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Peaky Blinders: La elegancia en la violencia

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Peaky Blinders: La elegancia en la violencia

 

Por Javier Cardenal Taján
xabi10xabi@gmail.com

Peaky Blinders es el nombre de la miniserie producida por la BBC que versa entre el drama criminal y por momentos el thriller político y que logró darle nuevos aires a tanta producción de la temática mafiosa. Después de dos sólidas temporadas (2013 y 2014) con un promedio de más de dos millones de espectadores por capítulo, el año pasado llegó la tercera mientras se auspicia que la cuarta, ya en rodaje,  llegará en octubre y se sumará a la grilla de Netflix.

El primer dato a destacar es que la serie está basada en hechos reales. Los Blinders fueron un clan mafioso de origen irlandés y gitano que aterrorizó Birmingham desde 1880 hasta principios del Siglo XX. Sin embargo, la producción creada y escrita por Steven Knight (guionista de Promesas Del Este y Negocios Ocultos) -quien se inspiró en las historias que le contaba su padre ya que asegura que familiares suyos fueron miembros del clan dos generaciones atrás- trasladó la historia a 1919. Para la dirección, su creador eligió jugadores de peso. La primera temporada estuvo a cargo de Otto Bathurst (Black Mirror) y Tom Harper (La mujer de negro: El ángel de la muerte); mientras que la segunda campaña fue asignada íntegramente a Colm McCarthy (series Sherlock y Endeavour) y la última recayó en Tim Mielants.

La serie se relaciona con el espectador por el relato de época y por sus personajes variopintos que permiten una empatía automática. Los iniciados se verán salpicados por la historia de tres hermanos varones: los Shelby -verdadero apellido de la familia-, que regresan de combatir en la Gran Guerra. Claro que los caminos que optan para hacerse lugar no serán los más santos ni legales. Es que los Peaky Blinders –así se los conoce porque sus miembros llevan una cuchilla de afeitar en sus boinas con las que atacan a sus enemigos- siempre se movieron en el inframundo de las apuestas ilegales, contrabando de armas, bebidas y demás. Pero ahora, y tras vivir las miserias de la guerra, quieren estar en la mesa de los que cortan el bacalao y no apenas apuntándose con menudencias.

El rol protagónico recae sobre el irlandés Cilian Murphy (Inception y Batman Begins) que personifica a Thomas Shelby, capo de la banda, insensible y frío a causa de la guerra, y el que aporta el intelecto. Lo secundan Helen Macrory como la tía Polly, matriarca de la familia y quien llevó las riendas en ausencia de los varones, y Sam Neill (Jurassic Park I y III) como el inspector Chester Campbell de la Real Policía Irlandesa que viaja para encargarse de los Blinders ante las sospechas de que estos también actúan relacionados al movimiento independentista de aquel pueblo. El personaje de Neill se muestra implacable con propios y ajenos e inescrupuloso desde el primer momento. El elenco se completa con la bella Annabelle Wallis como Grace Burgess, una joven irlandesa que llega para ablandar el corazón de Thomas pero que esconde un pasado secreto. Iddo Goldberg como Freddie Thorne, un activista comunista y antiguo amigo de la infancia de Thomas. Paul Anderson como Arthur Shelby, el hermano mayor sumergido en un alcoholismo crónico y traumado por la guerra. Sophie Rundle como Ada, la hermana más pequeña del clan que poco quiere saber con los negocios familiares pero sí disfrutar de sus réditos, y que mantiene un romance secreto con Freddie, y Joe Cole como John, el menor de los Shelby.

 

Uno de los puntos más cautivantes de esta historia es que pone en escena una época muchas veces olvidada por el cine y la TV, ya que casi siempre se salta de fines del siglo victoriano, con sus personajes como Sherlock Holmes, a instancias de la Segunda Guerra Mundial. Pero esta producción nos muestra la época de mayor aceleración de la llamada “revolución industrial” y que esta no fue un fenómeno que se produjo sólo en la actividad manufacturera sino en la estructuración social, la política y sus agentes, la conceptuación intelectual y la valoración humana. Tampoco falta la aparición de grandes hombres de la época, como Winston Churchill, habitué de las primeras dos temporadas, y quien estaba al tanto de los Shelby y es el jefe del inspector Campbell. Otros actores con apariciones estelares son Noah Taylor (Games of Thrones y Los Borgias) y el visceral Tom Hardy como Alfie Solomons, líder de una peligrosa banda de criminales judíos en Londres y que puede ejercer un encanto misterioso o terror y crueldad como el del villano Bane que interpretara en Batman, El Caballero de la Noche, o en El Renacido. 

El guión es sólido ya que las vertientes se van acumulando al igual que el poder, los negocios y los problemas en los que se meten los Shelby: implicancias con el IRA, los comunistas locales, la policía, las huelgas revolucionarias, las mafias de gitanos, judíos e italianos. Por allí pasa una de las claves del libro: la lucha por sobrevivir y forjar un nombre en un mundo en el cual aún todo estaba por hacerse. Además, no falta la historia de amor ni las traiciones ni las dobles vidas. ¿Quieren más? Muy bien, hay adicciones y no sólo al alcohol sino a las drogas de la época: opio, morfina y heroína.

Otro de los aciertos de la serie es su factura técnica y musicalización. La dirección creativa de Knight más la dirección de fotografía de George Steel, crean un producto televisivo pero cinematográfico. La paleta de colores en sus tonos pastel, grises y marrones logran encajar emocionalmente al espectador en aquel mundo de cielos nublados logrando que en cada capítulo se respire el hollín de la época.

Y en cuanto al soundtrack, la apertura es la pegajosa 'Red Right Hand' del australiano Nick Cave. También descollan los temas de The White Stripes, Arctic Monkeys, PJ Harvey, The Kills o el mítico Johnny Cash, entre otros. Si bien son grupos modernos haciendo rock, blues, punk y riffs rabiosos, transmiten la potencia, violencia y cruda realidad que se ve en la pantalla. Mención aparte para dos que ya no están pero vivirán por siempre. Leonard Cohen y su You Want It Darker, que se escucha en la tercera temporada; y David Bowie cuya admiración por la serie lo llevó el año pasado a pedirle a los realizadores que por favor usaran su música en alguno de los capítulos tras otorgarles permisos totales para hacerlo. 

Peaky Blinders es una grandísima propuesta que lo deja a uno con ganas de más. Tal vez seis capítulos por temporada sean muy poco aunque ya se sabe: “lo bueno si breve…”. La espera para la cuarta temporada es larga pero estamos listos. Veremos si es que han sumado más grandes escenas de acción, algo dosificado anteriormente. Pero no quedan dudas de que habrá más de esos miserables pero nostálgicamente hermosos paisajes urbano-obreros con sus calles atestadas por caballos, los primeros autos, las fábricas humeantes y los típicos canales para el transporte por agua.  Es que hay series en las que el guión no es todo -aquí es correcto y mejora a partir de la segunda temporada- sino que hay otros ingredientes que preparan un gran plato y que en el caso de los Blinders logran trasladarnos en el tiempo.

9/5/2017

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