

Pero hay que cuidar a Lio. No lo critiquen, hinchas y periodistas. No lo saquen de la cancha, entrenadores. No lo contradigan, compañeros de selección. En Qatar, Barhein, India o Singapur se desviven por admirar su magia en futuras goleadas amistosas.

8/7/2015

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