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La vida es un milagro

Milagro en loop

 

Titulo original: Zivot Je Cudo / Life is a Miracle. Director y guón: Emir Kusturica. Actores: Slavko Stimac, Natasa Solak, Vesna Trivalic, Vuk Kostic, Aleksandra Bercek, Stribor Kusturica, Nikola Kojo, Mirjana Karanovic. Música original: Emir Kusturica, Dejan Sparavalo. Fotografía: Michel Amathie. Editor: Svetolik Zaul. Año: 2004. País: Francia, (Yugoslavia). Duración: 155 min

Emir Kusturica siempre ha hecho gala de una loca imaginación, de un cierto realismo mágico en sus films. Empezó allá lejos y hace tiempo a hacerse conocido, con “Papá se fue en viaje de negocios”, pasando por “Tiempo de gitanos”, “Underground”, “Gato negro, gato blanco”, incurriendo en Hollywood para “Sueños de Arizona” (con Johnny Depp y Faye Dunaway). Su marca registrada: la capacidad de combinar lo onírico puro, con la metáfora poética, con una visión a un tiempo descorazonada (sobre todo en los primeros films) y esperanzada (en los últimos). “La vida es un milagro” probablemente sea archivada como un film más dentro de su carpeta.

La cronología ocupa el antes, el durante y el después de la guerra de los Balcanes. Sus protagonistas nos resultan familiares: simpáticos, queribles, inocentes (en algunos casos muy). Sus antagonistas son, como en sus otros films, amigos que llegada la lucha por el poder, no dudan en traicionar a quien se les ponga delante, y que se hunden en la más burda decadencia y corrupción (la irrupción de la droga pesada siempre como símbolo del fin de la inocencia). El desarrollo consiste en los avatares del protagonista, quien es abandonado por su esposa bipolar, pierde su hijo reclutado para el frente y encuentra un nuevo amor (en este caso, en la figura de una chica musulmana – en los nuevos papeles de la lucha, el enemigo - para quien la guerra es tan ajena como para él).

Dicho desarrollo transcurre entre las peripecias de los personajes para soportar la guerra que primero les llega de lejos y después les cae en el jardín, simultáneamente con la búsqueda de este padre desesperado por recuperar a su hijo de un conflicto bélico que considera ridículo.

No es que el film no tenga aciertos, pero en esta ocasión los gags se vuelven repetitivos y se gastan rápido, así como los momentos de mayor dramatismo hacia el final caen en clichés antes ajenos a Kusturica. Como la película trabaja en fuga (es decir, va llegando a su final a través de la repetición de situaciones que van sufriendo modificaciones con el transcurso del tiempo), sus dos horas se vuelven un poco largas.

Los rubros técnicos, como siempre, son impecables, desde la fotografía, hasta la dirección de arte o el sonido y la música, así como también las actuaciones. El problema, si se quiere, es que todo genera la sensación de un “esto ya lo vi antes”. A esto se le suma un final feliz agradable, obviamente, entre tanta guerra, pero forzado “a la Hollywood”.

Quizás esta visión más bien negativa se deba a unas expectativas altas con respecto a la película, que no fueron satisfechas. Quizás quien no conozca de antes a Kusturica logre divertirse con sus locuras al tiempo que descubrirlo como autor creativo, pero para quien lo sigue desde hace varios años, sienta que esto ya lo ha visto antes y mejor.

13/5/2005

Diego Braude

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